Atlánticos guerreros
galopan por el cielo
pisando un limpio prado
de azul muy encendido,
el viento del oriente
revuelve sus cabellos
hincha también sus mantos
con gélido furor.
En lontananza Apolo
-el flechador ardiente-,
lanza dardos de fuego
y brama dolorido.
Mientras un río de sangre
baja por la montaña,
blanquísimos jinetes
ocupan el cenit.