MOVIMIENTO ANTORCHISTA


 

TLACAÉLEL

Mario García Castillo

Los antiguos mexicanos
viendo nacer de entre ellos a Tlacaélel
se vieron sobre el azul espejo del lago
nacer a ellos mismos.

Era Tlacaélel un hombre
de inteligencia iluminada
de espíritu limpio y noble.
Era el espíritu del pueblo mexicano,
era de los seres que nunca van a morir.

Por eso, los nuevos mexicanos
hoy vemos renacer de nuevo
al nuevo adalid Tlacaélel…

En pos de tu aguerrida figura
marchamos animosos al combate.
Laten con valor nuestros corazones
sin miedo a la muerte
pues quienes no puedan volver sobre sus pies
regresarán con la primavera
ataviados cual mariposas multicolores.

Esta es la nueva guerra
La nueva guerra florida.
Y tú nos conduces a ella Tlacaélel
con paso firme
con enérgico paso.

Llevando una antorcha encendida
símbolo de la verdad y la justicia.
Por eso marchamos seguros
serenos, compactos y jubilosos
ya que indudablemente
marchamos a reconquistar nuestra dignidad,
el esplendor de nuestra grandeza,
el esplendor de nuestra tierra,
el limpio orgullo de nuestra raza.

Y se levantan un mil y más pueblos
y un mil y más estandartes
se elevan ondeando por los aires
como si la tierra lanzara al cielo centellas
azules, amarillas, verdes y rojas.

Y miles de voces,
y de piernas miles retumban en el horizonte
al son de la sinfonía guerrera.
Retumba el teponaztli,
ululan los caracoles
y plañen las chirimías,
potentes cánticos guerreros hacen jirones al cielo.
Caballeros Águilas y Caballeros Tigres te siguen
te  seguimos
¡ya vamos al combate!
Tlacaélel.

En ese momento de gran júbilo
tú no eres uno solo
porque eres la voluntad de miles.

En ti se expresa la cultura del pueblo
con tus ojos vemos el futuro,
con tus manos forjamos un mundo nuevo,
con tu corazón sentimos.

Por eso tú no eres uno solo
pues estás en todo lugar en todo momento.
La pureza y grandeza de tu vida
se esparce como las estrellas en el cielo.

La luz que tomas del universo humano
llega hasta nosotros que somos tus hijos:
a nuestras debilidades infundes fortaleza,
a nuestro cansancio das energía,
a nuestros temores confianza,
a nuestra incertidumbre seguridad,
a nuestras vacilaciones das firmeza,
por eso no puedes ser uno solo.

O quizá seas uno solo
Pero ¿Cómo explicar entonces
que al inicio del combate yo te vea cerca de mí
y quien está lejos de mí
también te vea resuelto junto a él?
La razón será tal vez que tú
estás en un lugar muy alto
arengándonos dese el carro del sol
y por eso todos te podemos ver al mismo tiempo
como flechador del cielo,
señalándonos la infamia que debemos sitiar
el bastión enemigo que debemos tomar por asalto,
indicándonos el camino y el tiempo
de tal suerte que nuestros ejércitos
lleguen puntuales a la batalla,
lleguen puntuales a la victoria.

¡Que así sea Tlacaélel!
Mexicano entre los mexicanos.
Un mil o más estandartes se levantan
ondeando gloriosos en el aire.
Un mil y más pueblos jubilosos apréstanse al combate,
cánticos guerreros estremecen al cielo
y el mismo cielo irradia alegría
pues la nuestra es guerra florida.

Es la guerra del pueblo contra sus verdugos
vamos a conquistar la vida nueva
y un mundo mejor para los hombres
¡Que así sea, Tlacaélel!

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