TABASCO. Tu festivo abril tropical
adornado de colorido sensual, me recibió
aquel día de la emoción primera.
Sobre la rumorosa corriente del Grijalva
salieron a encontrarme con estruendo selvático
todos tus bellos territorios donde manda la ceiba.
El torrente de ese río humano cautivó mi alma
y en mi corazón estalló todo el encanto del trópico.
Fauna fantástica nacida del vapor lacustre
mujeres del paraíso creadas para el amor
música de agua, viento, madera y epidermis
que alimenta a la salvajemente bella alegría de vivir.
Tabasco; cruzo tu tórrida planicie
y me siento como al principio del mundo.
CAMPECHE. Te encontré una mañana de verano
y mis pobres pies no sabían a qué atenerse.
¿Dónde estaba la tierra? ¿Dónde el mar?
¿Y a dónde el cielo? ¿Dónde estaba mi alma triste?
Confusión de los escasos sentidos, ante el misterio
de tu amurallada presencia indiferente y mitológica.
A pesar de todo encontré el corazón de tu gente
y cuando casi todas las murallas se desvanecieron,
pude andar por tus estrechas calles tibias
y pude habitar en tus antiguas casas olorosas a mar.
Algunas mañanas me despertaron tus pregones
llegados del golfo y de la tierra maya,
llegaba también la nostalgia pero la tristeza se había ido
porque en las tardes frente al mar,
me enamoré del mágico encanto de tus ocasos.
Ese amor me hizo comprender el bello misterio
de tus sagradas piedras palpitantes de historia.
En tu amor, ancla milenaria, me hice fuerte
cuando escupió la noche su horrible viento sobre mi alma.
Otro día llegó otro viento,
el amigo de los hombres del mar
y me apremió a seguir el camino.
Guardé en mi recuerdo las voces
las de todos y las de mis hermanos mayas
sus dolores, sus alegrías y sus sueños
y como aquel hombre-dios que algún día
se remontara por los azules caminos,
también regalé mi caracol sagrado y juré retornar
más yo,
no a conquistar
sino a ser conquistado.
VERACRUZ. Subo por el místico talle de la sirena.
Una bella bruja regiamente vestida de blanco
delicadamente adornada con destellos de perlas
me transporta a sus exuberantes tierras,
me captura, me lleva hasta un océano de olas verdes.
Los dulces brebajes de su hechizo dan brillo nuevo a mis ojos
y veo nuevas madrugadas, deslumbrantes amaneceres
donde un torrente de luz enrojece la húmeda serranía.
Enrojece mi alma triste y alegre,
no puede ocultar su infinita pasión
su irremediable posesión del trópico.
Subyugada una parte de mi alma dice aquí me quedo
la otra dice
desde aquí seguiré mi camino.
Veracruz; ¿Qué me depara tu encantadora bruja?