MOVIMIENTO ANTORCHISTA


 

PASAJE  TROPICAL

Mario García Castillo

TABASCO.  Tu festivo abril tropical

adornado de colorido sensual, me recibió

aquel día de la emoción primera.

Sobre la rumorosa corriente del Grijalva

salieron a encontrarme con estruendo selvático

todos tus bellos territorios donde manda la ceiba.

El torrente de ese río humano cautivó mi alma

y en mi corazón estalló todo el encanto del trópico.

Fauna fantástica nacida del vapor lacustre

mujeres del paraíso creadas para el amor

música de agua, viento, madera y epidermis

que alimenta a la salvajemente bella alegría de vivir.

Tabasco;  cruzo tu tórrida planicie

y me siento como al principio del mundo.

CAMPECHE.  Te encontré una mañana de verano

y mis pobres pies no sabían a qué atenerse.

¿Dónde estaba la tierra? ¿Dónde el mar?

¿Y a dónde el cielo? ¿Dónde estaba mi alma triste?

Confusión de los escasos sentidos, ante el misterio

de tu amurallada presencia indiferente y mitológica.

A pesar de todo encontré el corazón de tu gente

y cuando casi todas las murallas se desvanecieron,

pude andar por tus estrechas calles tibias

y pude habitar en tus antiguas casas olorosas a mar.

Algunas mañanas me despertaron tus pregones

llegados del golfo y de la tierra maya,

llegaba también la nostalgia pero la tristeza se había ido

porque en las tardes frente al mar,

me enamoré del mágico encanto de tus ocasos.

Ese amor me hizo comprender el bello misterio

de tus sagradas piedras palpitantes de historia.

En tu amor, ancla milenaria, me hice fuerte

cuando escupió la noche su horrible viento sobre mi alma.

Otro día llegó otro viento,

el amigo de los hombres del mar

y me apremió a seguir el camino.

Guardé en mi recuerdo las voces

las de todos y las de mis hermanos mayas

sus dolores, sus alegrías y sus sueños

y como aquel hombre-dios que algún día

se remontara por los azules caminos,

también regalé mi caracol sagrado y juré retornar

más yo,

no a conquistar

sino a ser conquistado.

VERACRUZ.  Subo por el místico talle de la sirena.

Una bella bruja regiamente vestida de blanco

delicadamente adornada con destellos de perlas

me transporta a sus exuberantes tierras,

me captura, me lleva hasta un océano de olas verdes.

Los dulces brebajes de su hechizo dan brillo nuevo a mis ojos

y veo nuevas madrugadas, deslumbrantes amaneceres

donde un torrente de luz enrojece la  húmeda serranía.

Enrojece mi alma triste y alegre,

no puede ocultar su infinita pasión

su irremediable posesión del trópico.

Subyugada una parte de mi alma dice aquí me quedo

la otra dice

desde aquí seguiré mi camino.

Veracruz;  ¿Qué me depara tu encantadora bruja? 

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