Uno de los méritos más importantes de estos trabajos,
que vale la pena destacar en primer lugar, consiste en que Aquiles
Córdova Morán, con una sorprendente capacidad de
análisis -que han reconocido incluso algunos de sus adversarios-
y con una enorme audacia intelectual y política, ha rescatado
algunos de los aspectos vivos, vigentes, de la teoría de
la lucha social y ha desechado otros que la práctica social
ha demostrado que no son viables. No se ha arredrado porque, en
algunos casos, se trata de los valores más consagrados
de la teoría de la lucha social, como en el profético
trabajo "Leer en Nicaragua" escrito en marzo de 1990.
En estas páginas se actualiza, en artículos elaborados
con el apremio de la lucha diaria y con irrefutables argumentos,
la teoría de la lucha milenaria por la igualdad social
y el progreso.
Un segundo aspecto del trabajo propagandístico que ha
desarrollado el autor, consiste en que, reivindica, con una gran
enjundia y una convicción ejemplar, la necesidad, la enorme
vigencia del combate por un mundo mejor. A la luz de la explotación
del hombre por el hombre -que desgraciadamente, ya casi nadie
en nuestro país se ocupa de denunciar y acometer como no
sea en su variante electoral y con el fin de alzarse con un fragmento
de poder- Aquiles Córdova Morán va exhibiéndo
la miseria, la profunda tristeza humana que, todavía, sin
importar los fracasos de los intentos, sigue clamando por un remedio.
Un tercer aspecto relevante de los escritos que aquí se
publican, consiste en que son una muestra palpable del asedio
persistente y brutal al que ha sido sometido el Movimiento Antorchista
Nacional. Los antorchistas han sabido atraerse el aprecio sincero
de las masas que nada tienen, pero, al mismo tiempo, afectando
poderosos intereses, han ganado descomunales enemigos. En varios
lugares y momentos, como se verá en este libro, estos opositores,
casi siempre caciques y políticos a quienes la justicia
finge no mirar, han escogido para aniquilar, la agresión
física, literalmente, las cuchilladas, los machetazos y
las balas. Aquí se constata, por ejemplo, cómo,
ya desde hace tiempo, Aquiles Córdova Morán denunciaba,
con pelos y señales, el criminal contubernio de las autoridades
del gobierno estatal de Puebla, encabezadas por Mariano Piña
Olaya, con matones de la Sierra Norte para embestir a la organización
antorchista.
Pero además de las agresiones directas a las personas
de sus miembros, el Movimiento Antorchista, ha estado sometido
a una durísima campaña de desprestigio para estorbar
su relación con los pobres y atraerle la represión
oficial. No hay ninguna organización política en
el México de los tiempos modernos a la que se le haya intentado
tanto deformar su verdadero rostro y su fisonomía política,
sobre la que se hayan lanzado más calumnias y, al mismo
tiempo, no hay ninguna sobre la que se hayan aportado menos pruebas.
En este libro se contiene una buena parte de la respuesta al
ataque que lanzó el Partido de la Revolución Democrática
en contra del Movimiento Antorchista con motivo de su trabajo
político y de gestoría en Alcozauca, Gro. , respuesta
que culminó con la marcha del 2 de abril de 1990. Aquiles
Córdova Morán ha deshecho en muchas ocasiones los
feroces ataques infamantes y los calumniadores han tenido que
guarecerse en el silencio. Este es un cuarto aspecto destacado
de sus escritos compilados en este volumen.
Y, finalmente, el lector atento podrá darse cuenta que
si bien es cierto que en el terreno de la polémica, las
capacidades analíticas del compañero Aquiles Córdova
Morán son únicas, sus trabajos recopilados en este
libro, demuestran, y de manera magistral, que es también
un hombre de sólida formación teórica. Ello
se demuestra en todas sus obras. Pero sirvan de ejemplo, el análisis
hondo de la sociedad en "Drogas y Capitalismo" y el
científico y profundamente humanista, "Diez de Mayo,
manipulación y verdad", que son verdaderas aportaciones.
Después de treinta y tres años - toda una vida-
de estar entregado en cuerpo y alma a servir, con éxito,
a las masas marginadas y explotadas de México, es ya hora
de que se difundan los méritos personales de Aquiles Córdova
Morán.
No los va a difundir y dar a conocer la prensa oficial. No, esos
méritos no los aprecia, ni celebra. Sólo raras veces,
cuando las personalidades ya están muertas y su recuerdo
es inofensivo.
Mientras que los poderosos endiosan a sus voceros a fuerza de
costosas campañas publicitarias y premiaciones cada vez
que les conviene, han querido tapar la boca a los oprimidos, acusándolos
de practicar el culto a la personalidad, ridiculizando su espíritu
crítico, cada vez que se proponen reconocer los méritos
de un hombre que ha jugado un papel definitivo en el mejoramiento
de las condiciones de su vida y en la elevación de su dignidad.
No le tememos a ese sambenito.
Es invaluable la aportación de Aquiles Córdova
Morán abriendo nuevos campos de acción para la lucha
social, impidiendo la desbandada en tiempos en que muchos se desbandan
y dando ruta cuando muchos están extraviados o han encallado
en el pragmatismo. Ningún dirigente de los partidos políticos
ni de las organizaciones campesinas que existen actualmente en
nuestro país, se ha dedicado, con tanta valentía
y congruencia, a analizar, fundamentar y defender en la prensa
las acciones de su organización, como lo ha hecho Aquiles
Córdova Morán.
Es el fundador, inspirador y dirigente de una batalladora organización
política que es de las muy pocas, si no es que la única,
que, en una escala nacional, trabaja todos los días en
las entrañas del pueblo, codo con codo, defendiéndolo,
educándolo y enseñándole las enormes ventajas
de la organización y la lucha solidaria que le han merecido
un gran prestigio y respeto entre las capas más pobres
de los mexicanos: nuestro Movimiento Antorchista Nacional. Bajo
su dirección, un puñado de jóvenes nobles,
ha realizado, en pocos años, buena parte de los sueños
de muchos revolucionarios mexicanos.
Aquiles Córdova Morán es un hombre congruente,
congruente entre lo que dice y lo que hace, que es una cualidad
muy rara en el mundo moderno. Es un revolucionario de toda la
vida, un hombre bueno. Son muchos, cientos ya, los pueblos y las
colonias que han cambiado su vida gracias a los abnegados y ejemplares
activistas que ha formado, transformado y que dirige Aquiles Córdova
Morán. Mucho le debemos, mucho ha trabajado y aportado
de manera decisiva en nuestra educación y en nuestra vida,
para ahorrarnos palabras y dejar pasar esta magnífica oportunidad
de reconocerlo públicamente y darle las gracias. Así
lo hago ahora a nombre mío y de todos mis compañeros.
OMAR CARREON ABUD
COMISIÓN NACIONAL DE PUBLICACIONES
Julio de 1993