MOVIMIENTO ANTORCHISTA


AGOTADORA MARCHA
HACIA MEXICALI, B.C.
Aquiles Córdova Morán
Secretario General del Movimiento Antorchista
01 de Julio de 2004

Más de cuatro meses lleva ya el movimiento que un grupo de colonos pobres y estudiantes de escasos recursos iniciaron en la ciudad de Tijuana, Baja California, ante la sordera del gobierno panista de aquella entidad para resolver algunas de sus necesidades más apremiantes.

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Como lo he venido informando puntualmente en este mismo espacio, lo que piden los solicitantes no es algo que pueda calificarse de superfluo o abusivo; no son demandas que rebasen los estrictos límites de una elemental justicia social ni los recursos de que dispone el erario estatal para responder a las carencias de sus gobernados. En síntesis, se trata del reconocimiento oficial de una escuela secundaria que viene funcionando desde hace tres años con personal de buena voluntad, que no ha recibido, hasta el día de hoy, ni un solo centavo por concepto de sus legítimos emolumentos; la reubicación, en condiciones dignas, de varias colonias de precaristas que fueron desalojadas de sus lotes originales por considerarlos sitios de alto riesgo y la introducción de servicios elementales a otros asentamientos que carecen de ellos. Cualquiera diría, ante la modestia de estas peticiones, que no debería haber obstáculo alguno, ni mucho menos reticencia oficial de ningún tipo, para darles una respuesta positiva pronta y expedita. Pero no ha sido así. Lejos de ello, el gobierno del Estado, que encabeza el Licenciado Eugenio Elorduy Walther, de extracción panista, ha preferido gastarse los dineros públicos en imaginar y poner en práctica todo tipo de trampas, pretextos y medidas abiertamente represivas, para intentar amedrentar y disolver la protesta ciudadana.

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Han ensayado de todo. Desalojos violentos, sin renunciar a los atropellos físicos y verbales de los manifestantes que se hallan en plantón permanente frente al edificio del gobierno en Tijuana; destrucción y secuestro de sus escasos enseres; encarcelamiento y apertura de nuevas averiguaciones previas en contra de los dirigentes, acusándolos de delitos totalmente prefabricados; intentos de construir, por la fuerza y en contra de la clara voluntad de los colonos, una “telesecundaria” que sólo busca desanimar a quienes piden educación de calidad para sus hijos; violación descarada del derecho a la manifestación pública con impresionantes y amenazadores operativos policíacos, que tratan de desalentar por el miedo a los plantonistas. Todo esto alternado con pérfidas promesas de diálogo que, infaliblemente, han terminado en burla y en una cerrazón mayor de los funcionarios al diálogo serio, responsable y constructivo.

Ante esta situación, tan arrogante como carente de la más mínima sensibilidad social por parte del gobierno del estado de Baja California (norte), los jóvenes estudiantes, colonos y padres de familia, han iniciado una marcha a pie, atravesando parte del tórrido desierto bajacaliforniano, para llevar su protesta a las puertas mismas del palacio donde despacha el Licenciado Elorduy Walther, cómodamente instalado en elegantes oficinas con clima artificial y rodeado de un séquito de servidores obsecuentes, pagados con el sudor de esos mismos pobres a quienes niega la más mínima atención.

Tres días lleva ya esta marcha en el momento de escribir estas líneas. Los humildes e indefensos solicitantes están soportando, como es fácil imaginar, los terribles sufrimientos propios del inhóspito clima en el que se mueven, además de los derivados de sus obvias carencias económicas. Deshidratación, insolación, enfermedades estomacales por la falta de agua potable y alimentos frescos, hambre descarnada cuando se les agotan los víveres, gran fatiga e insomnio como resultado de todos estos factores juntos, además del peligro de ser arrollados, en cualquier momento, por el intenso tráfico de la zona.

Con una saña evidente, que demuestra hasta donde son capaces de dejarse llevar por su fundamentalismo autoritario y su odio reaccionario hacia las clases populares, los gobernantes surgidos de las filas de un conservadurismo cerril y recalcitrante (que, por fortuna, no afecta por igual a todo el panismo nacional) han contestado a este heroico y sacrificado esfuerzo de los marchistas con una indiferencia total, ignorándola por completo y, según esporádicos comentarios que se cuelan a los medios, hasta alegrándose por el sufrimiento que, con su actitud soberbia y prepotente, están causando a quienes se atrevieron a exigir sus derechos elementales.

Seguramente están pensando en que esto, y todo lo que han hecho a los marchistas con anterioridad, no sólo los llevará a derrotarlos, a desbaratarlos por cansancio y deserción, sino que será un eficaz escarmiento para cualquier otro grupo que esté pensando en renunciar a su pasividad de siglos, para pasar a la acción en defensa de sus intereses. No será así. Los marchistas tienen “cuerda” y valor para rato; y su derrota es imposible porque cuentan con todo el apoyo del antorchismo nacional, el cual, como lo verán sus verdugos, se manifestará de modo efectivo y tangible en todas las formas que sean necesarias.

Pero, además, la historia prueba que, en la lucha entre la “autoridad” y el pueblo, entre un gobierno dictatorial y las masas inconformes, la victoria, tarde o temprano, pertenece a éstas últimas. La sociedad civil puede ser vencida momentáneamente, en tal o cual episodio de la lucha, en tal o cual batalla, pero nunca en la guerra vista en su totalidad. Sus derrotas parciales producen en ella, en todo caso, un valor, una decisión y una rabia acumulativas, que progresivamente las van llevando a convertirse en una fuerza monolítica e imparable. La derecha mexicana ya debería saberlo por experiencia.


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