MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Lo que comprobó la represión en Hidalgo

Aquiles Córdova Morán
Secretario General del Movimiento Antorchista Nacional
México, D. F., a 01 de junio de 2007

El sábado 12 de mayo, un numeroso grupo de indígenas hidalguenses, encabezados por los dirigentes antorchistas Evelia Bautista y Daniel Mejía, acudieron a una reunión en la comunidad de Temango, Municipio de Tlanchinol, convocada por el Secretario General de Gobierno de la entidad. La reunión, así lo especificó el funcionario aludido, sería presidida por un representante de su dependencia y estaría presente el Presidente Municipal de Tlanchinol, expresamente para responder por la falta de agua potable, asunto que se viene posponiendo desde hace casi 20 años. Pero, como ya lo denuncié en un artículo anterior, todo fue una trampa, una maniobra perversa del Secretario de Gobernación, quien planeó la emboscada para inculpar y encarcelar a los líderes antorchistas.

....El día de la cita no llegó ningún funcionario estatal, sólo el Presidente Municipal acompañado de toda su policía y de un grupito de provocadores con quienes se encerró en el edificio de la delegación de Temango. Cuando los antorchistas se presentaron en el lugar de la cita, se les impidió el paso armas en mano, por lo que decidieron replegarse a una galera pública distante más de cien metros del lugar de la encerrona del edil. Dos horas después salió el grupo de provocadores y, protegidos por la policía, arremetió a golpes contra los desprevenidos antorchistas, llevándose a dos de ellos detenidos. Los agredidos, un tanto ingenuamente, decidieron no disolverse hasta conocer la suerte de sus compañeros, que era justamente lo que buscaban Gobernación y el Presidente Municipal: a las seis de la tarde entró la policía estatal, golpeó a quien se le puso enfrente y se llevó detenidas a siete personas, cinco indígenas y los dos dirigentes ya mencionados. Por razones de jurisdicción, debieron trasladarlos a Molango, pero se los llevaron directamente a Pachuca; por haber sido detenidos en flagrancia debieron presentarlos de inmediato ante el Ministerio Público, pero lo hicieron 25 horas después, lapso en que los mantuvieron incomunicados, sin agua ni alimentos y continuamente maltratados y amenazados; el juez, pasando incluso sobre un video en el que claramente se ve quiénes fueron los agredidos y quiénes los agresores, les dictó el auto de formal prisión y, por ser sus “delitos” de los que alcanzan fianza, se las fijó en 70 mil pesos a cada uno, es decir, medio millón en números redondos a jornaleros que no perciben ni el salario mínimo.

....El hecho está lejos de ser novedoso o excepcional; es una burda calca de lo que ocurre todos los días y a todas horas con la gente indefensa. No obstante esto, el brutal atropello demuestra, por enésima vez, ciertas verdades que los mexicanos no deberíamos olvidar nunca. Algunas de estas verdades se pueden sintetizar así:

....1.- La ley, por muy precisa y transparente que sea, siempre será susceptible de manipulación por parte de los encargados de aplicarla. Por eso, donde quiera que se dé, el exceso de leyes, la sobre reglamentación de la vida social, el querer remediarlo todo con nuevas disposiciones legales y el castigo correspondiente para quien las infrinja, como han puesto de moda los partidos recientemente llegados al poder en México, es un grandísimo peligro para la verdadera libertad, pues pone en manos de los represores un surtido menú de opciones para prefabricar delitos a su gusto y a la medida de los intereses que representan. En un Estado con un aparato judicial tan corrupto y defectuoso como el nuestro, lo mejor es reducir al mínimo las leyes punitivas y la tipificación de delitos, en provecho de una movilidad más libre de personas y organizaciones.

....2.- La actuación totalmente parcial e irregular del juez, reflejada en la desproporcionada fianza impuesta a los detenidos, vuelve a demostrar, como en Querétaro, como en todo México, que la tan llevada y traída división de poderes, supuesta base de toda democracia, es ficción pura; que en los hechos, cuando más se la necesita, lo que realmente se encuentra es el contubernio, la unidad de intereses y de propósitos de quienes detentan el poder, sea éste Ejecutivo, Legislativo o Judicial. La actuación del juez de Pachuca dice a las claras que él está al servicio del Secretario de Gobernación y no de la justicia y el derecho; y que, con tal de cumplir con quienes le pagan, lo demás lo tiene sin cuidado.

....3.- La diligente difusión que la prensa de Hidalgo (con las honrosas excepciones de siempre) dio y sigue dando a los infundios del presidente de Tlanchinol y del gobierno del estado, al mismo tiempo que silencia o distorsiona lo que dicen los detenidos, sus líderes y sus defensores, demuestra a su turno que la libertad de prensa es otra ficción. Su talón de Aquiles radica en que casi todos los medios son un negocio para sus propietarios; por eso, aunque el reportero, el columnista o el articulista conozcan la verdad, tienen que plegarse a la línea editorial de su medio que, a su vez, sirve a los intereses económicos de su patrón y no a la verdad como se dice. El que paga manda y, por eso, la “verdad” está en los boletines oficiales aunque los hechos digan otra cosa

....4.- Finalmente, la represión en Hidalgo viene a demostrar que para cualquier gobernante, sea del partido que sea, la democracia bien entendida es la que reduce los derechos del pueblo al sólo “derecho” de votar. Cumplido o ejercido éste, debe abstenerse rigurosamente de intervenir en política, de opinar en los asuntos nacionales aunque le afecten directamente, debe renunciar a toda manifestación de protesta o de inconformidad si no quiere ser acusado de “enemigo de las instituciones”, de peligroso “desestabilizador social” y, en consecuencia, ir a dar con sus huesos a la cárcel, como los indígenas de Tlanchinol. Y una vez ahí, para salir, para recobrar su libertad “por Dios que nos ha de sudar el hopo”, como advertía Sancho Panza a Don Quijote previniéndolo contra la severidad de la Santa Hermandad. Y si no, dígalo la fianza que un señor juez de Pachuca les fijó a cinco indígenas que apenas ganan lo suficiente para no morirse de hambre. Unamuno: ¿Hacia dónde vamos?


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