Hace poco llegó a mis manos una cita
sacada de un libro de cuyo autor no quiero acordarme, que dice
lo siguiente: “También me tocó enfrentar
actos de verdadera provocación. Sobre todo de grupos
de derecha y de organizaciones corporativas. Por ejemplo, durante
más de un mes, integrantes de Antorcha Campesina, afiliada
al PRI, se mantuvieron acampados frente al edificio de gobierno.
Pedían para sus agremiados un determinado número
de viviendas pero, desde el principio, habíamos tomado
la decisión de no responder a peticiones corporativas
ni en el caso de Antorcha Campesina ni de organizaciones sociales
vinculadas con el PRD o cualquier otro partido. Hay la mala
experiencia de que se otorguen determinados apoyos que acaban
siendo manipulados por los dirigentes de las organizaciones.
Por eso, dijimos que no a la intermediación y optamos
por apoyar de manera directa a la gente. La protesta de Antorcha
Campesina era muy peculiar: tenían un aparato de sonido
a todo volumen, día y noche, dirigido a mi oficina. Ni
modo, aguantamos. Se actuó con tolerancia y terminaron
por aceptar el nuevo procedimiento”. No es el ataque en
sí lo que provoca mi comentario. Estamos habituados a
todo tipo de calumnias y acusaciones infundadas, algunas de
tal virulencia y maldad, que pareciera que hubiésemos
inferido a sus autores una ofensa mortal, a pesar de que se
trata, siempre, de gente desconocida con la cual jamás
hemos cruzado un sí ni un no, como suele decirse. Somos
la organización más calumniada y tergiversada
de toda la historia reciente del país, curioso hecho
cuya explicación quizá me atreva a tratar algún
día. Por eso repito que no es el ataque lo que motiva
mi comentario.
....Son dos cosas las que dan cierta
relevancia a la nota. La primera es su abierta confesión
de ilegalidad y la cantidad de inexactitudes y falsedades contenidas
en unas pocas líneas. Dice el autor que “desde
el principio” (es decir, antes de contar con algún
elemento válido para fundamentarla) tomó la decisión
de no responder a “peticiones corporativas”, cualquiera
que fuera su signo político. Esto es una confesión
paladina de que, sin causa fundada, se pasó por encima
de la ley al conculcar las garantías constitucionales
de asociación, organización y petición
de la ciudadanía. Y tan abierto desacato a la ley se
intenta justificar de dos modos: tildando a las organizaciones
de “corporativas” y acusando a sus líderes,
“tabula rasa”, de manipular en su beneficio los
logros de sus agremiados. Pero lo “corporativo”
no está definido en ninguna ley o reglamento conocidos;
y menos está tipificado como delito y como causal (en
caso de ser cierto) de pérdida del derecho ciudadano
a organizarse y a demandar colectivamente atención a
sus problemas. Se trata, pues, de una absoluta arbitrariedad
que deja a juicio del gobernante quién es corporativo
y quién no y, por tanto, quién merece atención
y quién deber ser ignorado, sin importar la legitimidad
de la solicitud. También es totalmente arbitrario dar
por cierta una imputación (en este caso la manipulación
de los beneficios por parte de los líderes) mediante
la inferencia y la simple extrapolación: puesto que hay
muchos casos comprobados de corrupción de los líderes,
queda demostrado automáticamente que los líderes
antorchistas son corruptos y manipuladores. Nosotros rechazamos
enérgicamente esa lógica y exigimos que, si fuera
el caso, se demuestre en concreto dónde, cuándo,
a quiénes y en qué tipo de servicio hemos defraudado.
....Se afirma que la medida se
aplicó por parejo, sin distinciones partidistas, y eso
es simplemente falso. Tenemos datos precisos (delegación,
colonia, nombre del predio, tipo de obra que se entregó),
con fotografías y hasta recortes de prensa donde se publicitó
el asunto, que comprueban el trato preferencial a grupos del
PRD. Incluso se les permitió invadir predios y se les
construyeron unidades habitacionales en zonas vedadas por el
famoso bando N° 2, mientras a los antorchistas se les negó
hasta el derecho a protestar. Finalmente, tampoco es cierto
que “optamos por apoyar de manera directa a la gente”
y que “se actuó con tolerancia y terminaron (los
antorchistas) por aceptar el nuevo procedimiento”. Pareciera
que, a pesar de todo, sí se atendió la demanda
de vivienda. Pero, hasta el día de hoy, quienes pedían
vivienda al autor del libro siguen pidiendo lo mismo a sus sucesores.
La gente que vivía hacinada en bodegas que fueron de
CONASUPO, en locales improvisados con tablas y cobijas, sucios,
estrechos y malolientes, ahí siguen, en iguales o peores
condiciones, gracias a que, “desde el principio”,
se decidió ignorar su solicitud por haberse atrevido
a presentarla organizadamente. Quien quiera comprobarlo, nos
comprometemos a llevarlo al lugar de los hechos.
....La segunda causa que le da
valor a la cita es que, por primera vez y de mano maestra, queda
asentada para la posteridad la concepción que los gobernantes
de hoy, aquí sí sin distinción de partidos,
tienen de las organizaciones populares, de sus líderes
y de sus demandas. Ahora se entiende por qué Lázaro
Cárdenas Batel tiene a la intemperie, desde hace seis
meses, a humildes michoacanos sin que sus reclamos le causen
ni frío ni calor; por qué Zeferino Torreblanca,
gobernador de Guerrero, niega toda discusión con los
pobres de La Montaña y responde con una compaña
mediática que acusa a sus líderes de corruptos
sin ninguna prueba, y, finalmente, por qué el presidente
panista de Toluca niega el cambio de uso del suelo a humildes
colonos que sólo buscan dónde construir sus modestas
viviendas. Es que todos ellos decidieron “desde el principio”
que no negociarán con “organizaciones corporativas”,
que no responderán a “demandas corporativas”
y que el presupuesto público será sólo
para sus incondicionales. Ésa es la ley y, como suele
decir ese antiguo y sabio legislador llamado vulgo: “bajo
advertencia no hay engaño”.
* Colaboraciones
anteriores