En muchos puntos de la zona montañosa
de Hidalgo, la marginación y la pobreza, sobre todo en
las comunidades indígenas, es comparable a la de los
países más pobres de África y del sureste
asiático, donde las gentes, sobre todo los niños,
mueren como moscas por las hambrunas crónicas y las devastadoras
epidemias que les siguen como su consecuencia natural. Varias
comunidades en esa situación se encuentran en el municipio
de Tlanchinol, en la sierra hidalguense. Pues bien, desde que
existen, estos pueblos han sufrido la falta de agua para consumo
humano, carencia que se agudiza en los periodos de estiaje,
que suelen ser intensos y prolongados en la región. Pensando
en que los tiempos actuales son mejores, los indígenas
de Tlanchinol propusieron al gobierno del estado, hace casi
20 años, dotarse de agua aprovechando un manantial cuyo
caudal es suficiente para abastecer a todos los pueblos que
la demandan, sólo que situado a más de 20 kilómetros
de la cabecera municipal. Durante todo este tiempo, los gobiernos
no hicieron otra cosa que maniobrar para desalentar a los peticionarios.
En el juego participaron sin falta todos los Presidentes Municipales
de Tlanchinol, por lo que las relaciones con sus gobernados
fueron siempre ríspidas, difíciles y a veces de
franco enfrentamiento.
....Hace dos años los solicitantes,
desengañados de las promesas oficiales, decidieron pedir
apoyo del Movimiento Antorchista. El Comité Estatal en
Hidalgo, encabezado por la profesora Guadalupe Orona Urías,
aceptó tomar en sus manos el problema y, en poco más
de un año, logró que se iniciara y concluyera
la línea de conducción central. Pero al gobierno
del estado no le gustó ni tantito la intervención
de Antorcha. En primer lugar, porque la firmeza de principios
y la independencia radical de esta organización, le han
parecido siempre un peligro para sus planes de control absoluto
del estado, razón por la cual le han aplicado siempre
una política de freno y contención. En segundo
lugar, porque un triunfo como el de Tlanchinol lesionaría
el “principio de autoridad”, lo que decidiría
a otros grupos cuyos problemas duermen también el sueño
de los justos. Por eso, aunque lo que falta es nada, el agua
no llega a quienes la necesitan, con la natural inconformidad
de los afectados.
....Ante la queja fundada de Antorcha,
el Secretario de Gobierno se comprometió a enviar una
comisión para verificar las razones que se alegan para
no echar a funcionar el sistema. El día fijado, la comisión
llegó, de manera calculada, 5 o 6 horas tarde para no
encontrarse con los antorchistas, como realmente sucedió.
Se reunió sólo con “amigos”, como
era su propósito, y nadie supo lo que ahí se convino.
Nueva protesta y el Secretario de Gobierno ofreció, para
el sábado 12 a las diez de la mañana, una reunión
con todas las partes interesadas, en la comunidad de Temango,
para tomar, ahora sí, acuerdos sobre el problema del
agua y sobre otros pendientes. Se aceptó. Pero, llegado
el día, se presentó el Presidente Municipal una
hora antes de lo convenido, también calculadamente, y
acompañado de toda su policía y de un grupo en
clara actitud provocadora. Se encerró en las oficinas
de la autoridad local con sus incondicionales, lo que contravenía
parte esencial del acuerdo, y cuando los antorchistas, a la
hora convenida, intentaron entrar, la policía se los
impidió armas en mano.
....Acordaron entonces esperar
en una galera pública, distante más de cien metros
de donde se hallaba el Presidente; pero súbitamente fueron
atacados por la policía y los provocadores quienes, tras
golpearlos salvajemente, se llevaron a dos de sus compañeros.
El grupo acordó no moverse hasta lograr la libertad de
los detenidos o una explicación del Presidente. Para
evitar cualquier provocación, decidieron actuar de manera
absolutamente pacífica, pero a eso de las 6 de la tarde
entraron los granaderos. El ataque fue inmediato, hubo gente
lastimada y fueron detenidos siete antorchistas, entre ellos
la líder regional Evelia Bautista y su ayudante principal,
el compañero Nicolás Mejía Martínez.
En este momento el terror y la incertidumbre reinan en Temango;
los presos fueron ya consignados ante un juez acusados por el
Presidente Municipal de motín, rebelión y privación
ilegal de la libertad. Les han fijado una fianza de 350 mil
pesos a cada uno, cantidad que ninguno de ellos ha visto junta
en todos los días de su vida.
....Lo de Temango fue una trampa
evidente, una emboscada minuciosamente preparada desde las oficinas
del Secretario de Gobierno para detener y encarcelar a los líderes
antorchistas de la zona. Así lo prueba el boletín
de prensa oficial en el cual, además de que se anticipa
lo que, sólo varias horas más tarde, haría
y declararía el Presidente Municipal, se convalidan las
acusaciones de éste y se justifica la intervención
de los granaderos y la detención de los siete líderes.
No hay, pues, lugar para el optimismo: estamos ante un acto
represivo fríamente calculado; el gobierno de Hidalgo
está decidido a pagar el costo de prostituir la ley y
tener en la cárcel a presos políticos, a prisioneros
de conciencia, para dar una lección al antorchismo y
frenar de una vez por todas su desarrollo. La guerra no es contra
Temango sino contra Antorcha, contra el propio Comité
Estatal si persiste en reclamar soluciones para los desamparados.
Es una derogación de facto de las garantías constitucionales
de asociación, organización, petición y
manifestación pública, cosa relativamente rara
en un gobierno emanado del PRI, abanderado por antonomasia de
la justicia social. ¿Será entonces la señal,
que no la orden, que reciben del gobierno de la República?
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