MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Precisiones sobre el asesinato
de un antorchista


Aquiles Córdova Morán
Secretario General del Movimiento Antorchista Nacional
México, Distrito Federal, a 22 de noviembre de 2007


El sábado diez de noviembre, vísperas de la elección de Ayuntamientos y del Congreso del Estado de Puebla, fue arteramente asesinado, en su propio domicilio, el campesino Antonio Amador Jerónimo, a eso de las 9 de la noche del día citado. No hay ninguna duda de que el autor material fue Cesar Humberto Olarte Fajardo, secretario general del Ayuntamiento en funciones y candidato del PRI a la presidencia municipal de Jalpan, un municipio de la sierra nororiental poblana, cuyo presidente es Humberto Olarte Romero, padre del asesino. Y no puede haber duda porque éste actuó no sólo con toda premeditación, sino, además, con la ostentación, arrogancia y soberbia que le da (que le daba) el ser  alto funcionario y “junior” del edil actual. En efecto, Olarte Fajardo y sus acompañantes (cinco en total) tuvieron la osadía de ir a buscar a la víctima en su propio domicilio y de asesinarlo a sangre fría ante toda la familia que se hallaba reunida. Ella relata que el agresor llegó solicitando hablar con Antonio Amador, y que, cuando lo tuvo delante, con fingida sonrisa y amabilidad lo abrazó, le dijo algunas palabras amigables y, a renglón seguido, le disparó seis tiros a quemarropa. La víctima murió instantáneamente.

Precisar estos hechos es indispensable porque, al día siguiente del asesinato, se desató una campaña mediática que todavía no para, cuyo fin es liberar de toda responsabilidad al inculpado. Abrió fuego la Procuradora de Justicia del Estado de Puebla, quien, como si dispusiera de una bola de cristal, aseguró que era falso que el culpable fuera Olarte Fajardo y que éste “no se encontraba detenido” (pero sí lo estaba). El plan era sentarlo en la presidencia, a como diera lugar, en caso de que ganara la elección; pero la maniobra abortó porque la gente le dio la espalda en las urnas. Después se ha dicho de todo: que el crimen no es político sino una rencilla personal; que no fue Olarte Fajardo quien disparó sino uno de sus acompañantes, un ingeniero de nombre Jesús Morales Sánchez, que, por cierto, fungía como director de proyectos productivos del mismo Ayuntamiento; que fue un zafarrancho entre gentes de Olarte Fajardo y miembros de Antorcha Campesina; etc., etc. El mismo padre de Olarte Fajardo ha tenido el descaro de salir a declarar que, si su hijo no hubiera disparado, él sería el muerto a estas horas, dando a entender que actuó en legítima defensa. Todo eso es absolutamente falso.

El asunto tiene historia. Olarte Romero llegó al cargo gracias al apoyo decidido de los antorchistas, ya que él representaba la oposición popular contra el cacicazgo de la familia Paredes, detentadora por muchos años del poder económico y político de Jalpan. Pero, como ocurre frecuentemente, a Olarte Romero le gustó el poder y quiso perpetuarse en él; Antorcha Campesina se opuso, por ir ello contra sus principios, y vino el rompimiento. Olarte Romero se reeligió y, desde el poder, inició una dura campaña de insultos y calumnias en contra de sus antiguos aliados, acusándolos de querer desviar recursos del erario municipal en su provecho. Junto con esto, desató una ola de amenazas de todo tipo, incluido el asesinato de los dirigentes, respaldado en una gavilla armada que comandaba, precisamente, su hijo César Olarte Fajardo. Todo esto, las injurias y calumnias, las graves amenazas y la negativa a atender necesidades básicas de los antorchistas, fueron oportunamente denunciadas por el líder regional, y aun el estatal, de Antorcha Campesina, y puede documentarse fácilmente. Pues bien, cuando llegó la hora de elegir candidato del PRI para presidente de Jalpan, Antorcha se opuso a que lo fuera el agresivo hijo del actual alcalde, pero fue evidente que detrás de ambos (padre e hijo) había fuerzas poderosas. Lo más que se logró fue la consulta interna, en la cual resultó derrotado el precandidato de Antorcha, hermano, precisamente, del hoy occiso Antonio Amador Jerónimo. Sin embargo, todos sabían que, sin el voto de los antorchistas, Olarte Fajardo perdería la elección constitucional. Pero los agravios, amenazas y atropellos habían sido demasiado graves, y la gente de Antorcha le rehusó el apoyo. Es altamente probable, pues, que la muerte de Amador Jerónimo sea una reacción visceral del soberbio Olarte Fajardo, ante su derrota inminente. Si es verdad que el difunto hacía fuerte activismo a favor del PAN, no lo sabemos; Antorcha, como organización, nunca ha cerrado pactos traicioneros contra su partido. Así  que, en todo caso, se trataría de una decisión estrictamente personal, lo cual, desde luego, tampoco le daba derecho a Olarte Fajardo para asesinarlo.

Hace una semana denuncié, en este mismo espacio la liberación ilegal de Bartolomé Melchi Santiago, asesino de nuestro compañero Máximo de la Cruz Rivera. Dije y sostengo que no hay ninguna duda de que Melchi Santiago tuvo metidas las manos hasta los codos en la muerte de don Maxi. Por tanto, cualquier nuevo asesinato en Huitzilan de Serdán será responsabilidad, en primer lugar, de las autoridades que lo dejaron en libertad, y, en segundo lugar, de los “defensores de los Derechos Humanos” que chantajearon al gobierno poblano para lograr su liberación. Añado, además,  que gobierno del estado y poder judicial de Puebla tienen un deber pendiente con la justicia, puesto que si ellos afirman que Melchi Santiago no es el asesino de Máximo de la Cruz, deben responder a la  elemental pregunta: ¿quién fue entonces? Hoy denuncio un nuevo asesinato y afirmo que el culpable es Cesar Humberto Olarte Fajardo. Y los antorchistas tenemos toda la autoridad moral para hacer estas afirmaciones, porque en cuanta acusación, calumnia e intriga nos hemos visto envueltos en el pasado, siempre hemos resultado inocentes, siempre ha quedado claro que éramos, y somos, los únicos que no mentimos por interés ni distorsionamos la realidad de los hechos. Por eso, hoy, la gente, los lectores honestos, deben tener confianza en que lo que decimos de Cesar Olarte es lo más cercano a la verdad; y que nuestra protesta y la responsabilidad que achacamos a quienes violan la ley en nuestro perjuicio, están plenamente justificadas.


           


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