En estos días, sobre todo en la televisión,
llueve la propaganda pedestre e irritantemente mentirosa, para
convencer a la opinión pública de que la “reforma
hacendaria” recién aprobada por el H. Congreso
de la Unión, está dirigida fundamentalmente a
lograr que quienes ganan más paguen más impuestos
al gobierno y, de esa manera, conseguir una distribución
más equitativa de la renta nacional y una mejoría
sustancial en los niveles de vida de los más pobres,
que forman la gran mayoría del país. Sin embargo,
como lo están sintiendo y comprobando ya, todos los días,
las amas de casa de los hogares sostenidos por trabajadores
y empleados con ingresos fijos, la realidad es diametralmente
opuesta a lo que afirma esta campaña desinformadora y
demagógica.
....Desde mi muy modesto punto
de vista, sólo la propuesta original presentada por el
Presidente de la República al Congreso puede considerarse
seriamente orientada a lograr una mayor equidad social. Y ello
porque, al postular una contribución empresarial a tasa
única (CETU) que llegaría al 19% en su última
etapa y, además, al proponer que dicha tasa se calculara
sin descontar de los ingresos empresariales ni el valor de la
nómina ni los supuestos “donativos filantrópicos”
hechos a las instituciones de caridad pública, se constituía
en un medio eficaz para forzar a los evasores de impuestos a
calcular correctamente, es decir, sin trampas ni maniobras contables,
el valor del impuesto sobre la renta correspondiente, para evitar
el alto monto de la CETU. No por nada fue precisamente esta
medida la que levantó las mayores y más unánimes
protestas de los directamente afectados, seguidos entusiastamente
por sus escuderos ideológicos incrustados en los medios
y por los políticos representantes de sus intereses en
las esferas del poder público.
....Repito: la eficacia de la CETU
como arma en contra de la evasión fiscal y como medida
de presión para obligar a pagar más a quienes
ganan más, residía, precisamente, en lo elevado
de su tarifa, puesto que sólo así y sólo
por eso, haría que los burladores del fisco a través
del ISR se decidieran a rectificar el cálculo de éste
último y a pagar lo que en justicia les corresponde.
Por tanto, de ello se deduce que la rebaja de la mencionada
tarifa, acordada finalmente por los legisladores con el nombre
de IETU (Impuesto Empresarial a Tasa Única), mella por
entero el filo de esa “reforma” y la convierte en
algo totalmente inocuo, ya que a los evasores les dará
lo mismo pagar el IETU que seguir haciendo trampa con el ISR.
Pero, además, la reforma aprobada, haciéndose
eco de las lamentaciones de los empresarios, consiente que éstos
descuenten el valor de la nómina y de los “donativos
altruistas” que hayan podido hacer en el ejercicio fiscal
correspondiente, antes de calcular el IETU, con lo cual éste
se reduce aun más y se vuelve más inútil
para los propósitos que le dieron origen.
....Junto con todo esto, la reforma
contempla otras dos medidas para incrementar los ingresos del
gobierno, que no deben pasar desapercibidas por el público
contribuyente. La primera es un impuesto del 6% sobre depósitos
en efectivo en los bancos, cuando estos sean de 20 mil pesos
o más. Es decir, se autoriza a la Secretaría de
Hacienda para lanzarse sobre los ingresos de familias de clase
media, pequeños ahorradores cuyos ingresos provienen,
no pocas veces, de las remesas que les envían sus familiares
en Estados Unidos, ganadas por ellos con grandes sacrificios.
Con esto, se acelera la tendencia al pauperismo y a la desaparición
consiguiente de dichas clases, lo cual traerá, irremisiblemente,
mayor polarización de la sociedad en ricos y pobres.
La segunda medida es el impuesto del 5.5% a los combustibles,
que es la señal para el inicio de una carrera alcista
en los precios de todas las mercancías, particularmente
de las que consumen las familias pobres que son, por lo mismo,
las de mayor demanda. Y es necesario remarcar que este ataque
directo al bolsillo de los que menos tienen, no cambia ni se
mitiga porque la entrada en vigor de la medida se aplace para
enero del 2008; ni menos porque se nos aclare que lo recaudado
por este concepto se irá íntegro a las arcas de
los estados de la República. Argüir eso para sostener
que el impuesto no es inflacionario y que no afectará
a los pobres, es acumular el escarnio y el menosprecio a la
inteligencia social, sobre la injusticia económica que
se comete con ellos. En una palabra, es atizar, por exceso de
cinismo, la justa cólera popular por la deshonesta actuación
de quienes, teóricamente al menos, deberían defender
sus intereses.
....Y sí. Tal como era de
esperarse, entre cuando entre en vigor el nuevo impuesto, lo
cierto es que los especuladores y aprovechados de siempre ya
reetiquetaron sus mercancías con gravísimo deterioro
de la capacidad adquisitiva de los salarios. La tortilla se
vende ya a doce pesos el kilo, el bolillo subió dos pesos
por pieza, el huevo, la leche, el azúcar, y ya no se
diga el pescado y la carne, sufrieron ya incrementos ofensivos,
irritantes, intolerables, mientras los autores de la “reforma”
se divierten orquestando campañitas desinformadoras para
retrasados mentales. Se prueba una vez más, pues, la
irrebatible vigencia de aquella vieja sentencia (que a muchos
provoca burla y a otros rabia por considerarla subversiva y
atentatoria contra la paz y la “concordia” sociales)
que dice que “la liberación del pueblo sólo
puede ser obra del pueblo mismo”. Para lo cual sólo
hace falta que ese pueblo tome conciencia de su fuerza y de
sus derechos y se organice adecuadamente para ejercer ambos.
De no hacerlo así, la “ayuda” y la “compasión”
de los poderosos llegarán cuando todos estemos muertos
de pobreza, hambre, enfermedades e ignorancia.
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