Desde el sexenio pasado, la Secretaría
de la Reforma Agraria lanzó dos programas para promover,
dijo, el desarrollo económico y productivo de los campesinos
en estado de pobreza extrema. Se trata del “Programa de
la Mujer en el Sector Agrario (PROMUSAG)” y del “Fondo
de Apoyo a Proyectos Productivos (FAPPA)”, cuyo monto
y características fueron definidos por esa Secretaría
en los siguientes términos: “El PROMUSAG está
dirigido a mujeres con pobreza patrimonial y que habitan en
núcleos agrarios con menos de 15 mil habitantes, preferentemente
en Centros Estratégicos Comunitarios y en municipios
con menor índice de desarrollo establecidos por la Secretaría
de Desarrollo Social ( SEDESOL), ya sean ejidatarias, comuneras,
posesionarias de tierra o avecindadas. El FAPPA convoca a campesinos
avecindados y pobladores de núcleos agrarios que no sean
posesionarios, titulares o usufructuarios de tierra social o
privada, de localidades determinadas en la Estrategia Nacional
de Atención a Microrregiones como Centros Estratégicos
Comunitarios que la Secretaría de Desarrollo Social establezca.
Para el caso de PROMUSAG el apoyo es de 20 mil pesos por socia
del grupo o un máximo de 180 mil pesos por proyecto.
En FAPPA el financiamiento es de hasta 30 mil pesos por beneficiario
y un máximo de 500 mil pesos por proyecto”. Como
se ve, pues, no se trata de ninguna ganga para quienes padecen
hambre en el campo.
....Pero eso no es todo. La elaboración
de los proyectos corre por cuenta de los interesados, lo que
les representa una erogación de 13 mil pesos en promedio;
además, si el proyecto es rechazado, para poder volver
a concursar hay que presentarlo de nuevo hasta el año
siguiente, totalmente revisado y actualizado, lo que representa
otra erogación similar. Por último, en cada nuevo
intento hay que iniciar el trámite desde el principio,
sin que signifique absolutamente nada la antigüedad de
la gestión ni la naturaleza de los argumentos por los
que fue rechazado en la ocasión anterior. Una verdadera
ordalía, pues, que pone fuera de competencia a los más
pobres, es decir, precisamente a quienes más necesitan
de los mencionados programas. Pero, “aún la cola
falta por desollar”. Entre los años 2004 y 2006,
un grupo de hombres y mujeres de los más pobres de Chiapas,
asesorados por líderes antorchistas de aquel estado,
presentaron ante la Representación Especial de la Reforma
Agraria un total de 29 proyectos, 27 correspondientes a PROMUSAG
y 2 correspondientes a FAPPA, todos ellos, sobra decirlo, cuidadosamente
revisados para eliminar cualquier pretexto que pudiera justificar
su rechazo. De ese total sólo fueron aprobados 7 en 2004;
el resto, es decir, la inmensa mayoría, han sido sistemáticamente
rechazados; y es importante recalcar que el argumento ha sido
siempre la falta de recursos y nunca deficiencias del proyecto,
es decir, nunca faltas atribuibles a los solicitantes.
....Pero este 2007 les reservaba
una sorpresa más. Resulta que, al presentarse a renovar
sus trámites y a insistir en su legítima demanda,
se encontraron con que “las reglas de operación
de los programas ya cambiaron”: ahora los trámites
tienen que hacerse necesariamente por Internet, y, “para
mayor ayuda”, les aclararon que “al momento de registrar
su solicitud el representante recibirá una línea
de captura que señalará lugar, fecha y hora en
que deberá presentar el original del proyecto y la documentación
respectiva; que la línea de captura no implica orden
de prelación (¡así, así!) ni ninguna
obligación de pago o apoyo por parte de la SRA, ya que
sólo es un instrumento de registro”, y que sólo
los “mejores proyectos” serán seleccionados
para recibir financiamiento. Finalmente, que el periodo para
recibir solicitudes “con toda la documentación
en orden” es, o era, el comprendido entre el 25 de junio
y el 6 de julio (es decir, que ya se había cerrado para
la fecha en que se decía esto a los solicitantes) y que
los trámites deberían ser hechos “directamente”
por el representante del grupo (o sea. se deroga de facto el
derecho de asociación y organización de los campesinos).
Y todo este fárrago dicho, no olvidarlo, a campesinos
y campesinas pobres y casi analfabetas, lo cual lo torna en
más que una simple ordalía, en algo cuya irracionalidad
y falta de lógica pondría en aprietos no ya a
Kafka, sino al mismísimo André Bretón,
padre del surrealismo. Además, la Representación
de la SRA en Chiapas nunca dio a conocer públicamente
la convocatoria para el inicio de los nuevos trámites
ni la “digitalización” del procedimiento.
....Es por todo lo aquí
dicho que los campesinos y campesinas burlados y defraudados
han resuelto no aceptar el nuevo rechazo a su petición,
y han optado por plantarse frente a las oficinas de la Representación
Especial de la SRA en Tuxtla Gutiérrez, en demanda de
una respuesta positiva y expedita a sus proyectos productivos.
El plantón fue instalado el 16 de julio, y a más
de un mes sobrado del mismo, sólo han conseguido entrevistarse
en 4 ocasiones con el licenciado Cesáreo Hernández
Santos, jefe de las mencionada oficina, quien se ha limitado
a repetirles, como disco rayado, que tienen que cubrir los “nuevos”
requisitos y que, en todo caso, el asunto compete a las oficinas
de la SRA en la Ciudad de México. En síntesis,
pues, Reforma Agraria lanza, con pitos y flautas, dos programas
“para el rescate de campesinos en situación de
extrema pobreza”; y cuando estos le toman la palabra haciendo
grandes sacrificios, resulta que con argucias vergonzosas les
dan con las puertas en la nariz. Ojalá que el Secretario
del Ramo, que por razón de su cargo tiene una visión
más amplia de la situación del país, intervenga
en éste y otros casos parecidos, consciente de que, en
los días que corren, “no está la Magdalena
para tafetanes”.
* Colaboraciones
anteriores