MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Veracruz: el siervo y el amo

Aquiles Córdova Morán
Secretario General del Movimiento Antorchista Nacional
México, D. F., a 10 de octubre de 2008

Hace algunas semanas, me vi en la necesidad de responder a los groseros y amenazantes ataques que un reportero, bien conocido por sus virtudes en el medio periodístico xalapeño y veracruzano, venía publicando reiteradamente en contra del Ing. Samuel Aguirre Ochoa, de Minerva Salcedo Baca y del antorchismo veracruzano en general. Sobre la base del propósito confeso del propio reportero y del carácter absolutamente infundado de los insultos, saqué la conclusión elemental de que el señor no defendía nada que le afectara o le importara personalmente, y que era evidente, por lo tanto, que no opinaba como hombre libre al servicio de la justicia y la verdad, sino como un mercenario que desquita la paga. Hoy me veo obligado nuevamente, muy a mi pesar, a tratar de poner las cosas en claro respecto a lo que sucede con la lucha legítima de los antorchistas veracruzanos en busca de justicia social; y eso porque vuelve a calentarse la guerra mediática contra los mismos blancos de la vez pasada.


Samuel Aguirre Ochoa. Denuncia

 

Daniel Rendón, Felipe Cruz López y Orfilio García Ortiz:
"en vez de atender las necesidades de “su” gente, se han dedicado, en las últimas semanas, a atacar física y verbalmente a los antorchistas, en particular a los habitantes de la colonia El Porvenir, y a los dirigentes estatales Samuel Aguirre y Minerva Salcedo"

Cierto que no es una simple reedición de la guerrita anterior; la cosa ha cambiado de forma y también de fondo. Resulta que, de la noche a la mañana, ha surgido en la capital jarocha un trío de “destacados líderes sociales” que responden a los nombres de Daniel Rendón, Felipe Cruz López y el “ideólogo” de la trinca, Orfilio García Ortiz. Los dos primeros hicieron su debut invadiendo predios del gobierno del Estado, y el tercero, Orfilio García, un predio de propiedad ejidal denominado Mesa del Guayabo. Nadie les ha tocado un pelo por eso. Con esas invasiones, como era lógico, han logrado reunir un pequeño grupo de gente realmente necesitada de vivienda, mezclada, eso sí, con porros y malvivientes al servicio de Orfilio y de quienes le pagan, como diré adelante. El grupito, realmente insignificante en sí, les ha caído de perlas a los mafiosos para presentarse ante la opinión pública como “luchadores sociales” por la vivienda popular; pero lo curioso es que, en vez de atender las necesidades de “su” gente, se han dedicado, en las últimas semanas, a atacar física y verbalmente a los antorchistas, en particular a los habitantes de la colonia El Porvenir, y a los dirigentes estatales Samuel Aguirre y Minerva Salcedo.

Ya en este plan, lo primero que hizo Orfilio García fue tomar a viva fuerza, con los porros que tiene infiltrados entre los auténticos solicitantes de vivienda, un salón de usos múltiples gestionado y administrado legítimamente por los antorchistas de aquella colonia. Voló cerraduras, rompió muebles, destrozó cristales y ventanas y, en medio del basurero creado por él mismo, se quedó “resguardado” el inmueble el tiempo que quiso. Tan pronto como sus legítimos dueños lograron recuperarlo y medio repararlo, los mismos maleantes volvieron a tomarlo y a ocasionar nuevos destrozos. Al mismo tiempo, hacen incursiones periódicas en las colonias antorchistas, golpean a la gente más firme y amenazan a los más tímidos, sin recatarse por la presencia de testigos, con que, “si no se salen de Antorcha”, les van a secuestrar a sus hijos y les van a quemar sus casas. Pero el domingo 28 de septiembre las cosas dieron un giro. Resulta que, a pesar de las mentiras y amenazas de la mafia para retener a su clientela, doce familias de la Mesa del Guayabo que se han dado cuenta de la clase de pillos en cuyas manos se encuentran, solicitaron su incorporación a las filas de Antorcha. Enterado Orfilio, convocó a sus porros y, barretas y picos en mano, se fueron sobre las viviendas de dos de esas familias y comenzaron a demolerlas. Los agredidos pidieron ayuda y los antorchistas, cogidos por sorpresa, apenas lograron reunir un muy corto número de compañeros y así, totalmente inermes, acudieron a tratar de impedir el abuso mientras alguien daba parte a la policía. El resultado lógico fue que los antorchistas recibieron una verdadera paliza, y si las cosas no pasaron a más fue, precisamente, por la llegada de la policía. Por esto, la propia policía que aun resguarda las casas a medio derruir, es el mejor testigo de que el único herido grave en esa refriega fue un antorchista que recibió un machetazo en la nuca. Les consta que nunca hubo ninguna otra persona lesionada y menos del sexo femenino. Pero ahora resulta que Orfilio y consortes, cubiertos por una bien orquestada campaña de medios, se presentan como víctimas y, sin rubor alguno, acusan a Samuel Aguirre y a Minerva Salcedo de ser los “responsables” de haber ordenado golpear a una señora de nombre Yolanda, cuya gravedad, se dice, es irreversible. Se trata, a todas luces, de una trampa legaloide para incriminarlos nada menos que de homicidio, y refundirlos en la cárcel.

Orfilio y consortes, cubiertos por una bien orquestada campaña de medios se presentan como víctimas,...Se trata, a todas luces, de una trampa legaloide para incriminarlos nada menos que de homicidio, y refundirlos en la cárcel.

 


Seguidores de Orfilio. Mentiras

Termino. Los antorchistas conocemos perfectamente a Orfilio García. Fue activista entre nosotros y, gracias a ello, cuando a Samuel se le ofreció una regiduría en el ayuntamiento de Xalapa, lo propuso a él. Fue, pues, regidor “antorchista” en el H. Ayuntamiento que presidió el Lic. Reynaldo Escobar, actual Secretario General de Gobierno del gabinete fidelista. Y pasó lo que ha pasado muchas veces (y no sólo a nosotros): deslumbrado por el dinero, las comilonas oficiales y las parrandas, Orfilio acabó convirtiéndose en hombre de confianza del presidente municipal y, en consecuencia, en traidor a la causa antorchista. Tenemos, pues, bien medida la honradez (económica e ideológica) de Orfilio, nos consta que él no defiende ninguna causa elevada sino la suya propia, y sabemos que él, personalmente, ni vale como figura política el apoyo mediático que recibe ni tiene el dinero suficiente para comprar ese respaldo. Agreguemos a eso que de Antorcha sólo recibió afecto y respeto (y la oportunidad de venderse bien), y que sus ataques virulentos coinciden con la reanimación del descontento antorchista por la falta de soluciones, y resultará claro que tampoco ahora quien nos ataca lo hace por sí mismo, sino por órdenes de quienes le pagan. Pero, ¿todo el rollo es sólo para no cumplir los compromisos pactados con Antorcha? Si es así, me parece francamente desproporcionada la reacción; si no, si hay otra causa, a los atacantes les toca esclarecerla.


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