El pasado miércoles 12 de noviembre, habitantes del municipio de Tlapanalá (en uso de su derecho constitucional a la libre manifestación) protestaron por la falta de obras en sus comunidades. Ante la desatención a sus demandas, se anunciaron nuevas movilizaciones, que continuarán hasta lograr que el alcalde, José Villalba Rosas, cumpla con su obligación legal, es decir, lleve desarrollo a los pueblos.
El domingo 23 de noviembre, el gobernador del estado -en un acto de “solidaridad” (que constituyó un verdadero espaldarazo al mal gobierno del presidente de Tlapanalá)- se presentó en el lugar, para inaugurar obras (por un monto superior a los 20 millones de pesos). Estas inauguraciones son, a los ojos de la opinión pública, un rotundo mentís a las inconformidades de los habitantes de Tlapanalá y de sus presidentes auxiliares, porque inhabilitan de un plumazo sus denuncias públicas y los colocan como gente intransigente, falsa y calumniadora.
Como está en juego la honorabilidad de los habitantes de Tlapanalá y de sus presidentes auxiliares (además de lo racional de su protesta), es necesario hacer dos precisiones:
Primera: Las obras motivo de la presencia del señor gobernador en Tlapanalá son trabajo o gestión de la administración pasada. Las únicas obras realizadas por la actual son: un parque, dos adoquinamientos y la rehabilitación de un bachillerato. Obras en las cuales -según dicho del edil- se ha aplicado el total del presupuesto municipal (que es de 9 millones de pesos, aproximadamente). Mientras, el drenaje y la pavimentación de calles, que tanto necesitan los habitantes de todas las juntas auxiliares, siguen esperando que el munícipe se digne a autorizar su realización.
Por tanto, la protesta es justa, legal, necesaria, y plenamente justificada, pues -además de no estar llevando desarrollo a los pueblos que tanto prometió en campaña y de hacer “caravana con sombrero ajeno”- hay fundadas sospechas de que también existe malversación de fondos.
Segunda: Los periódicos Intolerancia y La Jornada de Oriente, que se han distinguido por el “denodado esfuerzo” que ponen en la tarea calumniar a Antorcha Campesina, publicaron en sus páginas (con el amarillismo que les es característico) la siguiente noticia: “Amaga Antorcha Campesina a comerciantes de Manzanilla, prepara invasión de Tianguis”. Para hacer creíble la versión sobre este posible suceso, recogieron opiniones del líder municipal de la CNOP, pidiendo la intervención del Ayuntamiento de Puebla y del presidente del Comité Directivo Estatal del PRI; ello, para que todos juntos pusieran un alto a la “invasora Antorcha Campesina”. ¿!¡?
El día martes 25 de los corrientes, Intolerancia diario cabeceó: “tropelías de Antorcha”. Preguntamos, ¿cuáles tropelías? Nunca las dice, sólo se cabecea así para golpear y para -en la parte final de la nota- arrogarse el “mérito” de “haber logrado que Antorcha desistiera de invadir y despojar de estos espacios a los informales, por la denuncia de Intolerancia”.
Al respecto, hay que dejar bien claro que nunca, a ningún comerciante, colono o pequeño propietario, se le ha amenazado con desalojarlo o invadirlo. La nota, entonces, es una calumnia, que -como todas las de su clase- obedece a una campaña de desprestigio, orquestada desde las altas esferas del gobierno, en contra de nuestra organización. Por tanto, su nota no jugó el papel trascendente que se adjudica. Sólo sirvió para mostrarse como vocera de los que intentan acabar con nuestro movimiento, aunque en eso ya le saca ventaja
La Jornada de Oriente, como todo lector asiduo a ese medio lo sabe.
Por último, como en el presente caso, la realidad y el tiempo han venido a demostrar que Antorcha Campesina es una organización respetuosa del estado de derecho en que vivimos y, por consiguiente, nuestra actuación siempre se inscribe dentro del marco de ley, aunque nuestros enemigos gratuitos digan lo contrario. Esta es la razón por la que el despojo no forma parte de nuestro modo de pensar, mucho menos de actuar.
La Jornada de Oriente pone en boca del secretario de Gobernación Municipal: “nuestra aceptación de no invadir y no desalojar a los comerciantes”. Es decir, Juan de Dios Bravo agarra el papel de vocero de Antorcha y La Jornada lo acepta, dejándose engañar como un chino. Mucho se lo agradecemos, pero -que sepamos- los antorchistas nunca le hemos dado ese nombramiento a Juan de Dios Bravo y, por tanto, sus declaraciones en nuestro nombre -desde su origen- son falsas. La mínima objetividad exigía al diario que se preguntara al vocero, al dirigente estatal o municipal de Antorcha la veracidad de la versión. No lo hicieron; obviamente esto le da oportunidad de sustentar sus calumnias como verdades. Así pues, La Jornada de Oriente continúa jugando su papel de vocera del Gobierno del Estado.