Resulta verdaderamente preocupante el hecho de que los periodistas tengan, por sus posibles lectores, un desprecio total, al creerlos faltos de criterio propio o manipulables, capaces de creer todas las calumnias, mentiras, ataques o halagos y méritos tan desmesurados que escriban, para desprestigiar o ensalzar a organizaciones o individuos, según sea la encomienda recibida.
Siempre me ha parecido una gran deshonestidad profesional e intelectual, escribir por encargo. Hacerlo provoca el desprestigio de quien escribe de esa forma, del periódico que lo publica y de la profesión de periodista en general. Hago pública esta reflexión, aunque a más de un medio local y uno que otro jefe de Información y reportero no les cause efecto alguno y sigan golpeando mediáticamente a quien su jefe le ordene, con el pretexto de “informar”.
Veamos: La Jornada de Oriente se ha echado a cuestas la infame tarea de desprestigiar a Antorcha Campesina, sin aportar la más mínima prueba de sus aseveraciones, sin respetar nuestro derecho de replica, poniendo en peligro la vida de seres humanos, abusando de la libertad que tienen para calumniar, sin aceptar razones ni pruebas de algún tipo; una y otra vez, nos acusan de ser culpables de más de l00 asesinatos, de usar los programas sociales del gobierno para ganar clientela política y de tener a hombres encapuchados para cometer nuevos crímenes en Huitzilan de Serdán.
¿Cuándo el reportero de La Jornada de Oriente ha ido a Huitzilan de Serdán? ¡Nunca! Entonces, ¿cómo se atreve a escribir semejante engendro? Por deshonestidad profesional e intelectual, provocada por la venta al mejor postor. Sólo así se explican tan graves, sucias y deshonestas afirmaciones. Así se explica que todo el trabajo realizado por Antorcha Campesina en Huitzilan de Serdán, que lo ha colocado como uno de los municipios más desarrollados en la Sierra Norte (según la Organización de las Naciones Unidas), quede oculto a los ojos del público lector, por obra y gracia del jefe de Información de La Jornada de Oriente y el servilismo del reportero.
El desarrollo educativo en Huitzilan, que va desde el jardín de niños, pasando por la primaria, secundaria y preparatoria; el mejoramiento material del municipio, que va desde agua potable, luz, drenaje, pavimentación de calles, carreteras, puentes, aulas, oficinas públicas; la instalación de clínicas, casas de salud y mejoramiento de viviendas, hasta la instalación de beneficios de café, se ocultan con toda premeditación y mala fe, para hacer más creíbles las calumnias que se lanzan en contra de Antorcha Campesina. Se trata, en suma, de obviar el trabajo social y político de Antorcha, para evitar que aparezca, a los ojos del pueblo, como una organización luchadora y defensora de los pobres de México.
Por otra parte, La Jornada de Oriente quema incienso al por mayor a favor de Fernando Cuellar, presentándolo como “luchador social”, “defensor de los derechos humanos de los indígenas”, capaz de denunciar nuestras supuestas “atrocidades” en Huitzilan de Serdán. La realidad es muy diferente: Fernando Cuellar no es luchador social, no defiende derechos humanos y sólo es capaz de venderse al mejor postor.
¿Dónde están sus masas? ¡No lo sigue ni su familia! ¿Dónde y cuando ha dado una lucha sería en defensa de los derechos humanos? ¡Nunca, en ningún lado! De lo que sí es capaz es de alquilar su falso membrete a los caciques y a los UCIs de Huitzilan, que son los auténticos y únicos asesinos de más de 100 indígenas; son los encapuchados que –envalentonados por el cobijo que les brindan Cuellar y La Jornada de Oriente- merodean por los alrededores del municipio, para matar a los indígenas huitziltecos,
La única “lucha” que se le conoce a Cuellar (aunque La Jornada de Oriente lo nombre autónomamente “defensor de derechos humanos”) es el intento de despojar a los humildes locatarios del Mercado San Diego Manzanilla, en el municipio de Puebla. Las banderas de ese hombre son falsas, porque en Huitzilan de Serdán las mayorías están satisfechas y contentas con el trabajo de Antorcha Campesina, producto de la gran obra material y social descrita brevemente líneas arriba.
Por tanto, se trata, mediante una campaña deshonesta y asquerosa, de colocar a un grupo de verdaderos delincuentes, encabezados por otro igual, en el papel de luchadores sociales, aún a costa de acabar con el trabajo y prestigio de una autentica y verdadera organización social. Así se comportan todos los que buscan su comodidad a base de dinero fácil
Sabíamos, desde que iniciamos nuestro trabajo organizativo, que nos enfrentaríamos a este tipo de diarios, individuos y calumnistas; por eso, Fernando Cuellar, los caciques y La Jornada de Oriente, deben perder las esperanzas si piensan acabarnos, como a las moscas, a periodicazos. Nuestra voluntad de lucha y nuestra decisión de hacer crecer a la organización es producto de un profundo y serio convencimiento, que todos los fernandos, caciques y jornadas que existan en el mundo no doblegarán.