Tecomatlán, lugar donde nació y vive -en el corazón de la mayoría de los pobladores- Antorcha Campesina, es también el municipio que demuestra lo que los humildes, organizados y en lucha, pueden lograr, y es la prueba última de lo que el antorchismo anhela para todos los pobres de México. Tecomatlán se localiza en la parte suroeste del estado, en la baja mixteca poblana, a 920 metros sobre el nivel mar. Su clima es semiseco o muy cálido y el río mixteco (unido con el río Tizaac o Acateco) cruza de sureste a suroeste el municipio, permitiendo la agricultura de riego en pequeña escala. Cruzan el centro de la cabecera municipal arroyos intermitentes, como la Cañada de Nahuapan, la cañada de Xoxocotitla y otros, que, de golpe y porrazo, la dejan llena de basura, convirtiendo dichos afluentes en focos infecciosos que ponen en peligro la salud de la población y echan por la borda el trabajo comunitario que busca embellecer a nuestro municipio.
Las ansias de progreso y bienestar han llevado a la población a luchar incansablemente por la pavimentación de sus calles, por la reforestación, la construcción de áreas verdes, de la Unidad Deportiva, de escuelas de nivel medio superior, de un hotel, de las oficinas del DIF, del nuevo albergue del Plenito Infantil “Wenceslao Victoria Soto”, de un nuevo Palacio Municipal y de la remodelación del antiguo edificio y del Hospital Integral.
El Hospital Integral, me atrevo a decirlo, es el único que realmente cumple con la función para la que fue creado: llevar salud y bienestar a las clases más desprotegidas, brindándoles a los pacientes calor humano, atención pronta, diagnóstico certero y curación efectiva. El número elevado de pacientes que acuden al hospital de Tecomatlán y la cantidad de personas hospitalizadas, al mismo tiempo prueban la veracidad de lo dicho, deja claro también que las instalaciones con las que cuenta actualmente el hospital son ya insuficientes para seguir atendiendo dignamente a los enfermos.
Así pues, dos son los problemas que enfrenta el desarrollo de Tecomatlán: la canalización de la Cañada de Nahuapan y la ampliación del Hospital Integral. Son problemas reales, su solución es una verdadera necesidad, y los recursos del municipio no son mayores a 8 millones de pesos anuales (para atender las demandas de l2 pueblos subalternos), lo que hace imposible enfrentar la situación con recursos propios.
Esto y no otra razón, obligó al Ing. Aquiles Córdova Morán, secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, a hacer gestión solidaria con nuestro dirigente estatal, el Ing. Juan Manuel Celis Aguirre, ante el señor gobernador del estado para solicitarle su intervención en la resolución de estas necesidades.
El diálogo, realizado en un clima de cordialidad y respeto, permitió a los gestionadores expresar argumentos contundentes, reconocidos y aceptados por el mandatario y por el secretario de Gobernación de ese tiempo, Javier López Zavala. Diálogo que concluyó con el compromiso de que dichas obras se realizarían en tiempo y formas debidas.
Este acuerdo fue comunicado oportunamente a los compañeros antorchistas y, junto con ello, se reconoció la sensibilidad del gobernador para aceptar y reconocer las necesidades de la gente y su ejecutividad en la solución de las mismas. Han pasado 3 años aproximadamente de ese serio y respetuoso acuerdo, sin que hasta la fecha se haya movido un grano de arena para atender los compromisos pactados. La ciudadanía está inquieta y su intranquilidad aumenta al saber que, ante nuevas gestiones de nuestro dirigente estatal, se continúa dando largas a este asunto y no se encuentra la más mínima voluntad de cumplir los compromisos contraídos.
La ciudadanía antorchista espera que el mandatario, con el inicio de las obras en un tiempo prudente, rescate la palabra empeñada. Rescatar la credibilidad en los políticos, tan necesaria en los días que corren (cuando se le promete al pueblo no aumentar el precio de los alimentos y es lo primero que se hace, cuando se le promete crear fuentes de empleo y es lo que no se hace). Rescatar la credibilidad de la clase política, decía yo, es una cuestión de vital importancia para la sana vida política de la nación.