Tenía la plena seguridad -desde que suspendimos el plantón que se había programado para el miércoles 20 de agosto del presente año, en Casa Aguayo- que la propuesta de una mesa de negociación, para discutir los problemas que originaron la manifestación, se traduciría en una serie de citas interminables que no conducirían a nada, porque la finalidad de dicha invitación era quitarse el problema de encima al momento, pero nunca buscar soluciones de fondo a la problemática planteada por el Movimiento Antorchista.
Mi razonamiento era muy simple: no era posible (aunque la lucha social es una arma poderosísima para doblegar soberbias), que de golpe y porrazo el Gobierno del Estado cambiara la política represiva que ha decidido implementar en contra de Antorcha Campesina. ¿Entonces, por qué no hicimos el plantón? Como decía en mi artículo anterior, por dos fundamentales razones: para demostrar que somos amigos del diálogo, dejando claro que nuestra protesta no tenía como propósito estorbar a ningún funcionario en sus aspiraciones políticas, y detener la guerra mediática que se nos vendría encima, acusándonos de intransigentes, enemigos del diálogo, etc., etc.
Confieso que me quedé corto en mis apreciaciones. No sólo no se han resuelto las demandas, sino que tampoco se ha instalado la mesa de negociación; el Comité Estatal de Antorcha Campesina ha sido ninguneado por el secretario de Gobernación: dos citas, dos incumplimientos. Hemos esperado durante dos horas en la sala de juntas y el señor Mario Montero Serrano no se ha dignado a cumplir las citas por él establecidas. Por el contrario, se han complicado las negociaciones. Gobernación envió a su empleado Fernando Cuéllar a golpear a los antorchistas, para que el acto de legítima defensa de éstos fuera usado para una campaña de medios, donde -una y otra vez- se pinta a Cuéllar y a sus secuaces como víctimas de la “violencia antorchista.” Tratan de desautorizar nuestra lucha. Pero una vez más fracasarán.
Por el momento, el desarrollo del conflicto en San Diego Manzanilla ha dejado claro, nítidamente, que Cuéllar no es ningún defensor de los derechos humanos (mal hace la prensa en llamarlo así), pues ha declarado ser asesor legal de una banda de pillos entre los que se encuentran tratantes de blancas, golpeadores, estafadores y narcomenudistas. Conclusión: Fernando Cuéllar es el jefe de una banda de pillos, que se escudan en un membrete de “promoción” de los derechos humanos. Antorcha Campesina emplaza públicamente a todas las partes que tengan que ver en el conflicto, para que se cite a asamblea a los locatarios (el día y a la hora que se fijen para tal efecto), y en ella sean éstos los que decidan quién tiene su representación, con el fin evitar futuros conflictos. El perdedor deberá abandonar dicho mercado con todo y chivas. Ustedes tienen la palabra.
Ahora bien, el secretario de Gobernación debe saber que sus campañas en la prensa no nos harán desistir de nuestra lucha; que su conducta prepotente y sus engaños tampoco, y que la única solución que le queda es sentarse a dialogar -a la voz de ya- para resolver los problemas planteados. Ese fue el compromiso de caballeros. Por tanto, quien ha roto el pacto es el gobierno y, en consecuencia, Antorcha queda libre de todo compromiso y en plena libertad de manifestarse públicamente en los próximos días, para quedarnos en plantón indefinido. Hacemos esta reflexión e informamos de nuestras próximas acciones, porque deseamos dejar perfectamente claro a la opinión pública y a los medios de comunicación, una vez más, que los orígenes de las manifestaciones se encuentran en la actitud cerrada y prepotente del Gobierno del Estado. Entonces, son ellos los únicos culpables de que causemos molestias a los ciudadanos y, en consecuencia, son ellos quienes deben recibir la repulsa ciudadana y nosotros su apoyo solidario, pues basta con recorrer un poco el interior del estado y la periferia de la ciudad, para darse cuenta de las enormes carencias y necesidades de la gente que vive con menos de 200 pesos a la semana, y que son la causa fundamental de nuestras movilizaciones.
Una de las grandes razones de existir de Antorcha es la exigencia de una mejor distribución de la riqueza nacional, que se debe traducir en mejores carreteras, hospitales, escuelas, etc. Pero, sobre todo, en mejores salarios. Ése es nuestro credo y por eso vamos a luchar y a manifestarnos las veces que sean necesarias, que les quede claro.
* Colaboraciones anteriores