Aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI existen aún corrientes de opinión que sostienen, velada o descarnadamente, que la cultura es inherente a las clases altas, que sólo las clases pudientes tienen la capacidad para elevarse culturalmente y las habilidades para practicar cualquier disciplina artística. Como consecuencia natural de este planteamiento, se concluye que las clases trabajadoras, de este país y del mundo entero, sólo sirven para el trabajo material, como peones, como bestias de carga.
Desde su nacimiento, el MovimientoAntorchista se ha opuesto a este planteamiento y dicho que esto es, además de absolutamente falso y racista, una visión de clase, cuyo propósito -declarado o no- es hacernos sentir inferiores ante la élite social y, por tanto, auto declararnos imposibilitados física e intelectualmente para ascender a grandes alturas científicas y políticas y, como consecuencia, incapaces de poder dirigir mañana a pasado los destinos de nuestra nación.
Porque consideramos esta visión, política y socialmente grave para el progreso y desarrollo de nuestro pueblo, como organización, nos hemos echado a cuestas la dura tarea de recordar al pueblo, que es en su seno donde se encuentran los más grandes valores culturales, científicos, artísticos y patrióticos. Que es en el pueblo donde descansa y se cimienta la grandeza de una nación y, tratando de ser consecuentes con nuestro decir, desde hace catorce años hemos estado fomentando la cultura a lo largo y ancho del país. Razón más que poderosa para, aún a costa de muchos sacrificios y de muchas incomodidades que sufren los participantes, realizar las Espartaqueadas Culturales y Deportivas en Tecomatlán, Puebla.
Evento que, aunque suene a egolatría de nuestra parte, sabemos perfectamente que no realiza ninguna otra organización social, en la magnitud en la que lo hace el Movimiento Antorchista, pues, como lo señalé en líneas anteriores, participan niños, jóvenes y adultos de todas las edades, pero fundamentalmente de los extractos más humildes de la sociedad, y también la cereza del pastel (los de la categoría semiprofesional), integrada en su mayoría por amigos de la organización, amantes de las bellas artes que, al darse cuenta de la importancia que los antorchistas le damos a la cultura, ha decidido integrarse a esta justa cultural, sólo para recibir el reconocimiento y el aplauso del público.
A partir del 3l de enero y hasta el sábado 7 de febrero, viviremos en Tecomatlàn una auténtica fiesta cultural. En el escenario del Auditorio “Clara Córdova Morán” desfilarán campesinos, colonos y estudiantes humildes, ejecutando danzas y bailes, con una alta calidad artística, interpretando canciones a dúo, trío o solista; escucharemos interpretar a los mejores poetas y poetisas, por declamadores de una gran calidad interpretativa, oiremos expresar la visión que tienen los oradores sobre los problemas sociales que sufrimos y, por último, también podremos apreciar la belleza que provoca las voces perfectamente conjuntadas, en la ejecución de coros. Es sencillamente un verdadero banquete cultural.
Invitamos a todos nuestros posibles lectores a que vengan a Tecomatlàn, a observar el trabajo cultural de los pobres de México. Les aseguro que no se arrepentirán. Si llegan a acompañarnos, su presencia y solidaridad será un impulso enorme para continuar trabajando en el propósito de inculcar en los mexicanos humildes la idea de que somos parte esencial de la grandeza de nuestro país y que, por tanto, debemos ser actores principales en todos los campos, si queremos hacer de nuestro México una nación mas libre, mas justa, mas democrática y mas soberana. Tecomatlán te espera. No faltes.