MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Gobierno y periodismo

Eleusis Córdova Morán
Dirigente del Movimiento Antorchista en la Mixteca poblana
28 de julio de 2009

En los primeros días de la semana pasada, en un desayuno con algunos columnistas escogidos ex profeso, el Gobernador del Estado, Lic. Mario Marín, dio a conocer los nombres de cuatro posibles candidatos a la gubernatura del estado; al mismo tiempo señaló los méritos o deficiencias que dichos posibles candidatos poseían, cosa que les haría ganar o  perder, respectivamente, la carrera sucesoria. En resumidas cuentas, de cuatro posibles candidatos descalificó a tres  y sólo dejó a uno: el suyo. Sabemos de buena fuente que, de pasadita, palabras más, palabras menos, comentó que no atenderá las peticiones de Antorcha y si insistimos en protestar nos reprimirá manu militari.     

El espaldarazo arriba descrito a su candidato fue presentado por  algunos  comentaristas invitados como una demostración de inteligencia y sagacidad política  del Gobernador y aprovecharon la ocasión para afirmar que  se notaba seguro  y confiado,  que tiene todos los hilos políticos del estado y que, por tanto, la sucesión está  controlada y podrá  dejar al  preferido que  “insinuó”.  Al enfocar así la noticia, se escondió que tal hecho es la confirmación de que el gobernador opera abiertamente para que su lugar lo ocupe quien él ya decidió; es decir, le da la razón a quienes lo acusan de usar el poder estatal para imponer a su sucesor, independientemente de los pocos o muchos méritos que éste pueda tener y sin atender a ningún procedimiento medianamente democrático. En ese contexto, conciente o inconscientemente, varios distinguidos periodistas, muy críticos en otras circunstancias y contra otros actores políticos, aparecieron simplemente como voceros de la voluntad del Gobernador. Aunque nadie puso por escrito el comentario del Gobernador sobre Antorcha, es claro que el momento y ambiente  se prestó para hacerlo, pues se trataba de mostrar poder y decisión. 
 
En mi calidad de ciudadano, protesto por el uso tendencioso que de algunos  medios de comunicación hace el  Gobierno del Estado. Creo, por salud pública, que se debe respetar la libertad editorial de los medios de comunicación e invito a  éstos a que, con  un trabajo profesional, veraz y  objetivo,  jueguen el papel de  limpios comunicadores y formadores de la conciencia ciudadana, lo cual incluye el cuestionamiento argumentado sobre el abuso de poder cuando éste se presente.         
        
Otra vertiente que revela este sometimiento de algunos medios a la voluntad del gobierno, se nota en la intensa y grosera campaña que, con motivo de los 75 días de lucha que Antorcha Campesina libra  frente a Casa Aguayo, ha implementado  la oficina de prensa del gobierno de Puebla.                                       
        
Dicha campaña gira en torno al argumento de que afectamos el derecho de terceros, que  nuestro plantón  es sucio y maloliente  y que  somos intransigentes  al no entender las “razones del gobierno”; por  tanto, exigen   el desalojo violento. Para justificar el posible acto represivo que exigen algunos “comunicadores” (que hacen uso de una absoluta libertad de expresión cuando de atacar al antorchismo se trata, pero que jamás tocan al poder ni con el pétalo de un editorial medianamente crítico), han  puesto en boca de “pequeños comerciantes”, “de mariachis” y  de “dueños de hoteles” la misma agresiva e injusta petición. Por si esto fuera poco, la Secretaría de Gobernación  organizó a  dos  indigentes, los vistió de gente de izquierda (será porque ya les cortaron la derecha, por rateros, y ahora cobran con la izquierda) y los puso a  tirar lodo y heces fecales  contra Antorcha Campesina.    

No se dice  absolutamente nada de nuestro derecho a la manifestación, de la justeza de las demanda de los plantonistas, de la pobreza  en que viven decenas de miles de poblanos y de la urgente necesidad de que el gobierno atiende y resuelva sus demandas. Por el contrario: se justifican y fomentan ciertos aires napoleónicos de nuestros gobernantes, que resultan ridículos ante el clima de pobreza y de inconformidad social que los rodea; se oculta su afán impositivo  y se les coloca como víctima de los “intransigentes antorchistas”. En sus ansias de servir lo mejor posible al poderoso, olvidan que tarde o temprano pueden ser víctimas del abuso de poder que hoy cobijan y fomentan.                 
        
Creo que los medios de comunicación deben dejar de ser el arma para esparcir rumores, chismes, calumnias, ofensas y apodos, desprestigiar movimientos e individuos, cobrar venganzas y, sobre todo, ocultar la verdad en aras de beneficios personales inconfesables. Urge el florecimiento de un periodismo honrado y objetivo, tan necesario  en estos calamitosos tiempos.

* Colaboraciones anteriores
   

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