Ante la avalancha de calumnias, ofensas y mentiras, de la que somos víctimas los antorchistas, lanzadas por pseudo defensores de derechos humanos, por falsos izquierdistas y por algunos periodistas inescrupulosos (con sus honrosas excepciones), hemos insistido, una y otra vez, que nuestra organización es algo totalmente opuesto a lo que dicen nuestros enemigos gratuitos; que nuestro trabajo demuestra que somos una organización honrada, seria, amiga del desarrollo integral de individuo, y que también somos la única que puede demostrar con hechos la labor que venimos realizando en los lugares donde tenemos influencia, para sacar a los pobres de México del atraso, la marginación, la insalubridad y la incultura; males endémicos que sufre nuestro país y que es tiempo de erradicar si queremos un México en paz y trabajando.
Cuando se nos acusa delitos del orden común, hemos señalado que las autoridades encargadas de perseguirlos de oficio, no sólo investiguen, sino que además den a conocer públicamente los resultados de dicha investigación, y que se castigue con todo el rigor de la ley a los culpables de los acontecimientos.
Nada hemos conseguido. Se hacen oídos sordos, se repiten las calumnias y los epítetos infamantes, y se siguen publicando por encargo, sin aportar ninguna prueba de lo que se afirma (faltando a la más elemental honestidad), todas las mentiras y ofensas que sobre Antorcha se quieran expresar, abusando groseramente de la libertad de prensa y de expresión. Si hubiera el mínimo de honradez profesional, si se pusiera en duda las declaraciones de los que no aportan ninguna prueba de su dicho y se valorara con objetividad la gran obra social, política, moral y material que realiza Antorcha, entonces, no serían noticia las calumnias, groserías y ofensas de Cuellar y secuaces.
Sería noticia el hecho de que Huitzilan de Serdán, de ser un pueblo donde no existía ningún tipo de autoridad, donde se asesinaba a los maestros (que fue la causa de que no funcionara durante años la escuela primaria), donde no había agua potable, drenaje, y los crímenes de hombres, mujeres y niños, eran cotidianos- todo obra de la Unión Campesina Independiente (UCI)-, ahora es un pueblo donde funcionan las autoridades civiles, políticas, judiciales y administrativas del municipio, en edificios mucho muy dignos, que cuenta con un sistema educativo que va del Jardín de Niños hasta profesional, que tiene red de agua potable, de drenaje, teléfono, carretera pavimentada, zócalo, auditorio, calles pavimentadas, y su gente vive en paz y trabajando.
De igual forma sería noticia el hecho de que Tecomatlán, otro municipio emblemático del trabajo de Antorcha Campesina, ha logrado además de estos adelantos, tres cosas que por su importancia califican la labor antorchista: Tecomatlán, es el primero y hasta la fecha el único municipio del estado de Puebla, que con recursos propios, sin apoyo gubernamental estatal o federal, logró erradicar el analfabetismo. Esto ni siquiera lo intentan otras organizaciones, porque no les preocupa el hombre como ser humano, sino como fuente de enriquecimiento; por lo tanto entre más ignorante mejor. Somos, pues verdaderos defensores de Derechos Humanos sin membrete.
Otro dato que confirma nuestro humanismo: en Tecomatlán, durante un periodo de 24 años, los asesinatos han disminuido a menos del 1 por ciento mensual, ningún asesinato, ningún robo, no hay drogadicción, graffiteros, prostíbulos, cantinas, somos un pueblo limpio; cualidades todas que han dignificado a sus habitantes, que estamos viviendo en paz y elevados moralmente. Esto adquiere más relevancia, si tomamos en cuenta la inseguridad que se vive en todo el país y todos los vicios modernos que aquejan a nuestros jóvenes. Queda claro así, el trabajo desarrollado por nuestra organización, para elevar a estadíos superiores a la población.
En Tecomatlán se construye el arco de entrada al municipio, con recursos propios del Movimiento Antorchista. Es una obra gigantesca, única en su género, que busca rendir permanente homenaje a los héroes que iniciaron la guerra de nuestra independencia Nacional y a los mártires populares de la Revolución Mexicana, con motivo del Bicentenario y del Centenario, respectivamente, de dichos movimientos. Esto sólo lo puede hacer alguien honrado, patriota y con amplitud de miras.
Es una verdadera desgracia, que este bello experimento, permanezca oculto a los ojos del pueblo, por la deshonestidad de todo tipo que viven los “pseudos revolucionarios” y por las ansias de atesoramiento de unos cuantos, aun a costa de la pobreza, la miseria y la injusticia, de la inmensa mayoría que son los pobres de México.
* Colaboraciones anteriores