¿Qué cenó usted anoche? ¿Pollo?,
no es muy caro, ni sofisticado. ¿Arroz?, ¿pavo?,
¿que tomó? ¿Cerveza?, ¿mezcal?,
¿whisky?, ¿coñac? ¿Regaló
usted algo?, ¿cuánto le costó? De una cosa
creo estar seguro, la inmensa mayoría de la población
oaxaqueña y mexicana imbuida por los medios publicitarios,
intenta el 24 de diciembre cenar lo mejor posible, de preferencia
en compañía de toda su familia, y agradar a sus
seres más queridos regalándoles algún presente.
Sin embargo, la realidad es muy diferente y cruda para la mayoría
de nuestro pueblo, pues aunque se gasten 250 o 500 pesos por
familia (según la PROFECO), con estas cantidades solamente
se podrá comer tostaditas, tamales, buñuelos,
y alguno que otro regalillo barato hacia nuestros seres más
queridos; si tiene la posibilidad de gastarse de quinientos
hasta mil pesos, probablemente suba de categoría la cena
pero eso será relativamente poco y con esto haremos el
54.1 por ciento de la población (otra vez según
la PROFECO), la cual tendrá que contentarse, efectivamente
con los buenos deseos, deseados por los familiares entre sí,
pues los recursos que tiene para solventar éstos gastos
son insignificantes y quizás lo único real que
se disfrute, aunque efectivamente puede ser fundamental, es
la satisfacción y la alegría de poder convivir
un rato con su familia. De ahí en más no hay recursos
para comprar buena ropa, en Fabricas de Francia, un coche último
modelo o unas vacaciones en Cancún.
Otro porcentaje importante de la población, pero más
reducido, puede gastarse de mil a mil quinientos pesos en la
cena navideña, y solamente un 4.3 por ciento gasta más
de dos mil pesos en la famosa cena del 24 de diciembre. Esto
significa que si bien es cierto es correcto y positivo que todos
tengamos los buenos deseos de una feliz Navidad y un próspero
año nuevo, la realidad nos arroja por el suelo, nos constriñe,
nos oprime y obliga a tener que contentarnos con sueldos miserables
que sólo nos permiten comprar ropa de segunda, comer
chile tortilla y frijoles, medio intentar estudiar y curarnos;
todo esto con infinitas penalidades durante el transcurso del
año y también a finales de diciembre, de manera
tal que la felicidad y prosperidad deseadas, se convierten prácticamente
en todo lo contrario. Esto tiene su causa y origen en una sociedad
demasiado injusta en cuanto a la distribución de la riqueza
y por lo tanto del ingreso pues, como todo mundo lo acepta,
en México han surgido grandes fortunas que en éstos
momentos son para la inmensa mayoría de nosotros prácticamente
inimaginables y como es evidente para este selecto sector de
la población sí puede haber una feliz Navidad
y un próspero año nuevo que les permite acrecentar
inmensamente las fortunas que poseen, resulta pues verdaderamente
contrastante la manera de celebrar entre la inmensa mayoría
de nuestra población que encandilada por la propaganda
de ésta época se desea todo lo mejor del mundo
y sólo llega a obtener miserables resultados, quedándose
prácticamente con la posibilidad de sobrevivir en el
2006. Para éste próximo año económicamente
no se vislumbra nada halagüeño, pues se anuncia
que el aumento salarial va a ser solamente del 4 por ciento,
que en la práctica se convierte en nada, y es totalmente
insuficiente para solventar las necesidades de alimentación,
vivienda, salud, hospedaje, alimentación, educación
etc. Seguramente la inflación en el próximo año
no va a ser del 4 por ciento sino muy superior a éste,
derivándose en un empeoramiento de las condiciones de
vida de campesinos, colonos, obreros, etc. A lo anterior hay
que sumarle el desempleo anual, seguramente empeorado por un
posible decremento de la migración dado los problemas
con Estados Unidos, y a otros tantos problemas sociales y políticos
por los que atraviesa nuestro país.
Por lo anterior, yo deseo también que podamos enfrentar
con fuerza, decisión, claridad y perseverancia los problemas
de cualquier tipo el próximo año, pero, aunque
también tengo buenos deseos e intenciones para la población
y para los agremiados al Movimiento Antorchista, creo que dichos
buenos deseos no bastarán para transformar nuestra realidad,
poco edificante, sino, solamente con trabajo tesonero, con inteligencia
despierta, y persistencia en la corrección de los errores
podremos remontar muchas situaciones y forjar una felicidad
más realista y verdadera que la que solamente nos podamos
desear. Por cierto, y dadas las elecciones por la Presidencia
de la República, para quien gane las mismas, seguramente
se cumplirán estas promesas, pero, para los partidos
que las pierdan van a ser propiamente todo lo contrario. En
este sentido quien quiera ganar, que se ponga a trabajar para
lograr cristalizar dichos deseos. Esto vale para los políticos,
como para cada uno de nosotros.