MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Ni próspero ni feliz

Gabriel Hernández García
Dirigente antorchista en el estado de Oaxaca

03 de enero de 2006

¿Qué cenó usted anoche? ¿Pollo?, no es muy caro, ni sofisticado. ¿Arroz?, ¿pavo?, ¿que tomó? ¿Cerveza?, ¿mezcal?, ¿whisky?, ¿coñac? ¿Regaló usted algo?, ¿cuánto le costó? De una cosa creo estar seguro, la inmensa mayoría de la población oaxaqueña y mexicana imbuida por los medios publicitarios, intenta el 24 de diciembre cenar lo mejor posible, de preferencia en compañía de toda su familia, y agradar a sus seres más queridos regalándoles algún presente. Sin embargo, la realidad es muy diferente y cruda para la mayoría de nuestro pueblo, pues aunque se gasten 250 o 500 pesos por familia (según la PROFECO), con estas cantidades solamente se podrá comer tostaditas, tamales, buñuelos, y alguno que otro regalillo barato hacia nuestros seres más queridos; si tiene la posibilidad de gastarse de quinientos hasta mil pesos, probablemente suba de categoría la cena pero eso será relativamente poco y con esto haremos el 54.1 por ciento de la población (otra vez según la PROFECO), la cual tendrá que contentarse, efectivamente con los buenos deseos, deseados por los familiares entre sí, pues los recursos que tiene para solventar éstos gastos son insignificantes y quizás lo único real que se disfrute, aunque efectivamente puede ser fundamental, es la satisfacción y la alegría de poder convivir un rato con su familia. De ahí en más no hay recursos para comprar buena ropa, en Fabricas de Francia, un coche último modelo o unas vacaciones en Cancún.
Otro porcentaje importante de la población, pero más reducido, puede gastarse de mil a mil quinientos pesos en la cena navideña, y solamente un 4.3 por ciento gasta más de dos mil pesos en la famosa cena del 24 de diciembre. Esto significa que si bien es cierto es correcto y positivo que todos tengamos los buenos deseos de una feliz Navidad y un próspero año nuevo, la realidad nos arroja por el suelo, nos constriñe, nos oprime y obliga a tener que contentarnos con sueldos miserables que sólo nos permiten comprar ropa de segunda, comer chile tortilla y frijoles, medio intentar estudiar y curarnos; todo esto con infinitas penalidades durante el transcurso del año y también a finales de diciembre, de manera tal que la felicidad y prosperidad deseadas, se convierten prácticamente en todo lo contrario. Esto tiene su causa y origen en una sociedad demasiado injusta en cuanto a la distribución de la riqueza y por lo tanto del ingreso pues, como todo mundo lo acepta, en México han surgido grandes fortunas que en éstos momentos son para la inmensa mayoría de nosotros prácticamente inimaginables y como es evidente para este selecto sector de la población sí puede haber una feliz Navidad y un próspero año nuevo que les permite acrecentar inmensamente las fortunas que poseen, resulta pues verdaderamente contrastante la manera de celebrar entre la inmensa mayoría de nuestra población que encandilada por la propaganda de ésta época se desea todo lo mejor del mundo y sólo llega a obtener miserables resultados, quedándose prácticamente con la posibilidad de sobrevivir en el 2006. Para éste próximo año económicamente no se vislumbra nada halagüeño, pues se anuncia que el aumento salarial va a ser solamente del 4 por ciento, que en la práctica se convierte en nada, y es totalmente insuficiente para solventar las necesidades de alimentación, vivienda, salud, hospedaje, alimentación, educación etc. Seguramente la inflación en el próximo año no va a ser del 4 por ciento sino muy superior a éste, derivándose en un empeoramiento de las condiciones de vida de campesinos, colonos, obreros, etc. A lo anterior hay que sumarle el desempleo anual, seguramente empeorado por un posible decremento de la migración dado los problemas con Estados Unidos, y a otros tantos problemas sociales y políticos por los que atraviesa nuestro país.
Por lo anterior, yo deseo también que podamos enfrentar con fuerza, decisión, claridad y perseverancia los problemas de cualquier tipo el próximo año, pero, aunque también tengo buenos deseos e intenciones para la población y para los agremiados al Movimiento Antorchista, creo que dichos buenos deseos no bastarán para transformar nuestra realidad, poco edificante, sino, solamente con trabajo tesonero, con inteligencia despierta, y persistencia en la corrección de los errores podremos remontar muchas situaciones y forjar una felicidad más realista y verdadera que la que solamente nos podamos desear. Por cierto, y dadas las elecciones por la Presidencia de la República, para quien gane las mismas, seguramente se cumplirán estas promesas, pero, para los partidos que las pierdan van a ser propiamente todo lo contrario. En este sentido quien quiera ganar, que se ponga a trabajar para lograr cristalizar dichos deseos. Esto vale para los políticos, como para cada uno de nosotros.

 

 

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