MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Inevitable

Gabriel Hernández García
Dirigente antorchista en el estado de Oaxaca

03 de diciembre de 2006

Era difícil esperar otro resultado. Cuando menos bajo las condiciones particulares y concretas en las que se libró una lucha errática y ambigua y que significaba, según sus lideres, la caída del gobernador del estado.

El origen y la concepción heterogénea de las diferentes organizaciones que participaron en esta batalla, de seis meses, hacían pensar que el objetivo perseguido no fuera el correcto y necesario (dicho sea de pasada, resultaba ridículo y banal), más bien parecía el temor a la represión que pudiera instrumentar el gobernador en caso de quedarse en el poder y la venganza en contra de quienes habían iniciado y mantenían la revuelta. Dicho en pocas palabras se luchaba más por miedo a las consecuencias, que por un objetivo que realmente significara un beneficio para las clases populares, pues con quitar a un gobernador no se superaban, ni se superan, todo el rezago ancestral que vive el estado de Oaxaca. Quizás por eso (el miedo) la consigna machacona e inútil de “la caída del gobernador”.

Es probable que muchos lideres y organizaciones tuvieran claro que desde el punto de vista económico, político o social, no se estaba arreglando absolutamente nada de los verdaderos problemas que sufren los oaxaqueños. Los verdaderos enemigos a vencer son: la falta de empleo bien pagado; la falta de caminos hacia zonas geográficamente muy marginadas; la falta de servicios como agua potable, drenajes, pavimentaciones; la humillación y desamparo legal de muchos indígenas oaxaqueños; la falta de recursos económicos para educar, curar y vestir a los hijos, en fin una gran cantidad de rezagos en infraestructura, empleo, educación y salud que nunca se han superado en Oaxaca y que necesitan hacerlo. Considero que estos son algunos de los principales problemas que hay que afrontar y para eso hay que crear o fortalecer una verdadera y autentica organización del pueblo que, nos guste o no, todavía no existe y que urge crear. En Oaxaca somos más de tres millones y medio de ciudadanos y no solamente setenta mil o cien mil individuos, que, se dijo, fueron los que pudieron haber participado en los mejores momentos del movimiento. Eso significa que aun cuando hubiesen tomado el nombre de Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO, esto nunca fue, ni ha sido así, pues siempre se trato de una exigua minoría, que radicalizada pero con poca claridad teoriza, no sabia propiamente ni hacia donde iba.

Si coincidimos en que los verdaderos problemas son el subdesarrollo y que para atacarlos es necesaria la más grande y autentica organización del pueblo, queda claro que en la lucha pasada, ni se buscaba la solución de dichos problemas ni participaba todo el pueblo.

Si a lo anterior le sumamos la actitud provocadora e irracional de muchos actores de esta lucha política; si le sumamos de que con el pretexto de atacar al gobierno y a sus instituciones, se afectó a particulares en sus bienes, muebles e inmuebles, que se lastimó enorme y gravemente a la educación, al empleo y a la seguridad pública de todo el pueblo (cosa por demás incomprensible), se vislumbraba claramente que una lucha de tales características prácticamente estaba condenada al fracaso.


 

 

 

 

 

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