Es usted mexicano ¿de primera o de segunda? ¿No
le parece justa la clasificación? ¿le parece incorrecta?
No importa, de todas maneras lo es. Y es que la clasificación
planteada no depende propiamente del gusto o no de las personas,
es decir de que quieran quedar incluidas en tal o cual lugar,
sino de su realidad económica y social la cual no varía
por hecho de sentirse parte de una clase social privilegiada
o excluida. Tampoco a mi me parece positivo el hecho de que
algunos individuos tengan todas las posibilidades económicas
para gozar de la riqueza social en forma ilimitada y en cambio
otros se contenten con lo mínimo o con el disfrute de
la riqueza de segunda mano o de mucho menor calidad.
Veamos esto con mayor detenimiento.
Un altísimo porcentaje del parque vehicular de los mexicanos
está en pésimas condiciones y pone en grave riesgo
la seguridad y la vida de quienes usan ese tipo de vehículos.
Una parte de dichos vehículos, es adquirida en la zona
fronteriza de nuestro país, actualmente en Estados unidos
o bien simplemente son vehículos que la mayoría
de los mexicanos usamos de segunda mano, es decir no los adquirimos
nosotros directamente de la agencia, sino que se compran a quienes
ya no quieren usarlos y por lo tanto nos lo venden ya siendo
mercancía de segunda, en ese sentido es fácil
observar en todas las ciudades de nuestro país vehículos
que casi se deshacen al circular o mas o menos bien conservados,
pero que son una verdadera reliquia como piezas de museo y que
muchas veces son los causantes de una contaminación mayor;
sin embargo la necesidad de utilizarlos obliga a la reparación
infinita de los mismos. Claro está que usar vehículos
usados de segunda mano no es un gusto sino una absoluta e imperiosa
necesidad debido a la falta de recursos para adquirir uno nuevo
en las agencias de carros nacionales, cuyo precio lo pone fuera
del alcance de las manos de la inmensa mayoría de la
población que pueda adquirir un vehículo. Le pregunto
¿Qué carro usa usted, de primera o de segunda?
En cuanto a la ropa ¿dónde la compra? ¿Palacio
de hierro, fabricas de Francia o Liverpool? O en tianguis populares
o ya simplemente en los bazares de ropa usada proveniente de
Estados Unidos. La mayoría de la población que
conozco no viste ropa cara y en casos verdaderamente extremosos,
que son muchos, sobre todo en el caso de la población
campesina, su vestido no es de su talla, esta remendado múltiples
veces y en varios casos se está prácticamente
deshaciendo en hilachos. Otra vez la pregunta ¿usa ropa
cara e importada? O bien de segunda como ya lo dijimos.
En el caso de las películas o los discos compactos(
para quien puede usarlos) es evidentísimo la característica
de ser de primera o de segunda pues un disco original tiene
un precio de doscientos pesos o más y en cambio una película
pirata puede costar de treinta a diez pesos, o bien un disco
de música original viene también prácticamente
valiendo lo mismo, para alguien con solvencia apretada definitivamente,
difícilmente va adquirir un disco o película de
doscientos cincuenta pesos pudiendo gastar diez o veinte en
el “mercado negro”. También aquí es
fácilmente entendible que la calidad de la película
en cuanto a color y sonido deja mucho que desear, pero quien
la adquiere, sacrifica la calidad de la misma por el dinero
que puede pagar, es decir otra vez nos colocamos en la categoría
de ciudadanos de segunda. Y estos son los que tienen televisión
a color, y posibilidad de comprar un DVD o un modular, pero
la gran mayoría de la población ni ve películas
ni compra discos, sino solamente oye su radio o solamente escucha
las noticias por terceras personas. Estos ciudadanos seguramente
han de ser de tercera o cuarta categoría.
Lo mismo podemos decir en cuanto a la comida, pues hay individuos
con solvencia económica para comer en los mejores restaurantes
de cada ciudad o del país gastándose lo que deseen
en dichas comidas y en cambio hay otros que tienen que comer
en fondas, en las taquerías callejeras, o simplemente
galletas con refresco. La misma pregunta, ¿dónde
y que come usted? Lo mismo podemos decir para los estudios de
nosotros o de nuestros hijos, si son en escuelas públicas,
privadas o en el extranjero, la pregunta es ¿dónde
y cuanto tiempo estudió? Para la justicia, ¿ha
ido usted a la cárcel por delitos menores o tuvo dinero
para pagar abogados y fianzas? Los romanos decían que
la justicia era como la telaraña; atrapaba los insectos
pequeños y dejaba pasar a los grandes. ¡Qué
tan fuerte económicamente es usted para pagar la justicia!
Como puede verse la enumeración puede seguir siendo
infinita y cada quien en función de los beneficios o
la exclusión de los mismos puede situarse en la categoría
de primera segunda o tercera. Nos guste o no.