En Valles Centrales de Oaxaca el polvo no se come, ni en ningún
lado que yo sepa, cuando menos no como una forma de nutrirse;
los magueyes o los arbustos de esta tierra tampoco sirven para
la alimentación humana; el agua del río “Atoyac”
o del “Salado” no sirven para el riego de nuestras
tierras y es escasa, o casi nula, en su mayoría estas
aguas corrientes están contaminadas por todo tipo de
solventes a cual más nocivo para la salud; la ganadería
extensiva practicada hasta hoy es raquítica en cantidad
y los animales tienen poco peso o baja producción debido
a la mala alimentación derivada de la escasa vegetación
existente en la zona. En la Mixteca la situación es todavía
peor, pues las escasas lluvias impiden casi cualquier tipo de
agricultura de riego y en las zonas donde hay bosques éstos
no alcanzan a ser tan abundantes en madera, por ejemplo como
en la Sierra Norte o Sur, también las fuentes de empleo
son prácticamente nulas ¿Qué futuro puede
esperar así el hombre o la mujer de la Mixteca? En la
Sierra Norte y Sur hay madera en algunas comunidades, y se explota,
pero no ha redundado en grandes proyectos que culminen con la
industrialización de la misma y se vayan creando fuentes
de empleo que permitan la manutención cómoda de
sus habitantes, pues se vende en rollo y las ganancias en su
mayoría se las llevan los dueños de los aserraderos
o de quien llega a producir, industrialmente, puertas u otro
tipo de muebles con la madera serrana. Las escasas tierras cultivables
de las Sierras tienen una pendiente tan exagerada que impide
la utilización de maquinaria pesada o sofisticada y por
lo tanto la agricultura es prácticamente de subsistencia.
En la costa hay buenas tierras y una agricultura más
próspera, pero las pequeñas propiedades de los
campesinos les impiden invertir gran capital (además
de que no lo poseen) y si bien es cierto hay jornaleros, éstos
son hombres y mujeres que debido a la miseria en la Sierra Sur
y a que ya no poseen tierras o bien éstas son de ínfima
calidad, bajan a la costa y son empleados en las empacadoras
de limón, de papaya, etc., pagándoles 40 o 50
pesos diarios, lo cual no los saca para nada de su miseria.
Los ríos que bajan hacia el Pacífico no son grandes
y llevan parte de la contaminación descrita, produciendo
pocos peces comestibles. Litorales y mar tenemos en abundancia,
podríamos obtener pescado bueno y barato, pero no hay
flota pesquera, ni particular, ni colectiva, así como
tampoco opciones de crédito para adquirirla y es, por
lo tanto, escasa la explotación marítima, (por
cierto, esto hace muy cara la venta de pescados y mariscos,
en lugares junto al mar).
En la Cañada la situación es similar y ¿para
que seguir hablando de una realidad tan lacerante y cruel como
la que viven los campesinos y obreros en nuestro estado y en
el país? Cualquiera sabe que la situación del
campo y la ciudad, de este lado de la frontera está para
llorar y por lo tanto hay que buscar opciones de supervivencia
aun a costa de arriesgar la vida.
Los micro-changarros de Fox, son, o han de ser tan “micros”
que no se ven por ningún lado, no han significado ni
impactado en la economía mexicana ni en micro-regiones,
ni en zonas amplias, ni en el estado ni en nada; la educación
impartida en nuestras escuelas es pésima, a grado tal
que, según la OCDE, de 27 países encuestados en
matemáticas y en lectura ocupamos el último lugar.
Nuestros niños y jóvenes no tienen la mira puesta
en ser excelentes técnicos para aumentar el rendimiento
y la productividad y, menos, mucho menos, en llegar a ser científicos
que revolucionen la ciencia y la técnica para el bien
de su país y de la humanidad, somos un país productor
de mano de obra que en cuanto nuestros niños están
en la posibilidad de empezar a trabajar, inmediatamente son
atraídos hacia Estados Unidos y utilizados para crear
parte de la riqueza de éste país.
Nadie, absolutamente nadie puede negar la importancia de las
grandes manifestaciones ocurridas el día primero de mayo
del presente año, tienen una gran significación
y relevancia para quienes viven la explotación y discriminación
para nuestros paisanos en Estados Unidos, de ahí la gran
cobertura que estas actividades han tenido en los medios de
comunicación, ponderando las pérdidas calculadas
en más de cinco mil millones de dólares y las
implicaciones y repercusiones de estas manifestaciones. Como
se ha expresado anteriormente, enhorabuena porque nuestros paisanos
despiertan y empiezan a tratar de lograr condiciones dignas
y justas para su trabajo, bien por ellos y por su lucha, pero
el fenómeno migratorio y las marchas mencionadas solamente
son efectos de una causa y aunque ponderemos dicho efecto, en
México no se está atacando la causas de la miseria
y no se está educando con calidad y objetivos claros
e integrales a nuestros jóvenes, no se crean fuentes
de empleo suficientes (a pesar de lo que diga el presidente).
Ni se pagan buenos salarios pues éstos son verdaderas
miserias, y para colmo ahora se reprime, se golpea y se mata
a los obreros y luego se les culpa de ser ellos los responsables
de su propia muerte. Reitero nuevamente mi posición:
que viva la lucha de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos
pero, para que nuestra nación sea solvente y poderosa
económicamente hablando y evitemos que nuestros hermanos
se vayan a ese país y sean explotados y vejados como
hasta ahora, necesitamos poner el remedio aquí en México,
y para eso, hacen falta más que discursos y buenas intenciones.