La iguana corrió sobre el suelo balanceándose
grotescamente y levantando pequeñas nubes de polvo al
impulsarse con sus extremidades. Camilo, al mirarla, no dudó
un segundo en seguirla pues desde pequeño había
consumido la carne de este reptil y, según su paladar,
ésta era una de las carnes mas exquisitas.
....El animal corrió durante
cuatro o cinco metros en dirección a una palma de coco
y en cuanto la tuvo cerca empezó a trepar ágilmente.
Camilo, desesperado, aceleró los pasos para intentar
atraparla de la cola antes de que subiera a lo alto de la palmera;
no tuvo necesidad, a una altura de metro y medio la iguana disminuyó
su velocidad y a los dos metros de altura se detuvo satisfecha
y orgullosa de haber quedado a una altura mayor que la del hombre
que la perseguía. Volteó hacia abajo y lo observó
con curiosidad, quedándose perfectamente anclada sobre
el tronco de la palmera, prácticamente como si la gravedad
no le afectara o fuera parte del mismo tronco. Camilo observó
lo anterior, llegó cerca de la palmera y tomó
a la iguana de la cola, jalando hacia abajo pero, curiosamente,
el reptil no se inmutó y se mantuvo pegado al tronco
del árbol, como si no pasase nada. Camilo, seguro de
que podía desprenderla, azotarla contra el piso y matarla
de esa forma tiró con mas fuerza, pero sin ningún
resultado; no creyendo lo que sucedía agarró con
las dos manos la cola del garrobo y tiró con todas sus
fuerzas, nuevamente sin conseguir su objetivo, lo intentó
nuevamente e incluso se colgó de la cola que tenía
tomada, con idéntico resultado. Lo intentó dos,
tres, cuatro veces más y nada. Convencido de que por
esa vía no podría lograrlo, ideó otras
formas sin encontrar ninguna efectiva en esas circunstancias
y, después de imaginarse varios procedimientos más,
se dirigió desconsolado hacia su casa para intentar buscar
algún arma u otra herramienta para capturar a la iguana
en caso de que la encontrara una vez de regreso.
....Llegó su casa después
de haber caminado cinco kilómetros y empezó a
buscar instrumentos para lograr su objetivo. Pensándolo
bien, ensilló su caballo, tomó una cuerda y enfiló
nuevamente hacia donde había dejado a la iguana.
....Al llegar, increíblemente,
la iguana seguía en el lugar donde la había dejado,
como si no pasara nada o quisiera retarlo, a quien sabe que
cosa. Observándole, Camilo sintió como si la iguana
se burlara de el y lo invitara a probar fuerzas para desprenderla.
Pero esta vez Camilo llevaba la cuerda y el caballo y acercándose
vio que quedaba un hueco entre las extremidades superiores e
inferiores, por lo que metió la cuerda, le dio otra vuelta
y amarró la iguana con un lazo de los llamados “de
cochino”, para jalar de ella y evitar que al arrancarla
del tronco pudiese huir. Se subió al caballo y dándole
vueltas al otro extremo de la cuerda sobre la cabeza de la silla
de montar espoleó al caballo para que empezara a jalar
de la dichosa iguana.
....La cuerda se tensó y
el cuerpo de la iguana al estirar la cuerda se apretó
un poco, pero nada más. El caballo tiro con más
fuerza y tampoco hubo ningún efecto. Casi no creyendo
lo que veía y estaba sucediendo, Camilo espoleó
más rudamente su caballo para que tirara con más
fuerza sin lograr absolutamente nada. Imagínese el cuadro:
la iguana pegada al tronco, la cuerda a la iguana, y el caballo
estirando de la iguana. ¿Cómo de caricatura no
cree usted?
....Camilo siguió insistiendo
sin lograr su objetivo; el caballo, molesto por los golpes recibidos
y por el esfuerzo realizado, seguramente pensando que su amo
estaba loco por intentar tirar palmeras estirándolas
con un lazo, se esforzó más e intentó nuevamente,
esta vez el caballo agachó la cabeza, como cuando se
tira de un arado y hundió sus patas en el piso, poniendo
todo su esfuerzo en intentar lograr lo que su amo pretendía.
Las pezuñas del caballo se hundieron algunos centímetros
en la tierra polvosa y así duró durante dos o
tres minutos obteniendo idénticos resultados. La tensión
de los músculos del equino y el sudor que empezó
a brotar eran pruebas evidentes de que efectivamente estaba
tirando con todas sus fuerzas.
....Camilo observando lo anterior
y no sabiendo si vivía una pesadilla o algún encantamiento,
se bajó del caballo, se acercó a ver a la iguana,
revisó la cuerda, se acercó a su caballo, que
para esos momentos sudaba ya copiosamente, y confuso sin saber
cómo ni por qué, desató la cuerda a la
iguana y como si creyera que la iguana podía entender
le dijo:
....¡Ahora vuelvo, vas a
ver!
....Subió a su caballo y
emprendió el camino a su pueblo a contarle a su compadre
Melitón, a riesgo de que lo juzgase de loco, lo ocurrido,
para pedirle su tractor, regresar, e intentar nuevamente apoderarse
de la dicha y famosa iguana que más parecía de
hierro que de carne y más un cuento estúpido que
algo real...