Mario Benedetti hizo una poesía llamada “¿Qué les queda a los jóvenes?”, en ella expresa la preocupación de los hombres adultos sobre el futuro de los jóvenes, que se presenta con poquísimas perspectivas que les permitan desarrollar sus cualidades artísticas, deportivas académicas y humanas. Efectivamente, es verdaderamente preocupante conocer la actividad diaria y el pensamiento de mucha de nuestra juventud, desde que entra a la pubertad hasta que llega a la madurez. Las actividades diarias, además de las simples y corrientes (bañarse, comer, dormir, vestir etc.)
Son: estudiar, los que pueden y después “perder el tiempo” en actividades poco productivas. Justifican su pérdida argumentando hacer tareas, pero, la absoluta mayoría de ellos, ni la realiza bien o simplemente no la hace. Es decir, que para una parte importante de los jóvenes que tienen la oportunidad de estudiar, su actividad se reduce a “dizque estudiar” en las mañanas y hacer tareas por las tardes.
Pero, salvo excepciones honorables y honrosas, el estudio que realizan es superficial y deficiente y el cumplimiento de sus tareas lo es más. En la mayoría de los casos se constriñen a sacar fotocopias de libros o a imprimir una página de Internet, sin estudiar con dedicación, concentración y profundidad todos y cada uno de los planteamientos que llegan a presentar como “tarea cumplida”.
¿Qué hacen pues estos jóvenes en todo su tiempo libre? No se dedican a estudiar literatura clásica; no se ponen a realizar deporte con tenacidad y disciplina; no practican la pintura, la danza y el baile; no leen ni ensayan teatro; no se emocionan ni sensibilizan con la poesía. Con actitudes así, resulta imposible que algunos de ellos pudieran pensar en fines altruistas o pensar en que podrían dedicar parte de su tiempo a ayudar a asesorar y a dirigir a una parte importante de la población, colonos, campesinos y obreros. Es decir, no piensan en ser útiles a la humanidad ni a sus semejantes.
Su tiempo libre es usado para escuchar música a todo volumen, o con sofisticados aparatos como DVDS, IPODS, Celulares etc.; otros jóvenes se han vuelto adictos a los juegos en las “maquinitas”; algunos se pasan horas enteras en videojuegos, ante la computadora o con el celular; una parte importante, inocente y estúpidamente quieren probar las drogas y si llegan a hacerlo, se sumergen, sin que lo sepan ni deseen, en un verdadero infierno del que difícilmente pueden salir.
Los hay también que, sin medir consecuencias, empiezan a ingerir bebidas embriagantes, convirtiéndose sin que lo sepan, poco a poco en alcohólicos. También hay quienes no piensan más que en estar a la moda comprando camisas, vestidos, pantalones de los que anuncian en la televisión y otros en cortarse el pelo, tatuarse, perforarse y colocarse diferentes tipos de objetos.
Hay otro tipo de jóvenes fanáticos del graffiti, de los equipos de futból o simplemente de los chismes que se crean en torno a las “estrellas del cine y la televisión”. Todas estas actividades no les dejan absolutamente ningún provecho, ni en lo individual ni en lo colectivo.
Obtenemos así una generación, o varias, de jóvenes que piensan y actúan banalmente, sin objetivos nobles, buenos, y productivos para ellos y para la clase a la que pertenecen.
Jóvenes cuyo individualismo es llevado a su máxima expresión y el “valemadrismo” hacia toda preocupación de tipo social que mejore las condiciones materiales económicas y sociales de las masas pobres de nuestro país.
Nuestros jóvenes no piensan, ni quieren pensar que parte de su obligación podría ser ayudar a sus semejantes. Esta idea está total y absolutamente desterrada de su cerebro y su conducta.
No hay la mínima consecuencia siquiera con el planteamiento elemental del cristianismo en el sentido de “dar de comer al hambriento, de beber al sediento y de cubrir al que este desnudo”.
En una sociedad tan miserable como la nuestra, cumplir con ese mandamiento cristiano no ha quedado olvidado ni desfasado, sino que está totalmente vigente. Esto lo deberían saber los adultos e imbuírselos a los jóvenes, so pena de que cuando los jóvenes se conviertan en adultos dejen abandonados a sus padres o bien se encaminen hacia el alcoholismo, drogadicción u otro tipo de vicios.
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