¿Le aterra la muerte? ¡Se va a morir! ¿No le gusta?, ¿la ignora?, ¿le es indiferente? ¡También se va a morir!; ¿la reta?, ¿se burla?, ¿la busca? ¡Igualmente se va a morir!; ¿La respeta?, ¿la quiere?, ¿la desea? ¡Morirá también!
.....Y es que la vida, como el tiempo, sólo tiene una dirección y va, como dijo el poeta “de la vida a la muerte y de la nada a la nada”.
.....Para estar a tono con los días que corren, me he permitido recopilar y transcribir la opinión, sobre la “muerte”, de algunos escritores importantes. Shakespeare, en su obra Hamlet, cuando éste visita un cementerio, se encuentra con los “sepultureros rústicos”, que han sacado una calavera perteneciente a Yorick, ahora muerto, y que anteriormente fue bufón del rey y cuyos únicos vestigios, son sus huesos y su calavera, ante los cuales exclama Hamlet: “¿qué fue de tus chanzas, tus piruetas, tus canciones, tus rasgos de buen humor, que hacían prorrumpir en una carcajada a toda mesa? ¿Nada, ni solo un chiste siquiera para burlarte de tu propia mueca? ¿Qué haces ahí? Con la boca abierta, vete ahora al tocador de mi dama que, aunque se ponga el grueso de un dedo de aceite, ha de venir forzosamente a ésta linda figura”. Shakespeare sabía, perfectamente, que nadie, absolutamente nadie escapaba de la muerte y terminaba, lo mínimo, en una triste calavera y posteriormente en polvo, como lo expresa un poco mas adelante en la misma obra.
.....José Martí, poeta y revolucionario cubano del siglo pasado, al hacer un reconocimiento a Alfredo Torroella ponderando las virtudes que había tenido, termina su discurso para honrar la memoria de este poeta diciendo, “¡Muerte! ¡Muerte generosa! ¡Muerte amiga…! ¡Seno colosal donde todos los sublimes misterios se elaboran; Miedo de los débiles; placer de los valerosos; satisfacción de mis deseos; paso oscuro a los restantes lances de la vida; madre inmensa, a cuyas plantas nos tendemos a cobrar fuerzas nuevas para la vía desconocida donde el cielo es más ancho, vasto el límite, polvo los pies innobles, verdad, al fin, las alas; simpático misterio, quebrantador de hierros poderosos, nuncio de la libertad… te hemos robado un hijo…! ¡Digno era de ti, pero nos hace falta..!” “Búscalo si lo quieres en el hogar de los desnudos, junto al lecho de los enfermos, en el corazón de los honrados, en la grave memoria de los hombres, en las pálidas almas de las vírgenes. ¡Pero si tanto has de arrancarnos para llevarlo a tu hondo seno, ¡ay! nunca vengas, que las vírgenes y los honrados nos hacen mucha falta!
.....¡Muerte, muerte generosa, muerte amiga! ¡Ay! ¡Nunca vengas!
.....Martí sabía lo profundo, misterioso e infinito de la muerte, así como su inevitabilidad.
.....Miguel Hernández, al conocer la muerte de Federico García Lorca, en su poesía Elegía primera le compuso los versos siguientes: “¡Qué sencilla es la muerte: que sencilla, pero que injustamente arrebatada! No sabe andar despacio y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada. Tú, el mas firme edificio, destruido, tú, el gavilán más alto, desplomado, tú, el más grande rugido, callado, y más callado, y más callado. Muere un poeta y la creación se siente herida y moribunda en las entrañas. Un cósmico temblor de escalofríos mueve terriblemente las montañas, un resplandor de muerte la matriz de los ríos. Y, en su poesía Sentado sobre los muertos: “Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte”. Miguel Hernández sentía la necesidad de contar con los seres queridos y el profundo dolor que implica su pérdida.
.....Pero la muerte no se va a detener por nada y la desaparición física de las personas seguirá presentándose a cada segundo y de todas las formas posibles. La muerte no descansa nunca.
.....Por esa razón, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, Dirigente Nacional de Antorcha Campesina, en un artículo, donde reconocía el valor artístico y humano de Víctor Puebla “El Divo” expresó, refiriéndose a éste: “La única inmortalidad posible a que puede aspirar un hombre es su permanencia eterna en el recuerdo de quienes lo reconocieron y amaron; que un hombre sólo muere del todo cuando lo cubre en forma definitiva, como pesada lápida que ya nadie puede remover jamás, el olvido absoluto de sus contemporáneos y de las generaciones venideras.
.....Para terminar mi artículo, transcribo un último fragmento de José Martí: “La vida hay que vivirla con bravura, a la muerte hay que esperarla con un beso”. Y, cuando ésta llegue hay que morir como “el tigre, que muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire”.
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