Segunda parte. El Pajarero.
Los “copetones” son solidarios; pero su solidaridad
es fatal.
Teníamos siempre un “copetón” manso
que colocábamos en la jaula de tres compartimientos.
Poníamos este pájaro manso en la parte de en medio
y abríamos las “jaulas trampa” de los extremos,
colocando frutos de berenjena y luego subiendo la jaula a los
árboles. El “copetón” manso, quien
sabe porqué, empezaba a cantar como llamando a otras
aves de su misma especie, seguramente indicándoles donde
había comida e invitándoles a llegar a comer.
Y llegaban, pero justamente a las trampas que nosotros habíamos
preparado y eran capturados, todo por un llamado de falsa solidaridad.
....El hambre es una de las necesidades
más elementales del hombre y de los seres vivos.
.... Para los animales salvajes
que emplean todo su día en buscar alimento y reproducirse,
el encontrar comida es algo espontáneo y casual. La mayoría
de las veces pueden pasarse horas sin encontrar nada que comer
y por eso cuando encuentran en abundancia comen lo máximo
posible, pues saben, por instinto, que probablemente no vuelvan
a encontrar alimento en mucho tiempo. Nosotros sabíamos
esa necesidad básica y por eso utilizábamos la
jaula de dos compartimentos colocando en el interior( con la
suficiente maña para que las aves tocaran o pisaran la
vara que activaba la trampa) berenjena o “jabonera”
y colocábamos la trampa en los árboles de “elites”
que crecen en las márgenes de los arroyos y donde sabíamos
que llegaban o podían llegar jilgueros, “mulatos”,
“primaveras” y “copetones”, estos, inconsciente
e ingenuamente, como todos los seres sin malicia, ubicaban y
distinguían por la vista o el olor las frutas colocadas
en las trampas, entraban a comer, sin saber o sin poder evitar,
el mecanismo que cerraba la puerta, lo accionaban cerrándose
ésta, dejándolos aprisionados sin que comprendieran
de que forma ni porqué.
....Podían intentar lo que
quisieran, chillar, estrellarse contra los “barrotes”
de carrizo o querer levantar la puerta, pero esta tenía
la suficiente presión para impedírselos y ahí
se quedaban sin comprender, seguramente nunca, como era posible
que su anterior libertad que les permitía ir prácticamente
a donde desearan ahora les impedía salir de ese minúsculo
espacio en el que habían quedado atrapados.
....Mi padre y yo no sabíamos
nunca cuándo, ni cuántos pájaros podíamos
atrapar, por lo que, algunas veces esperábamos pacientemente
vigilando de lejos las jaulas donde podíamos apresar
las aves. Muchas veces el capturar uno o varios pájaros
era rápido, pero la mayoría de ellas teníamos
que esperar horas e incluso días para tener éxito.
....A los jilgueros los capturábamos
solamente colocando las trampas a la orilla de los arroyos,
dejándolas todo el día y yendo a verlas en las
mañanas, a medio día y en las tardes. Claro, si
había caído alguno lo sacábamos de la “jaula
trampa” y lo guardábamos en el “jaulón”.
Todo dependía de la época del año, de la
abundancia de pájaros, de la emigración de los
mismos y de la suerte de cada uno de nosotros, los pajareros.
....A mi me daba tristeza comprobar
que a estos pobres pájaros los habíamos apresado
por su necesidad de comer, y por su ingenuidad, es decir perdían
su libertad por comer. Tal y como le sucede a muchos de los
hombres, quizás entre ellos yo, que nos sentimos atrapados
por nuestra situación económica y que no podemos
ir, aunque quisiéramos, a donde nos plazca. Los pájaros,
por hambre, quedaban prisioneros para siempre y su futuro no
tenia nada halagüeño, pues perdían a sus
hembras o machos y la libertad que hasta entonces habían
tenido para ser vendidos en ciudades lejanas, donde serían
alimentados con comida que no era a lo que estaban acostumbrados
y tendrían que vivir en jaulas pequeñísimas,
algunos de ellos sin volver a ver la luz del sol. Estaban condenados
a vivir y a morir en esas condiciones, que evidentemente no
tienen nada de agradables. Yo pensaba muchísimas veces
sobre esto, pero, también estaba atrapado por mi hambre
y aunque lo razonara, tampoco tenía muchas opciones para
vivir y comer. Por eso, tenía que dedicarme a su captura.
....Yo también estaba encarcelado
por mis barrotes de hambre.
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