Querido Santa Claus, he decidido escribirte esta carta para pedir que me concedas algunos deseos, que, durante muchos años he esperado en este mes de diciembre o, ya de perdida, aunque se tardaran un poquito, el 6 de enero. Todos los encargados de traer regalos a los niños en estos tiempos, o de conceder deseos, a veces lo hacen y, me parece, que a la gran mayoría de ellos se les olvida, están enojados, o se abruman de tanto trabajo que, cuando menos en mi caso, y de muchos que conozco, no nos han cumplido ni nos han traído, prácticamente nunca juguetes.
Hace algunos años le pedía juguetes al “Niño Dios”, después, como veía que no me hacía caso, quizás por ser niño él también, se los pedí a los “Santos Reyes”, porque había oído que a ellos les gustaba darle un poco de felicidad a los niños, trayéndoles regalos un determinado día del año. Sin embargo, ya sea porque eran extranjeros y/o porque ellos solamente les regalan a los hijos de reyes, o porque yo vivo en una república y ellos en la monarquía, lo cierto es que tampoco me han traído nada y, desesperado porque ya son muchos años sin que me toque regalo de navidad, acudo a ti para ver si tú si me cumples.
Tengo la esperanza de que como eres viejo, comprendes mejor a los niños y como tienes cara de “bonachón”, que se denota más con tu pelo y barbas blancas, a lo mejor puedes tener más tiempo, dinero y buen cuidado para que este año sí me toque el regalo que tantas veces he pedido.
Te quiero decir que si no me cumples, la verdad es que voy a creer que te pareces mucho al gobierno de mi estado, que nos promete mucho y no nos cumple nada. ¡No me vayas a fallar! ¡Por favor! mira que si no lo haces, verdaderamente que me voy a enojar y a la mejor te agarro a pedradas la próxima vez que te vea, porque eso lo aprendí de la APPO en Oaxaca.
Mira, Papá Noel, porque también sé que así te dicen, estoy consciente de que te estoy hablando de “tu”, pero es que son tantas veces las que he pedido juguetes el fin de año y que nadie me los ha traído que ya casi dejé de ser niño y estoy molesto porque casi nunca me han hecho caso.
He pedido juguetes de esos que se ven en la televisión y no sé por qué, espero que no sea por discriminación, sólo me han traído juguetes de los que he visto siempre en el mercado de abastos. No seas flojo, ni codo esta vez, me tienes que traer juguetes bonitos, no los vayas a comprar en el mercado. Si es que los vas a comprar quiero algo caro y lujoso, como los que les traes a mis amigos y que luego me andan presumiendo y, claro, jodiendo todo tiempo, porque seguro que lo hacen para que me dé envidia ¿No crees?
Te escribo esta carta en estos primeros días de diciembre para que tú la tomes en cuenta, en primer lugar, pues creo que si te llega primero que todas las demás, le vas a poner mas atención que a otras, pues tengo entendido que el que es “primero en tiempo, es primero en derecho”. No me vayas a salir con que “los primeros serán los últimos y los últimos los primeros” porque entonces ya me fregué otra vez.
Tampoco me quieras poner como pretexto que me he portado mal todo el año, porque ¿cómo me iba a portar bien? ¿Qué significa portarse bien? Quieres decir con eso ¿que me bañe a diario?, ¿que me ponga ropa limpia?, ¿que no ensucie mi ropa? Ahí esta muy difícil el problema. No me puedo bañar a diario, porque en la colonia donde vivo no hay agua y cuando llega (que es raro) llega poco tiempo. Mi papá me ha dicho que los antorchistas les han solicitado muchas veces a los gobiernos municipal y del estado este servicio y que están como tú, que seguramente no quieres dar nada. Cómo me voy a cambiar de ropa a diario, si mis papas tampoco tienen dinero para comprarme suficiente y bonita. Si eso me pides, no he podido ni voy a poder cumplirlo.
No me digas que no me peleé con los demás, a la escuela donde voy, los niños, “popis” o “pirrurris”, aunque no lo sean, pero que se creen, me miran con desprecio y me quieren humillar; eso no me gusta, no me dejo y, pues nos damos de “catorrazos”. ¿Tú crees que esté bien que deje que me menosprecien? Por eso tampoco me puedo portar bien.
No me salgas con el pretexto de que ese trineo en el que vienes, no puede llegar hasta mi colonia porque las calles están llenas de piedras, baches y de lodo. También mi papá me ha dicho que esa gente, a la que llama Antorcha, viene pidiéndoselo al presidente municipal y éste, seguramente, guarda u olvida las solicitudes como las que anteriormente he mandado, que no han tenido respuesta y, así dice mi papá, el presidente nunca da respuestas.
Entonces Santa Claus, no me digas que no lo merezco, que no puedes o que se te olvidó, porque entonces voy dejar de creer en ti, en los Reyes Magos y en todo lo demás y a empezar a creer, como los adultos en las clases sociales, en los privilegios de unos cuantos y en la miseria de la mayoría, cuestiones que todavía no me han interesado y que no he querido creer.
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