MOVIMIENTO ANTORCHISTA


El Cenzontle: furia ciega

Gabriel Hernández García
Dirigente antorchista en el estado de Oaxaca

16 de octubre de 2007

Era el mes de febrero y un día mi padre me dijo:
....-Hoy en la tarde salimos, prepara las jaulas mientras tu mamá nos prepara la comida. Don Casiano me pidió anteayer cenzontles y aquí, en Huamelulpan, no hay; por lo tanto tenemos que ir a buscarlos hasta cerca de Petlalcingo; en este tiempo, febrero y marzo es la temporada en que podemos atraparlos.

....Efectivamente, a las cuatro de la tarde abordamos un autobús que en dos horas y media nos llevó delante de Huajuapan de León, a la altura de “Salitrillo”, a donde llegamos a las seis y media de la tarde. Empezamos a caminar en dirección a Tepejillo y San Miguel Ixtapa, pero a poco tiempo recorrido nos desviamos de la carretera y bajamos a una barranca que nosotros conocemos como “barranca salada”, siguiendo su curso en sentido descendente; en estos meses no lleva agua ni por equivocación, y su fondo, en algunas partes arenoso, crujía con nuestros pasos y nos dificultaba la marcha, que tuvimos que realizar por más de una hora. Ya en el monte, y cerrada la noche, nos detuvimos, buscando leña para encender una fogata y buscamos un lugar donde hubiera arena más fina para tender nuestras cobijas y pasar la noche.

....Al otro día, a las seis y media de la mañana, nos levantamos y desayunando lo mejor que pudimos, salimos de la barranca y nos internamos en el monte. Ahí, mi padre me preguntó:
....-¿oyes?
....A decir verdad yo no escuchaba gran cosa, pero al poner atención, me percaté de que, efectivamente, se oía el canto extraordinario de un ave que no conocía ni había oído nunca.
....-¿Qué es? Pa´. Le pregunté
....-¿Qué te dije que veníamos a llevar?
....-Entonces, ¿ése es el cenzontle?, nuevamente pregunté.
....-Sí, ¿ya lo ves? Está allá, sobre aquel mezquite.
....Efectivamente, sobre un mezquite se encontraba un ave de larga cola, de color gris, de unos 25 centímetros y que sobre una rama gorjeaba a placer, emitiendo tonos que nunca creí escuchar.
....-Pon ahí las jaulas, y dame el cenzontle manso. Ordenó mi padre
Yo obedecí, y mi padre, separando las jaulas, seleccionó aquélla que en su interior tenía una jaula intermedia; colocó ahí al cenzontle manso, y abrió las puertas de las otras dos “jaulas trampa”. Una vez hecho esto, me dijo:
....-Sube y colócala lo mas cerca de donde está ahora el cenzontle silvestre, y fíjate bien hacia dónde vuela.
....Así lo hice, y lo más rápido que pude subí al árbol, coloque la jaula, y me retiré velozmente, no sin antes fijarme hacia donde se había alejado.

....Mientras estuve cerca del mezquite, el cenzontle silvestre se alejó del lugar donde había estado cantando. Por mi parte, una vez que coloqué la jaula, me fui en dirección a donde había huido el cenzontle para obligarlo a regresar al lugar donde había estado cantando. El cenzontle silvestre, presa de una extraña y febril agitación, dudó todavía algunos momentos para, enseguida, dirigirse furioso hacia la jaula donde estaba prisionero el cenzontle manso. Éste, quizás sabedor de la norma que estaba infringiendo, temeroso y asustado se refugió en lo más profundo de la jaula, donde no pudiera ser alcanzado por la “furia demoníaca” de que estaba poseído el cenzontle silvestre que, sin medir las consecuencias, se estrelló contra la jaula y, al no poder penetrar en ella por donde deseaba, buscó por otros lados de la misma, hasta que, sin comprender mínimamente lo que hacía, ciego de rabia, pues consideraba al pájaro manso como un intruso que pretendía usurpar su territorio y robarle su hembra y su nido, penetró en una de las jaulas trampa” accionando instantáneamente el mecanismo, cerrándose la puerta y quedando atrapado en su interior. Al oír el ruido de la puerta que se cerró fuertemente, quedó estupefacto. Sin saber que sucedía, intentó reaccionar, pero era demasiado tarde. No podía huir de donde estaba. De la rabia pasó al susto y a la desesperación y chocando inútilmente contra las paredes de la jaula se fue cansando hasta que, con las alas caídas y el pico abierto se quedó quieto, sin saber a ciencia cierta qué había sucedido.

....Nosotros, que era lo que esperábamos, no tuvimos que hacer otra cosa más que acercarnos, bajar la jaula, y con cuidado, tomar al cenzontle silvestre para meterlo al jaulón.

....Admirado del conocimiento y astucia de mi padre me puse a pensar que el cenzontle había procedido como muchos hombres, que, indignados e insensatos, reaccionan ciegamente ante un insulto o ante un problema que no dominan y realizan actos como los del cenzontle, que casi siempre los llevan a la cárcel o a la muerte. Es decir, reaccionan por instinto, sin el control de sus emociones y sin el mínimo de inteligencia, y el resultado es desastroso en todos los sentidos: como el cenzontle, que por ese acto tonto y estúpido, estaba ahora atrapado y condenado a vivir el resto de sus días en cautiverio.

....Repetimos la misma operación todo ese día, y al otro, capturando veintidós cenzontles que, ante la captura, se encontraban anonadados y confusos dentro del jaulón y ahora iban a ser trasladados, como esclavos del canto, a lugares insospechados. Nosotros, sabedores de su reacción y del valor que poseían, cada cuatro horas los sacábamos del “jaulón” y les obligábamos, metiéndosela dentro del pico, a tragar comida y agua para que no se nos murieran, pues nos habían costado mucho trabajo.
....Así se procedía también con los esclavos en la antigua Roma.

 

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