Los noticieros de la mañana y de la tarde, así como los periódicos y todos los medios de comunicación nos informan a diario sobre la captura de bandas de secuestradores, de narcotraficantes, de delincuentes del orden común, de extorsionadores etc. Y nos dicen que estos son enviados a la cárcel, por lo que la sociedad puede vivir en paz y tranquilidad, debido a que el gobierno está actuando para protegerla.
Surge, pues, una pregunta: ¿cuántos presos hay y cuántos más pueden caber en las cárceles de México? La mayoría de los gobiernos hablan de una sobrepoblación de las mismas, y si los noticieros dicen la verdad, esa sobrepoblación de los centros penitenciarios se va haciendo cada vez más grande, luego entonces ¿cuándo vamos a parar?
La propaganda oficial dice que los gobiernos federal y estatales, implementan programas para el combate a la delincuencia, destinan cuantiosos recursos para enfrentar a los hampones e instrumentan múltiples estrategias para atrapar a los delincuentes, pero, por lo visto, no han de resultar muy eficaces, porque si así fuera, no se seguirían dando a diario las cifras de bandas organizadas y de delincuentes comunes, que asaltan, que matan, que extorsionan, que secuestran y que al ser descubiertos o atrapados van a dar a la cárcel.
Tal pareciera que entre más se combate al crimen, es mayor su incremento, y es que en la actualidad parece que se cumple la sentencia de que “no se castiga el delito sino la pobreza”. En efecto, sin que eso implique el estar de acuerdo con la delincuencia, cuando observamos las características físicas, la extracción clasista, la posición económica de los individuos que son capturados, resulta que en su inmensa mayoría son gente de extracción humilde y prácticamente no se notan, o no caen en la cárcel, personas de las clases altas.
Y es que la delincuencia tiene una estrecha relación, casi directa, con la posición social de las personas; es decir, delinquen en su absoluta mayoría quienes no tienen dinero para sobrevivir, quienes no han estudiado, quienes no han tenido acceso a la cultura, quienes no se han educado ni capacitado para tener un buen empleo y quienes no pudiendo encontrar un trabajo legal y bien remunerado, no tienen otro remedio que llegar a esos extremos.
También es claro que la tesis anterior no es absoluta; es decir, que hay personas que a pesar de tener otras opciones se dedican a obtener dinero fácil por la vía de la extorsión, del secuestro, del fraude y en general del crimen. Y que estos son doblemente criminales, pues quienes no tienen otra opción y cometen un delito lo hacen obligados por la necesidad, pero quienes teniendo oportunidades, lo hacen con conciencia clara de sus actos, merecen el castigo que la ley impone y el repudio absoluto de la sociedad.
Necesitamos una sociedad que le dé oportunidad de estudios, al nivel que sea necesario o se desee por parte del estudiante, de trabajo, de cultura, de desarrollo social, lo más igualitariamente posible y no una como la nuestra, donde hay lujos exóticos y excéntricos inimaginables y por otro lado una miseria absoluta de una altísima proporción de la sociedad que no tiene para comer, para vestir, ni para vivir dignamente y que obligada, pero incorrectamente, se lanza a la delincuencia para sobrevivir.
Cuando le demos a todos oportunidades, más o menos iguales y aún así haya delincuentes, por flojos, por corruptos o por ser o haberse formado como individuos de mala entraña, entonces tendremos toda la razón para castigarlos con todo el peso de la ley.
En la actualidad pareciera válido el planteamiento de Carlos Marx que expresaba: “el más leve cambio operado en los precios de vida más indispensables hace cambiar la cifra de las defunciones y de los crímenes”. Defunciones que se incrementan por desnutrición crónica de los pobres y crímenes por falta de oportunidades para conseguir un buen empleo.
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