MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Muerte en el mar
Gabriel Hernández García
Dirigente antorchista en el estado de Oaxaca

31 de octubre de 2007

El dinero tiene diversas funciones: medio de circulación, medio de atesoramiento,  medio de pago y dinero mundial. En todas ellas, realmente,  sólo tiene que ser un medio para que la sociedad funcione y así hacer más agradable, más placentera y  mejor la vida del hombre, en relación con los demás animales. Quien pretenda vivir dignamente tiene que utilizar el dinero para satisfacer aquellas necesidades materiales y espirituales,  necesarias  y/o  imprescindibles que le permitan sentirse plenamente desarrollado y satisfecho. Claro, sin caer en el exceso y en los vicios.

Desafortunadamente, en una sociedad  como la nuestra el dinero no es considerado un medio, sino un fin en sí, el fin supremo y último que con tal de lograrlo no se reconocen ni se respetan normas de ningún tipo. En nuestra sociedad y en los momentos actuales se roba, se asesina, se secuestra y se cometen todo tipo de fraudes y delitos con tal de obtener dinero. Se ha convertido a éste en casi lo único sin el cual el hombre no se siente realizado ni contento.

El problema está en que el dinero históricamente se ha venido acumulando en unas cuantas manos, y  seguramente quienes lo poseen no están dispuestos a que los que tienen ambición y desean obtenerlo se lo quiten por las buenas o por la malas. No hay ninguna razón de tipo moral, social o política  que convenza a los dueños del dinero, que tienen acumulado, que éste no solamente les puede ayudar a ellos, sino que bien administrado y distribuido, podría aliviar y solventar las necesidades de muchos miles de millones de hombres que se ven excluidos de la posesión del dinero y de los bienes materiales que este conlleva. Quienes lo tienen en abundancia están enajenados, están profundamente convencidos que deben poseerlo e incluso incrementarlo. Han creado toda una ideología, a nivel mundial, que invita, que incita a obtenerlo por el medio que sea y  considera a quien no lo tiene, como un fracasado, como un ser digno de lástima, como a un “don nadie”, si no posee fortunas significativas, o mínimamente aceptables. Ciertamente que el dinero sirve para satisfacer necesidades, pero no puede convertirse en el fin último y supremo del hombre. Quien así lo entienda y actúe conforme a esto, difícilmente podrá decir que vino a vivir su vida plenamente, pues vivirá temeroso de perder lo que tiene y su ambición nunca tendrá límites.

La gran paradoja que existe en el mundo es que hay zonas geográficas, como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, Japón, etc., donde hay una gran producción de riqueza y donde tienen asentados sus negocios principales los grandes magnates del orbe. Ellos sí que se están enriqueciendo y obteniendo jugosísimas e inmensas fortunas.

Como consecuencia de esto hay zonas en el mundo que no tienen ese gran desarrollo económico y su población está convertida en la más miserable del planeta, sin vivienda, sin educación, sin empleo, sin cultura, es decir, prácticamente sin nada. Los habitantes de esas regiones no pueden seguir viviendo en ellas pues la perspectiva sólo es la  muerte por hambre o desnutrición.  Por esta razón, miles de mexicanos y de diferentes partes del país así como de Centroamérica,  deciden endeudarse para pagar “polleros” que los orienten y lo lleven hacia Estados Unidos; por eso pagan una buena cantidad de recursos, arriesgándolo todo para cruzar la frontera con los Estados Unidos y acceder a un poco de solvencia económica que ayude a su familia a salir adelante. Piensan que con un  poco de suerte y esfuerzo pueden incluso llegar también a hacerse ricos, sueñan con poder hacerlo, y “se ven” en carros de lujo, con grandes residencias y satisfaciendo todos los gustos y placeres imaginables, pues pudieran llegar a ser dueños de grandes capitales y cuentas bancarias.

La realidad se muestra cruel e implacable, ni los que se quedan en las zonas geográficamente empobrecidas llegan a convertirse en grandes magnates, ni los que pretenden llegar a Estados Unidos se enriquecen, y muchas de la veces encuentran la muerte, como los 14 centroamericanos que la semana pasada perdieron la vida frente a las costas del Istmo de Tehuantepec. Verdaderamente, el sueño de llegar a hacerse rico no se concretiza para millones de gentes, y sí se convierte en una pesadilla cruel,  como la muerte en el mar.

 

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