“Yo no pido que den, a mi pónganme donde hay”, decían los priistas y efectivamente lo cumplían. Por eso se ganaron, y bien ganado, el calificativo de corruptos. Quienes así los acusaban tenían razón, en la mayoría de los casos, pues criticaban este mal del sistema, dado que, hace poco mas de veinte años, casi todos los puestos de poder político estaban en manos de personajes que habían salido de las filas del Partido Revolucionario Institucional.
Quienes criticaban a este partido, se suponía que lo hacían porque tenían intenciones verdaderas de oponerse, evitar o corregir esa terrible corrupción en la que estaba inmersa la burocracia; muchos integrantes del mismo partido en el poder, así lo reconocían e incluso sacaban campañas en contra de dicha corrupción. Sus impugnadores aprovechando éste mal, orquestaron toda una campaña abanderando la gravísima corrupción que imperaba en la gran mayoría de funcionarios de diferentes niveles, los cuales se dedicaban a obtener jugosas ganancias cubriendo todas las formas administrativas y legales e incluso sin cubrirlas, pues, resultaban ricos de la noche a la mañana.
Los perredistas y panistas en una supuesta actitud anticorrupción vociferaron hasta el cansancio éste mal. Muchos, quizás ingenuamente, creyeron que erradicar la corrupción verdaderamente era el objetivo de panistas y perredistas. ¡Gravísimo error! Estos han resultado iguales o peor que los priistas. Habría que recordar el caso de Rene Bejarano en el PRD y del “ToallaGate”, solo por mencionar dos casos y no alargar el espacio, pues, ejemplos existen a montones y seguirán saliendo a la luz pública, cuando menos se piense.
Pero, la pregunta es, ¿los priistas aprendieron la lección y han corregido ese defecto? Me temo que no y los resultados de esa actitud los irán excluyendo, les guste o no, de la vida política del país, pues ante golpes tan demoledores, como haber perdido la presidencia de la República, muchas gubernaturas y puestos de elección popular, con desesperación y coraje, puede observarse que su actitud ha variado muy poco o casi nada. Olvido de las promesas de campaña, burocratismo, simulación, inflación de presupuestos y de obras etc.
Me consta que las maniobras para tratar de sacar ganancias de las obras que se realizan son innumerables, muchas de ellas, descaradas a mas no poder. La mayoría de las licitaciones se dan en el papel pero no se otorgan pero no se dan a los mejores constructores, ni a los mas baratos, ni a los mas honestos, sino por múltiples maniobras se otorgan la construcción de obras, a empresas “amigas”, mucha de las veces dichas empresas ni siquiera tienen el conocimiento, la capacidad técnica ni la experiencia para realizar obras; cumplen la figura legal, pero, como se les otorga la construcción de obras, solamente hacen la “finta” y el trabajo práctico lo realizan pequeñas empresas que tienen la experiencia práctica para realizar dichas obras. Claro, la empresa que tiene el reconocimiento de las Secretarías y de los funcionarios cobra el recurso, le paga a la pequeña empresa y se queda con una buena “tajada”, prácticamente sin haber hecho nada. Muchas veces quedándole incluso también a deber a la verdadera empresa trabajadora.
Estas e innumerables maniobras se presentan a diario en diferentes dependencias a lo largo y ancho del país, por eso sigue siendo válido el planteamiento de “a mi no me den, solo pónganme donde hay”, porque lo siguen practicando de todas las formas posibles, pero no solamente quienes han salido del PRI, sino ahora del PRD, del PAN y de todos los partidos políticos, o sea como se dice en el lenguaje del pueblo “no hay ni a quien irle”.
No, no es intención de incomodar o molestar a nadie, en todo caso quien se sienta aludido que se ponga el saco, simplemente se trata de describir una realidad que afecta desafortunadamente el presupuesto estatal y a las comunidades, colonias o pueblos, que se ven imposibilitados así, para superar su atraso en el desarrollo social y del que tanto y por todos los medios posibles pretenden salir.
Que lástima que esto siga ocurriendo, en todo caso, el premio o el castigo lo llevaran los partidos políticos que no sean capaces de frenar o erradicar la corrupción de sus integrantes.
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