Es admirable y magnífico el cuerpo humano. No existe ser vivo en la tierra más complejo y completo que el cuerpo del hombre o la mujer. No hay máquina que se le iguale, ni siquiera que se le acerque en toda la integridad de su habilidad y funcionamiento. Es maravilloso ser parte de la especie humana.
Además de la belleza estética de un cuerpo bien proporcionado del hombre o de la mujer, la capacidad que se tiene para realizar todo tipo de ejercicios, deportes y habilidades es casi infinita e increíble. La fuerza, rapidez, agilidad, capacidad de reacción etc., que el cuerpo humano tiene o puede soportar, resulta admirable por los grados a los que se puede llegar.
Recientemente observé el juego del voleibol, los jugadores, seis por equipo, tienen todo el cuerpo en tensión física y se encuentran totalmente concentrados en el balón que puede ir y venir de un lado a otro de la cancha. El saque puede ser fuerte y complicado, pero normalmente es mas suave y aparentemente inocente, después de ésta fase el equipo que tiene que contestar el ataque, primero le quita toda fuerza al balón, lo domina y lo suspende en el aire, para que el siguiente jugador acomode el balón desde el lugar, la distancia y la forma en que el jugador atacante, que devolverá el balón a la otra cancha pueda realizar éste acto en la forma mas fuerte y demoledora que impida al otro equipo, poder a su vez controlar la pelota y devolver a su vez el ataque. Las tretas, habilidades y mañas para cada uno de los pasos mencionados son infinitas. El jugador que realiza el tercer toque, que significa el ataque al campo contrario golpea el balón con tanta velocidad y fuerza que este sale disparado a una velocidad de seis metros por segundo con la intención de que los jugadores del campo contrario no puedan detenerlo y el balón pegue en el piso. La fracción que el jugador del equipo contrario tiene para reaccionar e impedir que el balón llegue al piso es pequeñísima. En menos de un segundo tiene que calcular dirección, velocidad y posición en que viajará el balón y decidir el movimiento exacto, preciso y la parte del cuerpo que puede utilizar para quitarle el efecto al “proyectil” disparado para que su equipo, a su vez, pueda devolver el ataque para ganar un tanto del partido. Dependiendo de la resistencia, fuerza, inteligencia y experiencia de todos y cada uno de los jugadores podrán ir acumulando tantos en cada jugada hasta que puedan ganar dos de tres partidos o tres de cinco. El salto del jugador que clava el balón puede elevarse más de tres metros y quien intenta parar el ataque lo puede bloquear a la misma distancia o recuperar el balón prácticamente al ras del suelo, con las manos o con los pies, para lo cual tendrá que aventarse “clavados” en el piso con el peligro de romperse todo el físico, como algunas veces ocurre por circunstancias no deseadas. Observar éste ir y venir del balón de un lado a otro hasta que uno de los dos equipos pierde punto tras punto o todo el set, es algo que la mente y el ojo humano no deja de admirar cuando observa este deporte.
Pero el hombre no solamente juega voleibol, sino una gran cantidad de deportes, todos ellos, a cual mas complejos e increíbles, cuya descripción nos llevaría muchísimo tiempo y que no es el objetivo del presente artículo, baste describir uno solo, y muy deficientemente, para ejemplificar la gran variedad de habilidades que el ser humano puede realizar.
Pero, aquí viene lo malo, la verdad es que quienes tienen la posibilidad de practicar un deporte, de gozar con realizar aquello que les gusta y para lo que son hábiles, son pocos, muy pocos, es un reducido grupo de jóvenes o adultos privilegiados que pueden hacerlo.
La mayoría, la absoluta mayoría de la población y hablo millones de seres humanos dedicados al trabajo de la industria o el campo que tiene que trabajar desde jóvenes, casi hasta que se mueren, todo el día y todos los días, nunca pueden dedicarse a hacer lo que quieren o lo que les gusta, pues su trabajo se los impide.
De éstos millones de seres humanos seguramente surgirían excelentes, brillantes, inigualables deportistas que causarían la admiración del mundo y de la raza humana, si no han podido, ni podrán hacerlo, es porque en una sociedad donde al hombre se le constriñe, se le asigna y se le somete diariamente a trabajar para producir riquezas. Así nunca se le dará la oportunidad de desarrollar sus habilidades físicas o intelectuales. Es decir, en el capitalismo los obreros y campesinos solo y siempre serán considerados “bestias de trabajo” y nunca serán tomados como verdaderos seres humanos.
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