Resulta, por decir lo menos, contradictorio, el hecho de que en los momentos actuales, diferentes partidos y organizaciones campesinas declaren estar dispuestos a oponerse y a movilizarse en contra, de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en rubros como son, los productos del campo, que, se supone, mutuamente podrán fluir de México a Estados Unidos y Canadá y/o en sentido contrario. Argumentan, quienes sostienen dicha posición, que una vez que los productos agropecuarios puedan ingresar libremente a México, por el hecho de ser mas baratos, van a ser preferidos y adquiridos por el mercado mexicano, es decir, van a desplazar a las mercancías mexicanas, puesto que estas son producidas y ofertadas a un precio mucho mas alto. Dicen, quienes así opinan, que esto implica la ruina del campo mexicano, la miseria de miles de campesinos y por lo tanto una mayor dependencia económica y política de Estados Unidos.
Efectivamente eso es lo que va a ocurrir y en proporciones todavía hasta estos momentos insospechadas. Permitir la entrada libre de productos agropecuarios va a incrementar más las condiciones de pobreza, de miseria, de falta de empleo y oportunidades para los más pobres de este país y va a acabar con las ilusiones y pequeñas fortunas de una parte significativa de la clase media y de la pequeño-burguesía del campo y de la ciudad. Estos, quiéranlo o no, se van a arruinar y tendrán que entrar en la lista y en las filas de los campesinos u obreros desempleados o mal pagados. Lo descrito no es un capricho, no es una predicción desafortunada ni pesimista, sino una realidad que se va a presentar en forma ineludible. Es la ley de las sociedades que optaron desde hace mucho tiempo por una sociedad de mercado, mejor conocidas como capitalistas. Quienes se orienten mínimamente en el desarrollo del capitalismo sabían y saben que esa es la tendencia natural e inevitable de una sociedad como la nuestra.
Precisamente por eso extraña, que partidos e individuos que anteriormente estuvieron de acuerdo y hasta coadyuvaron o realizaron la firma del Tratado de Libre Comercio, ahora estén asumiendo la posición de querer oponerse a algo que cualquiera que haya estudiado mínimamente la economía política, sabía que iba a ocurrir, tal y como se esta presentando ahora. Si no lo sabían, que ignorantes; si lo sabían y saben, que hipócritas y demagogos.
Los efectos del TLCAN estaban claramente delineados desde hace tiempo. El proteccionismo de las mercancías nacionales desde hace mucho tiempo quedó desfasado, descontinuado. Esto porque los grandes empresarios del mundo, cuyo afán de ganancias no tiene límites, establecieron y establecen continuamente industrias que no producen para el autoconsumo ni solo para su mercado nacional sino para el mercado mundial, y en ese sentido, el proteccionismo de las mercancías, ( el intentar que las mercancías de otros países no ingresen al propio), chocó y choca contra la tendencia de la globalización que requiere, necesita, para vender todo lo que produce, que las barreras nacionales desaparezcan. Esto lo saben los teóricos más inteligentes y preparados de la burguesía mundial y es segurísimo que lo sabia Carlos Salinas de Gortari cuando concibió o aceptó el Tratado de Libre Comercio.
Debimos y pudimos haber aprovechado el tiempo, desde que se firmó el Tratado, para hacer de nuestra agricultura un bastión fuerte, sólido y competitivo. No lo hicimos y tendremos que pagar las consecuencias.
Pareciera que al estado mexicano y a los empresarios del campo o de la ciudad no les interesaba, o les interesaba muy poco, prepararse para el momento en que teníamos que competir económicamente con agriculturas tan desarrollas como la de Estados Unidos y Canadá; resultado: que ahora nos quejemos y pretendamos parar un proceso prácticamente irreversible.
La agricultura en México tiene males gravísimos: minifundios que no admiten grandes masas de capital, falta de subsidios a los campesinos; altísimos costos de producción y baja productividad; raquítica investigación científica; falta de infraestructura en caminos y en transporte; autopistas carísimas etc.
Mientras no se aborde integralmente el problema de la agricultura en México y mientras el Estado Mexicano, los campesinos y empresarios no tomen la actitud y mentalidad de tener que competir, incluso con el mercado mundial, seguiremos siendo atropellados y avasallados por la avalancha de mercancías que se producen en el mundo, a un costo mas barato que las nuestras.
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