A raíz del asesinato de Luis Edgar Devia Silva, alias “Raúl Reyes”, uno de los principales líderes de las FARC y un indeterminado número de guerrilleros de esta misma organización, las versiones que se presentan y la justificación de tal asesinato son contradictorias y varias de ellas verdaderamente absurdas.
El gobierno de Ecuador protesta enérgicamente por la invasión de su territorio, lo cual, argumenta, es una violación a su soberanía nacional y al derecho internacional. Colombia por su parte acepta haber penetrado a territorio ecuatoriano, justificando el operativo de su aviación militar, diciendo que a quien se pretendía eliminar era uno de los criminales más buscados por la justicia colombiana y por la INTERPOL, por una gran cantidad de delitos cometidos.
Ante versiones tan diferentes y sin dejarnos confundir, lo cierto es que hay cosas muy evidentes. Es clarísima la violación a la soberanía nacional, realizada por el ejército colombiano, penetrando en territorio ecuatoriano. No existe, cuando menos que se conozca, el derecho de un país de penetrar a otro, con tropas, a realizar cualquier tipo de misión, sin haber avisado al país invadido y sin que éste haya aceptado.
La justificación esgrimida por Colombia, en el sentido de que a quien eliminaron era un criminal y por lo tanto eso justificó su penetración a territorio ecuatoriano, es un argumento infantil. Si aceptamos este razonamiento, cualquier país invadirá a otro sin previo aviso, salvo su propio criterio y cada quien determinará cuándo invade el lugar que desee y con el objetivo que él mismo fije. Es decir, cada quien hará lo que su regalada gana le dicte y mande. Esto no lo ha aceptado nadie, ni como país, ni como persona, pues lo mismo puede ocurrir que la policía penetre a domicilios privados porque considera que ahí están escondidos criminales que anda buscando. Las tragedias por este tipo de “equivocaciones” ya las conoce perfectamente bien la humanidad.
La verdad resulta más evidente y en ella casi nadie repara. Se trató de un asesinato vil, sucio, cobarde, del ejército colombiano ante su enemigo y esto también hay que condenarlo porque, como se sabe, todo individuo solamente puede ser sentenciado, al tipo de pena que sea, incluida la de muerte, después de haberse realizado un juicio, que el caso de “Raúl Reyes” nunca existió. Desde anteriormente se les había sentenciado ilegal y arbitrariamente a muerte y el día primero de marzo se les ejecutó.
La invasión del ejército colombiano a Ecuador, no demuestra otra cosa que la gran prepotencia y el gran desprecio que el gobierno de Colombia siente por los tratados internacionales y por la soberanía de otros países; pero, ¿ellos solos tomaron la decisión? La respuesta tampoco tiene lugar a dudas, ¡no!, ¡seguramente no! Un problema de tal magnitud seguramente fue consultado con el gobierno de Estados Unidos, que estuvo más que de acuerdo con una decisión de ese tipo, pues se deshizo de un individuo al que consideraba su enemigo. Obsérvese el desprecio absoluto hacia todos los tratados internacionales y a la vida humana. Pero no es solamente del gobierno y del ejército colombiano, sino, principal y fundamentalmente del gobierno de Estados Unidos.
Aquí tendríamos que aplicar, adaptándolo, el dicho popular de “dime quien te defiende y te diré quien eres”. La muerte de los miembros de las FARC, fue un asesinato y esto casi nadie lo denuncia. Se pone énfasis en problemas como la soberanía nacional y en la falta de acuerdos para combatir a la guerrilla, pero lo que no se ve es que una de las peores tragedias que le pueden ocurrir al hombre, es decir, la muerte, se perpetró por gobiernos coordinados antes y después del asesinato y que ahora se defienden en forma por demás absurda.
Si las FARC tienen nexos con el narcotráfico o son un movimiento social humanista y revolucionario, lo tendrá que decidir la historia, pero será muy ingenuo quien crea lo que le plantean los medios de comunicación, que en muchos casos repiten sólo la información que se les dicta. Me parece una verdadera aberración informativa decir que las FARC, tenían en su poder uranio o material radioactivo para producir una bomba atómica, cualquiera medianamente informado sabe que un arma de este tipo requiere instalaciones súper modernas, sofisticadas y científicamente probadas, situación que para los grupos guerrilleros es prácticamente imposible y creo que una falacia de este tipo sólo pretende engañar a la opinión pública para encubrir la actitud sanguinaria y cobarde con la que el gobierno colombiano y estadounidense eliminaron a una parte de sus enemigos.
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