MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Simplemente deliciosos  I
Los chiquiliches

Gabriel Hernández García
Dirigente antorchista en el estado de Oaxaca

25 de marzo de 2008

¿Usted comería cigarras o chinches? En los  meses de mayo y junio, con las primeras lluvias, el agua corre por los arroyos y penetra en los pequeños hoyuelos donde el año anterior la cigarra depositó sus huevecillos. Esa humedad es la señal que las larvas de este insecto estaban esperando, por la noche de ese día, las “pupas” saldrán de sus agujeros para intentar llegar, lo más rápido posible, a un  árbol donde puedan obtener protección y completar sus cambios naturales. También es la señal que los hombres y mujeres de Acatlan, Puebla, así como los mixes de Ixcuintepec, Oaxaca, esperan para atrapar estas “pupas” de la cigarra.

Al obscurecer, muchos hombres, mujeres y niños, auxiliados con lámparas de mano o con antorchas de ocote o de todo tipo, recorren dichos arroyos en busca de los agujeros de donde emergerán presurosas las “pupas” de la cigarra a las que los  lugareños les dan el nombre de chiquiliches. Al salir del lugar donde han invernado, por instinto, se dirigen a las ramas de los árboles donde pretenden completar su transformación en cigarras adultas. Si lo logran, al otro día estarán haciendo ese ruido infernal que todos conocemos.

Pero el hombre se encarga de que esto no sea así y las atrapa conforme salen de su escondite, aventándolas en una cubeta con agua, que llevan a propósito para interrumpir la metamorfosis del insecto. Una vez atrapados y ahogados, los insectos son freídos con aceite y sal y consumidos o vendidos para el mismo fin. El costo es de uno a dos pesos por cada chiquiliche. Su sabor: delicioso.

Micro-cañonazos de chile

Los meses de enero-diciembre, en la Mixteca Alta oaxaqueña, las temperaturas, por las mañanas,  descienden a 6 grados centígrados, a cero o hasta menor temperatura. El movimiento del aire es casi nulo, éste no se mueve ni horizontal ni verticalmente. Los campesinos mixtecos buscan hojas secas con pequeños trozos de ramitas y encienden fuego, en aquellos lugares donde pinos o robles tiraron sus hojas de invierno y éstas se acumularon en pequeñas hondonadas formando grandes  montones; cortan ramas verdes de los arbustos y los ponen encima de la pequeña fogata. El resultado es una humareda que por la estabilidad del viento, no asciende y solamente se extiende horizontalmente casi a la superficie del suelo, penetrando así  entre las hojas acumuladas. Los insectos, entre ellos una especie de chinche “apestosa”, al sentirse afectados emergen de entre sus escondites y hacen pequeños vuelos hacia los troncos de los árboles. El entumecimiento del frío de la mañana les impide llegar más lejos y tienen que posarse a muy bajas alturas. Eso es lo que buscan y esperan los campesinos mixtecos; atrapan esas pequeñas chinches de 1 a 1.5 centímetros y las guardan en bolsas de plástico o recipientes de otro tipo, después de haber atrapado todas las que pueden, reavivan la fogata, ahora sí, con troncos y ramas gruesas y esperan a que se conviertan en ardientes brasas, donde calientan sus alimentos y sus tortillas. Una vez calentada y hecha taco la tortilla, cogen cuidadosamente una chinche y se la llevan a la boca, aplicándole una ligera presión con los dientes. La chinche, al sentirse en peligro, dispara fortísimos micro cañonazos de acido capsicum, es decir chile, que producen todos los efectos de un chile picante. El campesino muerde y saborea la tortilla como si estuviera comiéndola con chile. En algunos casos, dependiendo de la chinche y del individuo, el efecto es tan contundente que al recibir el acido gasificado, casi directamente en la garganta, dificulta enormemente la respiración y puede producir pequeños desmayos debido al poderoso efecto de esta arma tan ingeniosa.

Sólo los campesinos mixtecos usan esta forma de condimentar sus alimentos, pues, su conocimiento del medio y su forma de aprovechar los recursos que tienen a su alcance, así como el gusto por esta forma de hacer sabrosa la comida por esta vía, hace que casi solamente ellos se atrevan a “enchilarse” de esta forma. Además que el olor apestoso a chinche hace poco agradable este condimento para la inmensa mayoría de la población. Su sabor, usted ya lo conoce.

 

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