Independientemente de lo que digan las autoridades federales, las del Gobierno del Distrito Federal u otras instancias, sigo pensando que las medidas que se instrumentaron a raíz del descubrimiento del virus de la influenza, en el sentido de que se actúo conforme a las circunstancias y que son ellos los salvadores de México y del mundo, sigo pensando que esto no fue así.
La medida de suspender prácticamente todas las actividades y de paralizar nuestro país que cuenta con casi 106 millones de mexicanos fue exagerada y equivocada.
Los servicios de salud, de México y del mundo, saben y dictan las medidas más adecuadas para una contingencia de este tipo, y no son, precisamente, la de mandar a todo mundo a su casa como si el virus solamente se paseara por las calles infectando a quien se encontrara fuera de su hogar.
Los hombres y las mujeres no solamente conviven en grandes actos masivos si no que están en una comunicación constante dentro de una determinada zona geográfica o bien viajan a largas distancias, de acuerdo con lo avanzado de los medios de transporte.
Se nos dijo que si obedecíamos, “íbamos a vivir muchos años, tener muchos hijos y ser muy felices”. Por eso nos recluyeron en nuestras casas (por cierto sin explicarnos quien nos iba a dar dinero y/o comida). Afortunadamente no nos tuvieron así mucho tiempo pues de otra manera a estas alturas ya nos hubiéramos muerto, felices y contentos pero sin influenza.
La realidad demostró otra cosa y tuvo que imponerse la decisión de volver todos al trabajo, a la escuela y a nuestras actividades cotidianas. Lo malo fue que ya no en las mismas condiciones que antes pues la famosa influenza nos puso a todos y a todo de cabeza sin obtener prácticamente nada, salvo el descrédito ante el mundo.
En lo días que corren la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que el grado de peligrosidad de esta pandemia, todavía esta en fase cinco, pero en México nuestras autoridades, arrepentidas de todo el tremendo relajo que armaron nos dicen que no, que aquí no hay problema y ya nos dieron luz verde para que hagamos todo lo que anteriormente hacíamos, y a hasta nos dieron permiso para “abrazarnos y besarnos”. Lo anterior quiere decir que nosotros vamos a contracorriente, pues cuando la epidemia era relativamente sencilla en México y en el mundo, nosotros nos asustamos tanto que por poco nos morimos, todos los mexicanos, de un paro cardiaco. Ahora que la pandemia sigue todavía en el nivel 5 y prácticamente para pasar al nivel 6, en México decimos que “aquí no hay problema” y que podemos, si lo deseamos, ahora si “cachondear”, como queramos y con quien queramos; total, no hay ningún problema.
Debo decir, que el propio presidente de la República declaró que el virus “era prácticamente incontrolable” y que había surgido y podía surgir en cualquier otro lugar y momento. Si esto es así, como lo reconoce el propio señor presidente, entonces ¿para que nos hicieron hacer tanto escándalo? Y ¿para que nos desprestigió ante el mundo?
La realidad es que el desarrollo de este tipo de estructuras, llamadas virus, efectivamente es impredecible, pero el hombre sabe, y conoce como controlarlas. Se aísla al enfermo y a quienes estén contagiados y se esperan que su ciclo se desarrolle terminando por morir. Eso se sabe perfectamente bien desde hace tiempo. Además, y como se ha demostrado y reconocido por parte de las autoridades, el adquirir la enfermedad no significa necesariamente la muerte. Es decir es totalmente curable. Siendo esto así, entonces, yo repito la pregunta ¿para que tanto relajo? ¿No será que había otros objetivos ocultos que las autoridades nunca dijeron ni quieren reconocer?
Pero lo que me interesa resaltar es lo siguiente: quienes están al frente del gobierno federal quieren aparecer como los buenos del cuento, “como los salvadores del mundo”. Lo cierto, y esa es la percepción del pueblo bajo, es que son unos ineptos que con su ignorancia e incapacidad le causaron un daño incalculable a todos los mexicanos. Absolutamente a todos: empresarios, industriales, políticos, obreros, campesinos, etc. Y lo grave, como observaba atinadamente el Ing. Aquiles Córdova Morán, líder de los antorchistas en México, el apoyo para recuperar parte del daño, es solamente para las clases de por si ya poderosas, para los pobres prácticamente no hay nada. A estos “les llueve sobre mojado”, no tenían empleo y ahora están peor, no tenían dinero y ahora menos; ellos no pueden tener ninguna alternativa, de mejorar mientras en el poder se mantenga individuos incapaces, mentirosos y elitistas como son la absoluta mayoría de los panistas.
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