MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Aguas limpias, traviesas… y sucias


Gabriel Hernández García
Dirigente antorchista en el estado de Oaxaca

28 de noviembre de 2009

El agua cae sobre las hojas humedeciéndolas y dándoles un brillo luminiscente, escurre al suelo por los tallos de las hierbas y de los árboles, después pasa la capa de hojarasca, llega a la tierra húmeda y penetra todavía un poco más. Pero la tierra ya ha bebido lo suficiente y hace que el agua empiece a correr lenta o rápidamente, según la pendiente, hacia las partes más bajas. El líquido, conforme avanza, empieza a juntarse en pequeñas cantidades que fluyen hacia pendientes menores hasta juntarse en arroyos pequeñísimos que, a su vez, van a otros más grandes, hasta formar fuentes cristalinas que continúan hacia abajo, haciendo arroyos, más y más  abundantes de agua limpia y cristalina.

A veces se estancan en  pequeñas represas que, por su transparencia permiten ver hasta el fondo lo que se encuentra en él: piedras, arenas, hojas y pequeños animales acuáticos, pero el agua, al ser abundante, rebasa los límites de esos estanques y brinca hacia abajo.

Al hacerlo, parece que canta y ríe regocijada por la travesura que acaba de hacer, sigue corriendo pendiente abajo, encontrándose, a su vez, con otros y otros arroyos que vienen también de diferentes partes de la montaña y que, como si tuvieran conciencia de lo que hacen y tuvieran prisa por acudir a una cita, todas confluyen conforme el terreno se los van marcando.

Ya reunidas en arroyos de muchos metros cúbicos por segundo, encuentran sitios de las laderas donde la piedra ha sido cortada casi a pico y forma desniveles de cuatro, cinco o siete metros de altura. Las aguas sin ningún temor se lanzan ruidosamente hacia abajo, golpeando la piedra y produciendo múltiples chorros y gotas de agua que se esparcen en todas direcciones hasta caer al fondo de la cascada, donde se forman torbellinos de burbujas blancas que, orgullosas por haber superado el obstáculo de la altura se apresuran nuevamente a correr pendiente abajo. Así, juntándose miles de arroyuelos forman arroyos grandes que bajan hasta el río, creando caudales que, ahora ya en el lecho del río, golpean a las pequeñas y grandes  piedras, empujando y moviendo a las primeras y desgastando lentamente a las segundas. El río, quizás consciente de su fuerza, se vuelve incontenible y no admite que nadie le obstruya su paso y por eso  sigue corriendo hasta encontrar pendientes menores, formando ya caudales muy grandes y que aparentemente corren suave y mansamente. Nadie debería engañarse. La tranquilidad del río es aparente, lleva en su interior fuerzas descomunales que sólo en la superficie son tranquilas y pacíficas.

Ahora el agua ha cambiado de color, con la fuerza de su unidad y en la profundidad de sus remansos se ha tornado verde turquesa. Admirándose esto en los lugares más profundos, pero notándose  la limpieza del agua en  lugares de poca profundidad.

Más arriba, múltiples especies viven o dependen de estas pequeñas y grandes corrientes: pequeños cangrejo de río, “camarón burro”, garzas, tlacuaches, venados, etc. Todos ellos, dependientes casi en lo absoluto del agua limpia y cristalina que disfrutan. En las partes profundas, gran variedad de peces nadan por su cauce o brincan briosamente sobre la superficie, perseguidos por sus enemigos naturales o por la alegría que da el juego y, seguramente, contentos del agua en la que viven.

Así se forma el río que toma su nombre dependiendo de la población que toque y que para el caso concreto se denomina: Valle Nacional, el cual corre paralelamente a la carretera y que se acerca poco a poco a la ciudad de Tuxtepec. Kilómetros más arriba de esta ciudad se junta con otro brazo de río que proviene de la presa “Cerro de Oro”, formándose un caudal de agua de seis a ocho metros de profundidad y 50, 60 o más  metros de ancho. Ahí, casi al margen está asentada la Fábrica de Papel Tuxtepec FAPATUX (fundada en 1954). Pero esta empresa, desde que se sabe, prácticamente nunca ha hecho el tratamiento de sus aguas residuales antes de verterlas al río. La SEMARNAT, por negligencia, contubernio o por lo que usted quiera imaginar, poco o nada ha hecho o hace al respecto, por eso la cantidad de desechos industriales tirados al río, ha sido y es incuantificable. El daño que se ocasiona a los peces y a otras especies no se puede medir en lo inmediato y no se pueden saber las consecuencias a futuro, pero FAPATUX ha trabajado contaminando el río sin que haya ley ni gobierno que le obligue a invertir en plantas de tratamiento que eviten la gravísima contaminación que ocasiona.

Más abajo se encuentra la Cervecería Moctezuma (desde 1979), la cual ha hecho y hace un esfuerzo mucho más significativo que FAPATUX, pues sólo el 2 por ciento de las aguas que tira al río provocan un cierto grado de contaminación.
Pero casi a la misma altura trabaja, en tiempos de zafra, el ingenio Adolfo López Mateos (desde 1968) provoca una doble contaminación, pues tampoco hace el tratamiento de sus aguas para limpiarlas antes de tirarlas al río, y, por otra, parte la contaminación del aire es impresionante.

Si a lo anterior le sumamos el drenaje que la ciudad de Tuxtepec descarga en el río Papaloapan, no tendremos ya por ningún lado ni en ninguna parte la limpieza y la belleza del río que en un principio describíamos.

FAPATUX pagaba un salario mínimo de 62 pesos diarios a cerca de 700 obreros que trabajan en dicha fábrica. En el ingenio, el salario mínimo es de 104 pesos diarios para  casi mil 500 trabajadores. Como puede verse, el salario recibido por éstos es efectivamente mínimo, pues con dichas cantidades, solamente sobreviven adquiriendo lo más elemental para su subsistencia. Ciertamente, los gastos de  estas dos empresas no son solamente mano de obra; implica la adquisición de materia prima, maquinaria, mantenimiento y muchos otros gastos indirectos, pero, una cosa es segura, las ganancias eran y son verdaderamente fabulosas.

Cualquier capitalista de éste país y el grupo Durango y PIASA, saben que hay que reducir al máximo los costos para aumentar las utilidades y por eso no han querido invertir en plantas de tratamiento y utilizan las aguas del Papaloapan para llevar a cabo el proceso industrial, pero no las devuelven en las mejores condiciones posibles sino totalmente contaminadas. En otros países, más industrializados que el nuestro, se obliga a empresas como las mencionadas a invertir los recursos necesarios para el tratamiento de las aguas residuales, pero en México se les perdona y nunca se les obliga a realizar tal proceso.

Por esta razón, las aguas del río Papaloapan a partir de la ciudad de Tuxtepec, llevan infinitud de productos químicos que están causando daños irreversibles a la flora y a la fauna que tiene contacto con éstos. A  la larga, las consecuencias están por verse, pues el daño tendrá que reflejarse en los seres humanos.

* Colaboraciones anteriores

 

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