No es raro escuchar en las estaciones de radio de la Huasteca
Hidalguense anuncios demandando jornaleros para trabajar en
campos agrícolas de Sinaloa, Chihuahua, Jalisco o Michoacán,
ofreciendo como “atractivo” un salario que oscila
entre los 60 y 80 pesos, además de un adelanto de alrededor
de 500 pesos. Los spots radiofónicos, puntuales, señalan
hora y lugar de partida, así como el nombre de la persona
que trasladará a los interesados hasta su nueva fuente
de empleo. Ciertamente, para quien gana 40 pesos al día,
algo normal en la región, ochenta pesos es un verdadero
“atractivo”.
En reportaje en Milenio Hidalgo del 26 de febrero pasado, Elsa
Ángeles nos dice que: “Hidalgo ocupa el sexto lugar
nacional en población jornalera, es decir, campesinos
pobres que deben migrar a otros estados para trabajar la tierra,
generalmente a cambio de sueldos miserables, condiciones infrahumanas
y violación a sus derechos humanos y laborales”.
Añade que autoridades de la Secretaría de Desarrollo
Social estiman una migración promedio de ¡más
de 40 mil jornaleros al año! en la Sierra Gorda y la
Huasteca, de una población estimada en poco más
de 400 mil personas. Y no deja de provocar escalofríos
el que de que de esos jornaleros 29.21 por ciento son niños
y 8.4 niñas: casi 40 por ciento, a lo que se agrega un
7.5% de mujeres.
Señala también el reportaje que Hidalgo es uno
de los estados más atrasados en actividad agrícola
y ganadera, con una alta población indígena y
rural, y elevada concentración de la tierra. Reporta
que según la Secretaria de Desarrollo Social, la pulverización
de la tenencia de la tierra, combinada con un crecimiento poblacional
sin control, han convertido a la Huasteca en generadora de jornaleros,
actividad durísima, con alto nivel de explotación,
“maltrato físico y verbal, problemas de salud y
violaciones sexuales a niños y niñas, así
como alto consumo de alcohol y drogas por su venta en los centros
de trabajo”.
Considero que no es exacto que sea la pulverización de
la tenencia de la tierra y el crecimiento poblacional, lo que
genera el fenómeno social de los jornaleros migrantes,
pues desde la época de la colonia los indígenas
de la Huasteca no han sido dueños de sus tierras; desde
entonces, y después de la Revolución Mexicana,
tampoco lo fueron, pues las mejores tierras quedaron acaparadas
en unas cuantas manos, dejando a los indígenas las laderas
para sustento de su hogar. Tampoco coincido con la segunda causa
que esgrime dicha Secretaría, pues lo cierto es que en
Hidalgo, que aún tiene el 51% de población rural,
la concentración de la población no ocurre en
las zonas indígenas, sino en las ciudades, adonde acude
la población en busca de empleo, escuelas, etc.
Creo que la causa más profunda es la inequitativa distribución
de la riqueza, pues cuando un país tan rico como el nuestro,
no puede alimentar a su pueblo y garantizarle el disfrute de
lo más elemental, ello significa el fracaso de la economía,
aunque haya mucha riqueza producida.
También considero que el hecho de que cerca de 20 mil
niños hidalguenses tengan que trasladarse a los campos
agrícolas a trabajar para sobrevivir, víctimas
de abusos mil, es un rotundo mentís a la machacona propaganda
del gobierno federal, sobre el pretendido “éxito”
de sus programas asistencialistas, afirmando que “ahora
con el gobierno del cambio” todos los niños van
a la escuela y disfrutan de una vida más sana y con mayores
posibilidades de desarrollo”. Los hechos aquí comentados
demuestran que los supuestos logros son de papel; cuentas alegres
para engañar incautos, pues la realidad es otra, y nos
habla del fracaso de la estrategia social y económica
aplicadas, y pide a gritos un verdadero cambio a favor de los
más desamparados.