Hace ya algunos años, en 1961 para ser exactos, se
construyó el muro de Berlín, que dividió
a Alemania en dos partes. Hoy se pretende levantar uno nuevo
por el gobierno de los Estados Unidos, solamente que éste
ya no estará tan lejos de nuestra vista, ni de nuestro
territorio, pues, como todos sabemos, se construirá precisamente
en la frontera con México, para impedir la entrada de
los inmigrantes, principalmente mexicanos, porque, además,
son el mayor número: de 11 millones de trabajadores ilegales
en Estados Unidos, nueve son mexicanos.
Quizá esté de sobra señalar todas las razones
por nosotros bien conocidas para que tanto paisano se vaya a
buscar trabajo y mejores salarios en los EE.UU., para que, como
pasa en algunas zonas de Hidalgo, como el Valle del Mezquital,
haya comunidades prácticamente fantasmas, habitadas por
niños y ancianos, ya que, tanto hombres como mujeres
en edad productiva, se van en busca del trabajo mejor remunerado
al vecino país del norte para poder alimentar a sus familias.
Es decir, los 400 mil mexicanos que anualmente cruzan la frontera
lo hacen obligados por el hambre y la miseria en que se encuentran,
porque la economía mexicana no está creando los
suficientes empleos y los pocos que se generan son pagados con
salarios de hambre, insuficientes para que una familia viva
decorosamente.
Lo cierto es que con la nueva ley que aprobó la Cámara
de Representantes de los Estados Unidos, las cosas se pondrán
mucho más difíciles, pues ésta incluye
además de nuevos muros a más policías para
cuidar la frontera; ahora, con la nueva ley, el “delito”
de cruzar ilegalmente se convierte de administrativo en criminal;
es decir, cualquier ciudadano, por el sólo hecho de cruzar
la frontera será considerado y recibirá, por tanto,
trato de criminal; no tendrán ningún derecho para
defenderse en los tribunales y quién pretenda defenderlos
o apoyarlos recibirá el mismo trato. Asimismo, dicha
ley contempla elevar las sanciones a quienes contraten a trabajadores
ilegales.
Obviamente todo esto no es porque los Estado Unidos no necesiten
de la mano de obra de todos los trabajadores ilegales, porque,
como lo dijo, acertadamente una persona entrevistada en un canal
de televisión, “gracias a los mojados ellos comen”.
Lo que pasa es que, los EE.UU. la quieren controlar y someter
de manera más eficaz, de acuerdo a su conveniencia y
la de los empresarios. Y por lo que se ve, ahora les está
sobrando mano de obra ilegal y barata y esto les genera problemas;
mañana quizá les falte y entonces flexibilicen
la ley, es decir, que la mercancía fuerza de trabajo
(en este caso la de los ilegales) también está
sujeta como cualquier otra, a la ley de la oferta y la demanda.
Por lo pronto los efectos de dicha ley serán verdaderamente
graves y de horror para todos los trabajadores ilegales, pues
los deja completamente indefensos y a merced de la más
cruel explotación tanto de sus patrones como de los propios
polleros. Finalmente, será mayor el riesgo de perder
la vida al pretender cruzar, pues los migrantes se verán
obligados a buscar nuevas rutas y más peligrosas.
Esta nueva y difícil situación que tendrán
que enfrentar nuestros compatriotas debe hacer reflexionar a
todos los gobernantes y a los dueños del dinero en México;
reflexionar y poner los correctivos en el inequitativo reparto
de la riqueza mexicana; estos nuevos muros deben servir como
advertencia para mejorar la distribución e ir sacando
a México a flote, con una mejor economía, con
mayor productividad y con menos pobres. ¿Qué haría
México si retornaran los nueve millones de inmigrantes?
Estos necesitarán de empleo, de servicios básicos,
de vivienda, de escuelas, de hospitales, etc., etc.