Considero necesario, de elemental honradez, dar a conocer a
la opinión pública y a mis escasos lectores la
razón por la cual Antorcha Campesina se retiró,
momentáneamente, de la Plaza Juárez, y explicarlo
en este mismo espacio, donde permanentemente se nos permitió
verter la opinión sin ninguna restricción, haciendo
honor a la libertad de expresión, que, para desgracia
de los mexicanos, no todos los medios enaltecen.
Pues bien, entremos al tema: después de más de
ocho meses de permanecer en la Plaza Juárez, Antorcha
Campesina levantó su plantón el pasado martes
7, esto a raíz de un ofrecimiento de un diálogo
con carácter resolutivo por parte de la subsecretaría
de gobierno, encabezada por el Lic. Manuel Sánchez Olvera.
Por nuestra parte, saludamos este gesto del gobierno del estado
por conducto del Lic. Sánchez Olvera, pues aunque todavía
a un nivel puramente declarativo, representa una posibilidad
de solución a las necesidades de los miles de hidalguenses
pobres organizados en Antorcha. Aceptamos, pues, en un acto
de buena fe levantar el plantón, y se convino con el
gobierno que en un plazo no mayor a quince días habría
soluciones. Hemos respondido con nuestra mejor disposición
al llamado que se nos hacía, porque, como hemos reiterado,
Antorcha no busca crear o mantener conflictos, o afectar a funcionario
o administración alguno, sino la solución a los
problemas de la gente.
Nuestro interés es que se atiendan las necesidades de
cientos de comunidades, que en pleno siglo XXI no tienen acceso
a agua potable en sus casas, o viven en la oscuridad, porque
el beneficio de la luz eléctrica no llega a su colonia
o comunidad (no solamente en comunidades rurales alejadas, sino
en Pachuca, Tulancingo, Huasca, etc.). Queremos que llegue el
progreso a todos los rincones del estado, y la posibilidad de
una vida más decorosa para sus habitantes; que llegue
educación y salud; que la gente tenga una vivienda propia,
segura y digna; que haya caminos, que permitan la introducción
de los demás servicios y para que la gente tenga derecho
a la vida, pues en muchas comunidades al no tener camino la
vida de mucha gente está en permanente peligro; por ejemplo,
al presentarse nacimientos prematuros (¿cómo trasladar
a una parturienta en una camilla de palos durante más
de cinco horas caminando por laderas y caminos sinuosos? ¿Cómo
atender inmediatamente, en estas circunstancias, las urgencias
médicas?
Al decidir levantar nuestra protesta de Plaza Juárez,
muchos antorchistas advertían del riesgo de que no hubiera
seriedad ni garantía de cumplimiento por parte del gobierno
del estado, y que al final no hubiera soluciones o se pretenda
entretenernos con puras pláticas sin llegar a compromisos
claros y en tiempos definidos; aún así decidimos
correr ese riesgo, dando una nueva muestra de busca de diálogo.
Es posible, ciertamente, que empiecen los consabidos pretextos
y dilaciones injustificadas con argumentos como que “no
hay recursos”, “son muchas obras”, “tenemos
que hacer validaciones”, obviamente validaciones que pueden
llevar meses. Todo esto puede suceder, pero de nueva cuenta
habrá quedado demostrada la buena disposición
del Movimiento Antorchista para alcanzar una solución,
facilitando las cosas en lo que de nosotros dependa. Hoy, pues,
estamos a la espera de reciprocidad por parte del gobierno del
estado. Los pueblos requieren soluciones y esperan desde hace
ocho meses. Si hay verdadero ánimo de resolver, entonces
a casi un año de solicitadas las obras, éstas
ya deben ser de sobra conocidas por los funcionarios.
Esperamos, pues, una actitud madura por parte del gobierno,
honrando su palabra de dialogar con buena disposición,
lo cual se comprobará en la solución efectiva
de las demandas. Mucha falta hacen la voluntad de diálogo
y la mesura, pero si así no fuere y nuestras esperanzas
se vieran defraudadas, no debe quedar duda alguna de que nuestra
lucha reiniciará de inmediato y continuará durante
el tiempo que sea necesario hasta alcanzar una solución.