La semana pasada asistí a la presidencia municipal
de Tizayuca acompañando a un grupo importante de vecinos
de ese municipio que, hace meses decidieron organizarse con
Antorcha Campesina ante sus precarias condiciones de vida, es
decir, ante la falta de servicios básicos y de vivienda
y la indiferencia, por años, de las autoridades municipales
ante su problemática.
La reunión con el alcalde estaba agendada con varios
días de antelación. Ciertamente, tuvo a bien recibirnos,
con un poco de retraso, pero atendió a la comisión,
aunque desde su llegada a la sala de reunión todos percibimos
que le causaba enojo atendernos y que la gente se hubiera organizado
para acudir a plantear sus peticiones.
Pero no solamente eso; ya a la hora de ir exponiendo los problemas
de la colonia Ciudad de los Niños, en tono muy poco amigable
nos hacía, primero, una lista de todas las obras que
él está haciendo en Tizayuca; además, decía
que varios de sus funcionarios y él mismo están
poniendo una parte de los recursos de su bolsillo, para llevar
a cabo diferentes acciones y, finalmente, que “todas las
colonias de Tizayuca tienen necesidades y que el presupuesto
no se lo iba a destinar a una colonia por el hecho de que esté
organizada y se presente en su oficina con un contingente importante
de vecinos”
Pero nuestra sorpresa fue mayor cuando en un primer momento
llegó a argumentar que no podía otorgar servicios
a colonias “irregulares” y, segundo, que sí
estaban contemplando la obra de electrificación de dicha
colonia, pero en dos etapas y que el costo por lote, para la
obra, oscilaba alrededor de los 16 mil pesos.
Me permito hacer toda esta relatoría, a riesgo, obviamente,
de aburrir a mis escasos lectores, porque desde mi punto de
vista y a pesar de la situación difícil que actualmente
vive México y el estado de Hidalgo, donde la creciente
pobreza debiera llevar a razonar más a todo funcionario
público, pero sobre todo a los presidentes municipales,
que son a los que más a su alcance tiene la población
para buscar alternativas. Los presidentes municipales debieran
ser verdaderos líderes de su municipio, encabezar sus
demandas y la gestión para la obtención de recursos
para más y mejores obras, y que sus gobernados vean en
ellos a alguien sensible, capaz de escuchar y buscar soluciones;
si así fuera, seguro que las cosas cambiarían
para los que menos tienen. Se vale soñar.
Por otro lado, hago referencia a los argumentos esgrimidos por
el alcalde, Lic. Gabriel García Rojas para negar la solución
de una demanda tan importante como la electrificación
de una colonia, que está a escasos 30 minutos del corazón
del país. El argumento de que está ejecutando
obras en otros sectores de la ciudad en nada aligera la problemática
de los vecinos de la colonia Ciudad de los Niños, y en
segundo lugar, decir que de su bolsillo salen parte de los recursos
para algunas acciones, cosa que está por verse, tampoco
resuelve el problema; además, ante el argumento de que
se trata de una colonia “irregular”, habría
que preguntar ¿por qué no la ha regularizado?
O bien, ¿vivir en zonas “irregulares”, como
él les llama, les quita la categoría de seres
humanos o de mexicanos con todos los derechos consagrados en
la Constitución?
Y finalmente el considerar siquiera como una posibilidad que
una gente que gana un salario mínimo pueda llegar a reunir
16 mil pesos para una obra de electrificación, exhibe
a una autoridad que ignora la miseria en que viven una gran
parte de los mexicanos y los habitantes de Tizayuca en particular,
pero además cabría la pregunta ¿y la justicia
social cuándo llegará para los pobres de Tizayuca?