No obstante el gran cúmulo de propaganda donde se nos
dice de todos los esfuerzos que hacen a diario las autoridades
y se señala que “los jóvenes son el futuro
de la nación”, la educación en México
está muy mal atendida, y por lo tanto su calidad es muy
pobre. Pareciera que se gastan más recursos en convencernos
de que tenemos calidad educativa, que los destinados realmente
en mejorarla. Hidalgo, uno de los estados con mayor rezago en
todos los aspectos, no es la excepción en el terreno
educativo.
Según el INEA, en México, hay seis millones de
analfabetos mayores de 15 años. En el caso de Hidalgo,
según INEGI, 212,452 son analfabetos; a nivel nacional
95 de cada 1000 habitantes y en Hidalgo 149.
Pero no podemos hacernos una idea un poco más integral
si solamente contemplamos estas cifras; tenemos que ir un poco
más allá para que nos demos cuenta del negro panorama
de nuestro estado, y para ello tenemos que sumar a esta cantidad
de analfabetos, la calidad con que se imparte la educación;
entonces veremos la gravedad del problema y su verdadera dimensión.
Resulta que en Hidalgo una cantidad importante de telesecundarias
en los municipios serranos y huastecos reciben clases de profesores
del CONAFE, es decir, muchachitos recién egresados de
la secundaria, que a través del CONAFE tienen la esperanza
de recibir una beca de mil pesos al mes para continuar sus estudios
una vez terminado su servicio social. Si a esto agregamos que
mucha de la infraestructura educativa se encuentra en condiciones
deplorables (donde existe, pues muchas escuelas se habilitan
en pequeños tejabanes o cuartuchos húmedos y obscuros),
y que el pago a los maestros también es deplorable: según
me han dicho algunos maestros, muchos de ellos, los de contrato,
ganan alrededor de 2,200 pesos al mes, y el que tiene plaza,
4,074.
Ante estas condiciones resulta al menos desagradable saber de
tantas personas que perciben un salario sin trabajar dentro
de la SEPH, no importa que sean 400, como reconoce el líder
sindical del SNTE, o los 1,050 que denuncia mileno Hidalgo,
con salarios que oscilan entre los 31mil 100 hasta los 4,000
pesos mensuales.
Más desagradable, y quizá hasta indignante se
vuelve para cualquier profesor que llega a solicitar su plaza
y que pasan años sin poder obtenerla porque éstas
ya se encuentran ocupadas por este tipo de “trabajadores”.
O bien que suceda, que existan escuelas que están requiriendo
de profesores y no se les autorizan, porque “no hay recursos”.
O bien como el caso de la Normal indígena de Huehuetla
que tiene reconocimiento de particular, no porque sea un negocio,
sino porque de esta manera las instituciones quedan fuera de
la responsabilidad de pagar a sus maestros y obligar, a los
ya de por sí pobres campesinos, a pagar así la
educación de sus hijos; o bien, en fin, cuando han acudido
jóvenes estudiantes de escasos recursos económicos
a solicitar becas y poder continuar sus estudios, y también
se les dice, indistintamente de la dependencia a que acudan,
que “no hay recursos”.
Si todo esto resulta grave, inmoral para la propia institución
y para todos aquellos que aceptan vivir del erario público
sin trabajar, también lo es porque no se está
formando al hombre nuevo, educado y culto, capaz de ejercer
la libertad de pensamiento y porque no se está preparando
y formando el capital humano, condición básica
para el desarrollo de la productividad de cualquier país.
En síntesis, es necesario optimizar los recursos escasos
de que se dispone, en este caso humanos, en lugar de desviarlos
hacia actividades totalmente ajenas a la función que
formalmente tienen asignada: enseñar a los niños
y jóvenes de nuestro estado.
Artículos
anteriores