Ayer nos sorprendió el gobierno federal con dos anuncios: el aumento a la gasolina Premium y diessel, así como el aumento a la leche que distribuye Liconsa. También se nos dijo, que durante el tiempo que le resta como mandatario al presidente Vicente Fox, ya no habría aumentos, es decir, que podemos estar tranquilos, pues en los próximos 15 días no nos volverán a sorprender con nuevos incrementos.
En el asunto del aumento a los precios de la gasolina Premium, hay quienes dicen que sólo afectará a las clases medias altas y altas, porque es la gasolina que utilizan los vehículos de modelos recientes, así que, según estos comentaristas y defensores de los aumentos, el resto de la población y sobre todo la más pobre no tiene de que preocuparse, pues la inmensa mayoría de los mexicanos no llega ni siquiera a una carcancha, mucho menos a un coche último modelo.
Por el otro lado, en el caso del aumento de la leche Liconsa, se dice que este no es gravoso, pues apenas implica un peso por litro, y bueno que a estas alturas un peso no es nada. Esta apreciación es delicada, y además le sumamos actitudes como la del gerente de Liconsa en Hidalgo, en donde en lugar de velar por el bienestar de la población se dedica a cambiar de lugar lecherías por años establecidas en las colonias populares, quizá para satisfacer intereses no muy legítimos de amigos, funcionarios, etc., podemos decir, que las cosas se están agravando y que con mucha irresponsabilidad se está viendo la situación política y económica, ya de por sí muy complicada, del país.
Desde mi punto de vista, dichos aumentos en estos momentos traen consecuencias graves, de antemano se le pone un panorama más difícil, al ya de por sí débil Presidente Electo. Ciertamente, el anuncio de los aumentos los da Fox, pues al final de cuentas, como él dijo, ya se va y puede hacer y decir cualquier tontería. Es decir, Fox carga con la responsabilidad de los aumentos, aunque está más que claro, que esto no pudo darse sin el aval del nuevo presidente, aunque el muerto lo cargue el presidente saliente, pero al final de cuentas, ambos del mismo partido. Está claro y seguramente nos lo explicaran con amplios detalles los especialistas en temas económicos que el aumento en la gasolina traerá como consecuencia el aumento como en cascada de los precios de la inmensa mayoría de los productos y principalmente de la canasta básica. Es decir, auque no tenga la mayoría de la población un auto último modelo será la primera en pagar las consecuencias.
En el caso del aumento a la leche, este viene directamente afectar a los más pobres (o la población más vulnerable, como me dijo una señora de una colonia popular: a los pobres ya nos cambiaron el nombre y nos pusieron uno mas rimbombante, ahora nos dicen población “vulnerable”) y que cuentan con este apoyo. Sabrán énstos que declaran que “solamente es un peso por litro”, o sea, según ellos casi nada, que hay cientos de miles de familias que no cuentan con ese peso, que muchos días de la semana no tienen ni siquiera para las tortillas y el chile, que es la base de su alimentación. Que hay familias completas que en toda la semana no pueden llevarse un trozo de carne a la boca, pues no tienen empleo y algunas que si cuentan con el privilegio de tener trabajo, su salario es tan miserable que tampoco pueden.
Ahora, con estos aumentos, ¿se incrementarán también en la misma proporción los salarios de los trabajadores? El partido en el gobierno tiene que medirle el agua a los camotes, pues cuando la población pierde toda esperanza de progreso y de salir del hoyo negro de la pobreza, viene la locura, como nos lo dice Don Manuel Payno en su gran obra de los Bandidos de Río Frío: “La locura se determina casi siempre cuando
absolutamente se pierde la esperanza. La esperanza es una especie de alimento moral que mantiene el cerebro. Cuando este alimento falta, mueren las funciones regulares, lo mismo que toda la máquina del hombre se descompone y aniquila por el hambre. Figúrese usted que un padre cargado de familia ve a su mujer enferma, a sus hijos llorando de hambre, y en tan extraña situación no encuentra ni trabajo, ni quién le dé ya un peso, ni que vender, ni que empeñar y pierde absolutamente la esperanza de salir de esa situación. O se vuelve loco o se suicida”. Cuidado pues, no volvamos locos o suicidas a los millones de pobres de nuestro rico país.