MOVIMIENTO ANTORCHISTA


¿Y los pobres, cuándo?

Guadalupe Orona Urías
Dirigente antorchista en el estado de Hidalgo
03 de noviembre 2005

Ayer por la tarde (miércoles 23 de noviembre), escuchaba el discurso que pronunciaba el Señor Gobernador con motivo de la inauguración del distribuidor vial “Las Torres”, en Pachuca. Obviamente, como supondrán mis escasos lectores, no estaba ahí por invitación, sino que, siendo un evento público, al cual estaba invitada la ciudadanía en general, y siendo mis compañeros antorchistas y yo “ciudadanía en general” nos atrevimos a asistir. Pues acudimos al evento donde se dijo que la obra en cuestión había tenido un costo de 56 millones, y donde se anunció el inicio de reparación o construcción de varias vías de comunicación para Pachuca con una inversión elevada; por ejemplo, la reparación del Bulevar Felipe Ángeles requerirá de 27 millones, según dijeron; que en la obra del Río de las Avenidas invertirán más de 600 millones; que en el Bulevar Santa Catarina se aplicarán 34 millones de pesos y que otro distribuidor vial en el Colosio tantos y tantos millones, etc.
Obviamente que no estoy en contra de la realización de dichas obras, pues sabemos que entre mejores vías de comunicación tenga un estado, mayores serán también sus posibilidades de desarrollo, y más y mejores inversiones, y, por tanto, un crecimiento económico que permita un mayor número de empleos para los hidalguenses. En todo esto estamos de acuerdo y lo apoyamos.
Pero, cuando escuchaba todos los discursos y cuando oía que se invertirían estos y otros tantos millones en la ciudad capital, vinieron a mi memoria y se arremolinaron en mi mente las imágenes de los habitantes de comunidades alejadas y privadas de todos estos beneficios. Recordé, muy en lo particular, a los vecinos de una comunidad, para muchos perdida: Amola, del municipio de Tepehuacán de Guerrero. Tiene aproximadamente 1,000 habitantes, pero no cuenta con ningún servicio; es decir, sus habitantes no pueden gozar de los beneficios que da la luz eléctrica, no tienen agua potable, mucho menos drenaje. La única obra que se ve cuando uno llega es una pequeña escuela primaria, de tres aulas y nada más. Aunque le he de compartir a usted, que quizá eso no sea lo más sufrido aun para los habitantes de Amola, sino el poder llegar a su casa, pues aunque es una población importante, no tienen camino que los lleve allá, ni les posibilite ir a la población de mayor afluencia para adquirir su abasto, es decir, a Santa Ana, Chapulhuacán. Imagínese usted, (nadie me lo contó, he estado en dicha comunidad) que para poder llegar a Amola, tienen que recorrer un tramo de terracería de aproximadamente dos horas y media, y después continuar a pie o a caballo por una hora y media más, es decir, de Santa Ana a Amola, se hacen 4 horas más de camino. Pero la última parte que tienen que recorrer es una verdadera ladera, subir el filo del cerro, de tal suerte, que de regreso, cuando se llega a caballo, es preferible bajar a pie porque los caballos corren el riesgo de resbalar en las lajas y caer al precipicio con todo y jinete.
Así que imagine usted la vida, que de por sí es dura para el pueblo, que tienen que llevar estos hidalguenses: en el camino ve uno a mujeres de todas las edades, subiendo la ingrata montaña, llevando a cuestas, con su mecapal, un costal con lo básico para medio comer; al lado al hijo mayor o al esposo lidiando con un burro o mula cargados con unos tabiques o un bulto de cemento, y él, otro costal en la espalda. Cuando se enferman, la desgracia es mayor, ¿cómo sacar de Amola a un enfermo que no puede caminar, a una mujer, que por cualquier razón se le haya adelantado el parto? ¿Cómo correr a llevar al enfermo o la parturienta a la clínica, si no hay, y para llegar a la casa de salud más cercana (que no es centro de salud), hay que caminar cerca de dos horas y con enfermo en camilla de palos, seguramente cuatro o cinco horas? En Amola, enfermarse así o de una apendicitis, es morir. Morir porque no hay un camino que lleve también el progreso y el desarrollo a este pueblo compuesto por héroes de la supervivencia.
Y así como Amola, desgraciadamente, tenemos muchos, pero muchos pueblos en el territorio hidalguense, esperando justicia social. Por eso, cuando escuchaba el discurso de los diferentes funcionarios y hablaban de millones y millones para hacer nuevas y modernas carreteras en la capital me preguntaba ¿y los pobres, cuándo?

 

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