Nuestra Constitución mexicana señala, en su artículo
tercero, que la educación es un derecho de todo mexicano
y que el estado debe garantizar dicho derecho. Así lo
señala la ley, pero la situación de miles de niños
y jóvenes nos muestra que la realidad no se corresponde
con lo dictado en la Carta Magna, al carecer, en los hechos,
del derecho a educarse y volverse un hombre culto y por tanto
tener la oportunidad de ser un hombre libre, es decir, no ser
esclavo de los que saben y cuyo conocimiento utilizan para manipular.
La realidad nos golpea con miles de niños jornaleros
que tienen que de dejar las aulas para poder ayudar al sostenimiento
de la familia y, no como lo señalan algunos, porque los
padres se hayan vuelto unos explotadores de sus propios hijos,
sino por la gran miseria en que se encuentran sumidos y no tienen
otra alternativa. También con mucha frecuencia vemos
a los jóvenes que tienen que abandonar la preparatoria
o la licenciatura ante la imposibilidad de los padres del sostenimiento
de los gastos escolares y la propia manutención del estudiante.
Pero, otro fenómeno, igual de frustrante, para aquel
que realmente quiere estudiar, es cuando se le convoca a que
presente su examen en la universidad pública y simple
y sencillamente no aparece en la lista de los aceptados; ¿razón?,
al menos el estudiante rechazado no la conoce, sólo sabe
que “no quedó”, pero no se le dan a conocer,
no le dicen, por ejemplo, el número de aciertos que obtuvo
y cuántos minimamente debería de haber obtenido
para poder contarse dentro de los “privilegiados”
que aceptó la universidad. Muchos de los jóvenes
dicen que quedar dentro de la universidad es cuestión
de “suerte” y no de preparación, que no depende
de la calificación obtenida y que la aplicación
de dicho examen es “puro trámite”.
Esto me lo comentaron algunos muchachos que tuvieron “la
suerte de quedar” y otros, que no corrieron con la misma
suerte en la UAEH. ¿Cuáles eran sus argumentos
para afirmar lo anterior? Bueno, señalaban que algunos
de sus compañeros que no se distinguieron por sus buenas
calificaciones, si habían quedado, y por otro lado, a
ellos se les hacía prácticamente imposible que
a escasas horas que presentaran su examen cerca de 16,000 aspirantes,
la universidad estuviera dando ha conocer la lista de los aceptados
vía Internet, como si dicha lista ya existiera previamente.
Lo cierto es que de ese gran total que presentaron examen en
la UAEH, menos de la mitad fueron admitidos. Un diario local
señalaba el pasado martes 27 de junio “... la infraestructura
universitaria pública en Hidalgo no es la suficiente
para dotar de educación a los jóvenes hidalguenses,
de tal forma que las instituciones particulares se han convertido
en una opción para el alumnado. Tan sólo la UAEH
recibió en su examen de admisión, realizado ayer,
a más de 15 mil aspirantes, de los cuales 10 mil 114
fueron de nivel licenciatura y 5 mil 519 para las diferentes
preparatorias”. “... Luis Gil Borja, rector de la
casa de estudios, manifestó que la falta de infraestructura
ha reducido la posibilidad de aceptar a la mayoría de
los aspirantes, por lo que cada año la UAEH sólo
es capaz de recibir a unos siete mil alumnos” Y esos,
cerca de 9 mil alumnos rechazados de la UAEH, ¿a dónde
irán?. Algunos quizá, como lo dice la nota periodística,
a las universidades privadas, a engrosar los bolsillos de los
dueños de la educación, pero en realidad, aquí
será un numero aún más reducido, pues no
todos los rechazados tendrán la posibilidad de pagar
sus estudios en una escuela privada. Otros tantos, a conformarse
con una carrera técnica y otros, la inmensa mayoría,
a engrosar la fila de los desempleados.
Lo cierto es que esta realidad nos muestra cómo cada
día la educación deja de ser un derecho para convertirse
en un privilegio de aquellos que puedan pagarla, y por otro
lado, como se prefiere gastar millones y millones de pesos en
campañas electorales, en propaganda en todos los medios
masivos de comunicación por los diferentes niveles de
gobierno, en lugar de invertir en infraestructura suficiente
y en los recursos humanos necesarios para tener un México
culto y una juventud preparada y productiva.