No quisiera cansar a mis escasos lectores repitiendo la actitud
del gobierno del estado de Hidalgo ante las necesidades de los
más humildes, que son la inmensa mayoría; pero
la prolongación del conflicto me obliga a hacerlo. La
opinión pública estatal y nacional han sido testigo
de todos los esfuerzos y la gran paciencia de los antorchistas,
en los ya seis meses de plantón que llevamos en la Plaza
Juárez sin que autoridad alguna se digne atendernos.
Así ocurrió este fin de año, cuando todos
los funcionarios, en un alarde de arrogancia y desprecio por
las necesidades de la gente pobre que sigue esperando soluciones,
y por la Constitución que están obligados a respetar,
se fueron tranquilamente de vacaciones a gozar de descanso y
familia, mientras los pobres de la Plaza Juárez tuvieron
que soportar las bajas temperaturas que azotaron a la ciudad,
y permanecer allí en navidad y año nuevo, en espera
de atención y solución, en una muestra contundente
de la absoluta necesidad y legitimidad de sus demandas.
Quizá sorprenda a algunos la tenacidad de los habitantes
de comunidades y colonias populares organizados en Antorcha
mostrada en su prolongada permanencia, y en fin de año
incluso, en la Plaza Juárez, soportando las inclemencias
del tiempo; pero yo le aseguro, estimado lector, que son mil
veces más duras las condiciones en que viven todos los
días del año, mismas que, precisamente, quieren
mejorar mediante su lucha.
Desde el pasado 6 de julio, fecha en que se instaló
el plantón ante la negativa del gobierno de atender las
demandas, ante la soberbia y agresividad mostradas por la nueva
administración, los antorchistas hidalguenses hemos tenido
que soportar de todo: agresiones de porros pagados, amenazas
de desalojo, calumnias y difamaciones, campañas mediáticas
de desprestigio, amenazas de cárcel para los dirigentes
y colonos destacados en el movimiento, la creación de
una “organización” de membrete inventada
por el gobierno del estado, autodenominada “Belisario
Domínguez”. intentando dividir al antorchismo y
restarle fuerza, y hasta un estúpido y anticonstitucional
acuerdo emitido por el cabildo de Pachuca, de negar toda obra
a las colonias organizadas en Antorcha, obedeciendo dócilmente
las órdenes de sus superiores que despachan en el edificio
de Plaza. Juárez.
Esto y más han soportado los antorchistas, en castigo
por su deseo de alcanzar una vida más digna. Sin lugar
a dudas ésta es una política siamesa a la que
aplica el gobierno profascista del panista Francisco Garrido
Patrón, en Querétaro, uno de los más feroces
representantes de la ultraderecha. El gobierno actual de Hidalgo
se muestra como su discípulo destacado con su política
no sólo ajena a los intereses de las clases populares,
sino hostil a los mismos, totalmente refractaria a las manifestaciones
de reclamo e inconformidad de la sociedad civil, y muy propensa
a emplear contra ellas la fuerza y la difamación.
No obstante, debe quedar absolutamente claro que los pobres
organizados en Antorcha no van a claudicar como pretende y espera
el gobierno estatal sometiéndolos a un proceso de desgaste
por cansancio, amenazas, envío de títeres a golpearlos
y calumniarlos. Como respuesta vigorosa a esta política,
en ejercicio de nuestros derechos, el próximo 18 de enero
cinco mil antorchistas hidalguenses marcharemos por las principales
calles de Pachuca, en demanda de diálogo y atención
por parte del gobierno.
Gracias a todos los ciudadanos de buena fe, a la gente sensible
de Hidalgo y su capital, que ha sido, y estamos seguros, seguirá
siendo, un factor decisivo y poderoso aliciente para continuar
nuestra lucha sin descanso. Gracias a todos, y reciban mis mejores
deseos de un feliz año 2006, y mi compromiso y el de
todos mis compañeros de seguirnos esforzando día
tras día para que, en los hechos, no de palabra, todos
los hidalguenses tengan en verdad una vida más feliz.