Ciertamente, y aunque no quieran reconocerlo los adversarios políticos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) este ha sido el que más logros y progresos trajo al pueblo de México. Es el Partido surgido de la Revolución Mexicana, el que realizó una reforma agraria más completa encabezando la lucha y el reparto de las tierras en el sexenio del General Lázaro Cárdenas: entregó el 52% del territorio nacional. Fue el promotor de los libros de texto gratuitos, de instituciones de salud gratuitas como el IMSS e ISSTE, generó programas de abasto popular a través de la Conasupo, instauró el Servicio Colectivo Metro en la Ciudad de México a bajo costo y comunicó a gran parte de la República Mexicana con un sinnúmero de carreteras y autopistas; nacionalizó el petróleo quitándoselo a las compañías inglesas y americanas.
En terreno educativo creo la UNAM, que es hasta hoy la universidad más grande de América que imparte educación gratuita y logró alfabetizar a la mayoría de la población que, en 1910, con una población total de 15 millones, el 80% era analfabeta, y ahora solamente el 6%, pero de una población arriba de los 100 millones. Esto es cierto y es mérito de los gobiernos priístas.
Pero también es cierto y en otros momentos ya lo hemos señalado, que a lo largo de sus 70 años de gobierno el PRI fue olvidando los postulados y el espíritu justiciero de esa revolución, y, aun hoy, como algunos llegan a reconocerlo, tiene una deuda con el pueblo de México y con la revolución.
El olvido de esos postulados y de sus compromisos con el pueblo pobre, así como su ensoberbecimiento y desprecio a las necesidades de ese pueblo que lo encumbró en el poder por tantos años, el darle cabida a los propios enemigos de la revolución, ya que en la mayoría de los pueblos los candidatos y posteriores presidentes municipales eran los amos y señores del municipio en cuestión, es decir, los caciques de los pueblos, aquellos que se hicieron ricos con la misma revolución mexicana y que, obviamente, lo que menos les interesaba era precisamente cumplir con sus compromisos de campaña y atender a ese pueblo que aun mantenía la esperanza en una vida mejor generada por el actuar de sus gobernantes.
Pero llegó el 2 de julio de 2000 y esa ciudadanía maltratada, despreciada por los gobernantes y harta de la demagogia, de las mentiras y de la corrupción, le cobro al PRI su factura y lo desbancó del poder presidencial, votando por el partido que surgió para combatir precisamente al General Cárdenas y sus acciones revolucionarias, votó por el partido de la derecha que formó en 1939 el asesor jurídico del grupo Monterrey, Manuel Gómez Morín. Votó para desgracia de la inmensa mayoría de los mexicanos por el partido que representa los intereses de su clase enemiga, por el PAN.
El 2 de julio de 2000, fecha del mayor descalabro del PRI y que ha marcado su vida política actual. Y ante este nuevo panorama varios ciudadanos creyeron que dicho partido aprendería la lección, que su actuar en las diferentes entidades federativas donde mantenía el poder, así como de varios municipios, cambiaría como consecuencia de una autocrítica profunda y de ver los resultados de su práctica; que ahora sí sería realmente democrático a su interior y no impondrían líderes o candidatos como pago de facturas o por ser los más poderoso económicamente hablando; que habría cabida realmente para los líderes naturales y para los que sí representaban los interese de la mayoría, pero pasado el tiempo y, pareciendo que la inmensa mayoría de los líderes priístas padecían de autismo político, llegó el 2006 y volvió a perder, e insisto, para desgracia de las mayorías.
Todas estas reflexiones me vienen a la mente al leer en la presa local una nota donde se informa que el Comité Directivo del PRI en Hidalgo está iniciando una reestructuración interna de los comités municipales y en donde se dice por parte del Presidente Estatal Lic. Jorge Rojo, que en esa renovación de cuadros se privilegiará la participación de “todos”, la unidad y se rechazarán los engaños, haciendo caso a su