Hemos llegado a una época de la humanidad antes impensable
por su avance en la tecnología. Hoy se habla del hombre
en la luna, de la visita y estudios en otros planetas, de aparatos
con una velocidad superior a la luz, de una comunicación
instantánea con cualquier parte del mundo; miles de aparatos
que facilitan la vida de los que pueden poseerlos, incluso para
que prácticamente no se molesten en nada, sólo
moviendo un dedo se puede accionar cualquier mecanismo que se
desee, incluso la de un misil o bomba atómica que pueda,
como ya sucedió en la Segunda Guerra Mundial, cuando
E.U la detonó contra Hiroshima y Nagasaki, pero ahora
potenciada, eliminar de la faz de la tierra a millones de seres
humanos.
Pues bien, también como muestra de un adelanto tecnológico,
hoy en la ciudad de Pachuca se han instalado radares para medir
la velocidad de los automovilistas, siguiendo quizá el
ejemplo de ciudades primermundistas, como Londres, París,
etc., que sin necesidad de tener apostados a patrulleros para
infraccionar a los veloces conductores, se logra, con la tecnología
de punta, detectar la velocidad a que se conduce y las placas
del automóvil, para que, después de impresas,
las infracciones sean enviadas al domicilio del infractor y
cuide posteriormente su velocidad, y con ello, se dice, su vida
y la de los demás. Y este tema, el de los radares, ha
desatado, en las últimas semanas, una fuerte polémica
en los diferentes medios de comunicación y ha sido tema
de discusión y controversia, tanto en el Congreso del
Estado, como en la propia Asamblea Municipal, unos a favor y
otros en contra, según el partido al que pertenecen.
También se dice, en los medios de comunicación,
que ha sido motivo de amparos por automovilistas a los cuales
ya les llegó una infracción a su domicilio, e
incluso, se señala que ya existe un formato en internet
para todos aquellos que gusten anteponer un amparo ante las
instancias correspondientes. Mucho revuelo han causado los famosos
radares instalados por la Secretaría de Seguridad Pública
Municipal de Pachuca.
Ante esta polémica que viene tomando tintes políticos
y partidistas, me pregunto ¿serán los radares
el problema más importante de Pachuca e incluso de Hidalgo?
¿Por qué otros problemas, que implican el bienestar
de miles de hidalguenses o millones de mexicanos, no logran
llegar a tan importantes tribunas?
Por ejemplo, la posibilidad real de que, al estarse agotando
los recursos naturales, -fundamentalmente por los países
poderosos del planeta, como los Estados Unidos de Norteamérica-
como el petróleo, se pueda establecer como regla la generación
de combustibles con alimentos; alimentos de primerísima
necesidad para los mexicanos como el maíz. Y aquí
ya estamos viviendo una de las consecuencias de estas políticas
energéticas que se pretenden instrumentar por los países
imperialistas: el aumento excesivo del precio de la tortilla,
que hasta hoy mantienen “controlado” las autoridades
federales, pero que, a partir de agosto, cuando fenezca el pacto
con los industriales de la tortilla, puede, se dice, llegar
a alcanzar precios de hasta 25 ó 30 pesos por kilo. Y
entonces ¿qué hará un obrero que gana 40
pesos diarios? ¿Cómo podrá alimentar a
su familia, vestirla, educarla, curarla, etc.? ¿Cómo,
si apenas alcanza para las tortillas? Y en esta penosa situación,
como lo revelan los datos oficiales, no se encuentran unas cuantas
familias mexicanas, sino la inmensa mayoría, los más
de 70 millones de mexicanos que viven en la pobreza; obviamente,
no como consecuencia de que hoy se pretenda generar etanol con
maíz, sino de la inequitativa distribución de
la riqueza nacional.
También sería tema importante a tratar y lograr
que recaiga un acuerdo para mejorar la situación de colonias
populares que a escasos 40 kilómetros del corazón
del país, como Ciudad de los Niños, en Tizayuca,
carecen del servicio de electricidad, o bien como los habitantes
del lejano municipio de Chapulhuacán que siguen siendo
víctimas de un cacicazgo que se niega a morir y mantiene
en tinieblas a varias comunidades y sin los servicios básicos.
O miles de familias, más que los poseedores de un coche
en Pachuca, que se encuentran sin agua en los municipios de
Tlanchinol, Pisaflores, Mixquiahuala, Xochitiapan, Yahualica
y en la propia capital del estado.
El asunto de los radares, desde mi muy particular punto de vista,
es “tema” porque afecta a un sector importante de
la sociedad, a todos los propietarios de un coche, que por su
condición socioeconómica tienen más voz
en el estado que los millones de descamisados que no tienen
ni para un kilogramo de tortillas. Pero también, porque
en la ciudad existen decenas de colonias sin agua, sin luz,
sin clínicas, sin escuelas, sin pavimento, etc., que
de atenderse, sería mucha mejor inversión que
gastar en radares y perseguir conductores.