MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Los radares en Pachuca y los grandes
problemas sociales

Guadalupe Orona Urías
Dirigente del Movimiento Antorchista en el estado de Hidalgo
03 de mayo de 2007

Hemos llegado a una época de la humanidad antes impensable por su avance en la tecnología. Hoy se habla del hombre en la luna, de la visita y estudios en otros planetas, de aparatos con una velocidad superior a la luz, de una comunicación instantánea con cualquier parte del mundo; miles de aparatos que facilitan la vida de los que pueden poseerlos, incluso para que prácticamente no se molesten en nada, sólo moviendo un dedo se puede accionar cualquier mecanismo que se desee, incluso la de un misil o bomba atómica que pueda, como ya sucedió en la Segunda Guerra Mundial, cuando E.U la detonó contra Hiroshima y Nagasaki, pero ahora potenciada, eliminar de la faz de la tierra a millones de seres humanos.

Pues bien, también como muestra de un adelanto tecnológico, hoy en la ciudad de Pachuca se han instalado radares para medir la velocidad de los automovilistas, siguiendo quizá el ejemplo de ciudades primermundistas, como Londres, París, etc., que sin necesidad de tener apostados a patrulleros para infraccionar a los veloces conductores, se logra, con la tecnología de punta, detectar la velocidad a que se conduce y las placas del automóvil, para que, después de impresas, las infracciones sean enviadas al domicilio del infractor y cuide posteriormente su velocidad, y con ello, se dice, su vida y la de los demás. Y este tema, el de los radares, ha desatado, en las últimas semanas, una fuerte polémica en los diferentes medios de comunicación y ha sido tema de discusión y controversia, tanto en el Congreso del Estado, como en la propia Asamblea Municipal, unos a favor y otros en contra, según el partido al que pertenecen. También se dice, en los medios de comunicación, que ha sido motivo de amparos por automovilistas a los cuales ya les llegó una infracción a su domicilio, e incluso, se señala que ya existe un formato en internet para todos aquellos que gusten anteponer un amparo ante las instancias correspondientes. Mucho revuelo han causado los famosos radares instalados por la Secretaría de Seguridad Pública Municipal de Pachuca.

Ante esta polémica que viene tomando tintes políticos y partidistas, me pregunto ¿serán los radares el problema más importante de Pachuca e incluso de Hidalgo? ¿Por qué otros problemas, que implican el bienestar de miles de hidalguenses o millones de mexicanos, no logran llegar a tan importantes tribunas?

Por ejemplo, la posibilidad real de que, al estarse agotando los recursos naturales, -fundamentalmente por los países poderosos del planeta, como los Estados Unidos de Norteamérica- como el petróleo, se pueda establecer como regla la generación de combustibles con alimentos; alimentos de primerísima necesidad para los mexicanos como el maíz. Y aquí ya estamos viviendo una de las consecuencias de estas políticas energéticas que se pretenden instrumentar por los países imperialistas: el aumento excesivo del precio de la tortilla, que hasta hoy mantienen “controlado” las autoridades federales, pero que, a partir de agosto, cuando fenezca el pacto con los industriales de la tortilla, puede, se dice, llegar a alcanzar precios de hasta 25 ó 30 pesos por kilo. Y entonces ¿qué hará un obrero que gana 40 pesos diarios? ¿Cómo podrá alimentar a su familia, vestirla, educarla, curarla, etc.? ¿Cómo, si apenas alcanza para las tortillas? Y en esta penosa situación, como lo revelan los datos oficiales, no se encuentran unas cuantas familias mexicanas, sino la inmensa mayoría, los más de 70 millones de mexicanos que viven en la pobreza; obviamente, no como consecuencia de que hoy se pretenda generar etanol con maíz, sino de la inequitativa distribución de la riqueza nacional.

También sería tema importante a tratar y lograr que recaiga un acuerdo para mejorar la situación de colonias populares que a escasos 40 kilómetros del corazón del país, como Ciudad de los Niños, en Tizayuca, carecen del servicio de electricidad, o bien como los habitantes del lejano municipio de Chapulhuacán que siguen siendo víctimas de un cacicazgo que se niega a morir y mantiene en tinieblas a varias comunidades y sin los servicios básicos. O miles de familias, más que los poseedores de un coche en Pachuca, que se encuentran sin agua en los municipios de Tlanchinol, Pisaflores, Mixquiahuala, Xochitiapan, Yahualica y en la propia capital del estado.

El asunto de los radares, desde mi muy particular punto de vista, es “tema” porque afecta a un sector importante de la sociedad, a todos los propietarios de un coche, que por su condición socioeconómica tienen más voz en el estado que los millones de descamisados que no tienen ni para un kilogramo de tortillas. Pero también, porque en la ciudad existen decenas de colonias sin agua, sin luz, sin clínicas, sin escuelas, sin pavimento, etc., que de atenderse, sería mucha mejor inversión que gastar en radares y perseguir conductores.

 


 

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