En la actualidad muchos personajes políticos del país
y del mundo entero hablan de democracia, de pluralidad, en nombre
de las cuales dicen gobernar y orientar cada una de sus acciones;
se ha llegado incluso a la aberración de usar la democracia
como taparrabo para justificar aumentos en los precios de productos
básicos, o la reciente reforma a la Ley del ISSSTE. Pero
lo cierto es que los funcionarios que así se parapetan
tras de la democracia, no solamente no atienden las demandas
del pueblo al que dicen defender, sino que se asesinan seres
humanos todos los días, como hace el presidente de los
Estados Unidos en Irak.
La mayoría de los partidos políticos aplauden
la democracia, sobre todo cuando les ha sido útil para
llegar al poder, o mínimamente a un puesto de elección
popular, pero la inmensa mayoría no solamente incumple
lo que prometió en campaña, sino que incluso algunos
ni conocen la acepción de la palabra democracia, que
quiere decir gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Pero no les importa, porque al final ya han satisfecho sus ambiciones
de poder y lo único que puede interesarles es mantenerse
en su puesto y, si se puede, escalar a otro un poco más
arriba.
Pero para ello, muchos consideran que el nivel de aceptación
y reconocimiento que tengan en su región importa poco,
pues saben que con la “democracia” actual, lo que
realmente importa es contar con la aprobación y respaldo
de “los de arriba”, la de los grupos o personajes
poderosos regionales o estatales; eso, más una buena
campaña mediática, piensan, es más que
suficiente; lo demás, el concepto que la población
tenga de ellos, es irrelevante: lo verdaderamente valioso es
haber quedado bien con los de arriba y seguir contando con su
apoyo, lo demás, el pueblo pobre, sus opiniones, sus
frustraciones, sus demandas insatisfechas, su coraje incluso,
poco importa; total, no es ese pueblo quien realmente manda,
quien quita o pone gobernantes. Así funciona nuestra
bendita democracia. He ahí la razón profunda del
desprecio manifiesto de cuanto cacique hay en este país,
hacia los pobres y su opinión.
Vienen estas reflexiones a mi mente, al tratar de entender la
lógica de algunos presidentes municipales de Hidalgo,
que no solamente tienen ofendido a ese pueblo que dicen respetar
y para el cual, según sus discursos, trabajan, sino que
incluso llegan al cinismo de declarar que por el bien mismo
de las comunidades, no pueden realizar tal o cual acción.
En ese sentido fueron las declaraciones recientes del alcalde
de Chapulhuacán, el MVZ Fermín Castillo González
a una comisión de campesinos que acudió al palacio
municipal por respuestas a demandas añejas y a exigir
el cumplimiento de promesas de campaña; a ellos el alcalde
les respondió paladinamente: “no puedo resolverles
nada, porque eso sería violar la ley, pues sus asuntos
no están dentro del programa de obra que aprobó
la asamblea municipal”.
Los campesinos acudieron por enésima ocasión por
una respuesta a sus demandas de agua potable, pavimentaciones,
drenaje, pequeños puentes peatonales (para que sus hijos
no transiten permanentemente por lodazales), alumbrado público,
etc., y se encontraron a un Presidente Municipal parapetado
detrás de su escritorio y que como única respuesta
ofreció un puñado de documentos dando instrucciones
a los demandantes para ir a llevar sus peticiones a otro lado,
concretamente, al gobierno del estado, pues como están
dentro de Antorcha, y Antorcha gestiona también a nivel
estatal, vayan allá, les dijo, porque si yo les resuelvo
estaría violando la ley. Es decir, para el alcalde resolver
las demandas de sus gobernados es violar la ley. Si no fuera
tan dolorosa la situación de la gente pobre que habita
en ese municipio, francamente moverían a risa las respuestas
de este señor.
Definitivamente, tal respuesta es no sólo inadmisible,
sino un verdadero ultraje a la dignidad y una ofensa a la inteligencia
de los ciudadanos pobres de ese municipio. Es obligación
insoslayable del presidente municipal responder, por ejemplo,
a los legítimos propietarios de un terreno que a más
de un año de trámites no han podido construir
sus casas, porque se encuentra invadido por un grupo de incondicionales
del presidente, que están, por lo que ellos mismos dicen,
“a sus órdenes”, ¿no es eso violar
la ley? El despojo de que han sido víctimas más
de 60 familias, no solamente ha sido convalidado por Fermín
Castillo, sino incluso inducido y apoyado con todo. Esto sí
es delito y abuso de poder.
Por lo pronto, los campesinos antorchistas de Chapulhuacán
se preparan ya para, con la ley y la razón por delante,
exigir enérgicamente se atiendan sus demandas. Para ello,
en los próximos días llevarán a cabo una
manifestación exigiendo atención, y de no encontrar
respuesta instalarán un plantón permanente. Los
antorchistas de todo el estado, no quepa duda, estaremos prestos
para solidarizarnos con su lucha.